CAPITULO 16

1246 Words
Desde el punto de vista de Lucy Las horas empezaron a ser segundos. Porque cada vez que miraba el reloj pasaba una hora, cuando en realidad parecía que pasaron tan solo cinco segundos. Me pase la tarde con Amelia. A ella por suerte solo la habían dormido, no había señal de maltrato. Mi mejilla milagrosamente había perdido el color purpura, después de que Esteban me aplicara la crema, no había ni señales de los dedos de la persona que me dio la cachetada. Pero estaba segura que él lo había pasado más mal que yo. Y me refiero al hombre a quien le fracture la nariz, el otro seguro con un poco de hielo ya se le había pasaba. Amelia estaba completamente devastada, y yo sentía una impotencia difícil de explicar. Cuando ya eran casi las ocho de la noche, el horario que los hombres de Moretti iban a venir por Amelia. Mi padre había desaparecido. Ni siquiera se animó a despedirse de su hija, ni siquiera estaba para intentar detener a esos hombres. Amelia estaba resignada, veía como la luz de sus ojos se iban apagando poco a poco. Aun seguíamos en su habitación, y escuchamos el timbre sonar. Amelia empezó a temblar, y llorar. Me abrazo. —Recuerda que siempre te amare hermana. Y no te preocupes, tú no tienes la culpa de nada. —dijo Amelia, mientras temblaba de miedo. La abrace fuerte. Pero una voz en mi cabeza me dijo que tenía que hacerle dormir. Me dijo el punto exacto y como tenía que apretar para dejar inconsciente a mi hermana. No supe que o quien era. Pero lo hice. —Todo estará bien Amelia. —le dije, y sin esperar a que ella reaccionara, apreté dos dedos en su cuello. Amelia se desplomo en mis brazos. Al principio no supe que hacer, en verdad me asusté de lo rápido que actué, era como si alguien más se apodero de mi cuerpo. Poco a poco la lleve hasta su cama. La acomode bien. Comprobé si respiraba. Le di un beso en la frente y me aleje poco a poco de ella. Con lágrimas salí de su habitación. Escuche que tocaron otra vez el timbre. Por lo que me apresuré a bajar. Cuando estaba llegando a la puerta principal, esta salió disparada. Varios hombres entraron. Uno de ellos me miro de arriba abajo y con voz gruesa pregunto. —¿Eres Amelia? Retrocedí, y eso fue suficiente para ellos. Dos hombres en un pestañeo estuvieron tras de mí. y me sostuvieron de los brazos. —Voy a volver a preguntar una vez más. ¿Eres Amelia Voss? —Si soy Amelia. —dije, solo no estaba segura de que soné convincente. Y eso es lo último que dije. Por qué sentí un pinchazo en el brazo. Cuando dirigí mi mirada al lugar. —No te preocupes Lucy, estaremos bien —fue lo último que escuche. Y luego todo se volvió n*gr* —————————— Desde el punto de vista de Amelia Sentí que alguien me sacudía. Mientras decían mi nombre. Apenas abrí los ojos, encontré a mi padre, como los ojos inyectados en sangre. —¿Qué mierda han hecho Amelia? —mi padre me seguía sacudiendo. —¿Qué te pasa papá? —pregunté —¿Dónde está tu hermana Amalia? Y eso fue lo que me trajo a la realidad. —No sé dónde está Lucy. —porque era verdad, no sabía. Me solté de su agarre y me levante de la cama. Mi padre intento acercarse nuevamente a mí, tenía en su mirada una desesperación que no entendía. Entonces levantando la mano, empecé nuevamente a hablar. —Lo último que recuerdo es que estábamos aquí mismo, luego llego las ocho y escuchamos el timbre sonar, abrace a Lucy frente a la puerta. —dije señalando mi puerta. —Tengo a las peores hijas. —dijo mi padre. De que mierda hablaba. —Y nosotras tenemos al peor padre. —dije, ya harta de tanto mi hermana como yo tengamos que pagar por sus estupideces. Se acercó a mí, y sin esperar me dio una bofetada, que me llevo a besar el suelo. —Son unas malditas ingratas. —gritó mi padre mientras se llevaba las manos a la cabeza. —Cassian me va terminar matando, y todo por culpa de mis malditas hijas. Yo seguía en el suelo, no pudiendo creer todo lo que mi padre estaba diciendo. Al final éramos nosotras las culpables de sus actos. —¿Quién te mando pedirle un favor al Lobo? Sabes que si madre estuviera con vida nunca te iba a dejar involucrarte con alguien como él. Me levante. Aun sosteniendo mi mejilla. Pero tenía que alejarme de una vez de este maldito hombre. —¿A donde crees que vas Amelia? —dijo mientras me sostenía del brazo. En un impulso, retiré mi brazo. —Lejos de ti. Hoy no solo perdiste a Lucy, también me perdiste a mi León. —dije mientras salía de mi habitación. —Malditas ingratas. Van a ser las culpables de que yo muera. —exclamó mi padre desde mi habitación. —Pues si mueres, bien por nosotras. —dije aunque sabía que no me escuchaba. —Vuelve aquí Amelia. —dijo mi padre, mientras salía de mi habitación. Baje corriendo las escaleras. Mire hacia atrás y pude ver a mi padre que intentaba alcanzarme. De repente choque contra algo duro. —¡Que mierda! —dije, no se supone que ya alcanzara la puerta, se supone que esta todo despejado. Me tambalee hacia atrás. Pero unos brazos fuertes me sostuvieron. Y cuando levante la mirada, vi al hombre más guapo que había visto en toda mi vida, y eso que apenas tenía dieciocho años. —Dante… —dijo mi padre, ya llegando hasta nosotros. Con que este era el famoso Dante. Lucy porque no me dijiste que era un Dios griego. Pero Dante ni pestañeo cuando mi padre le habla, seguía mirándome. —Qué bueno que vinieron a buscarle, ella es Amelia, deben de traer de vuelta a Lucy a casa. —Padre. —grité, alejándome del hombre que impidió mi caída. —¿Porque eres tan cruel? —Ya les dije. —protestó mi padre. —era yo o tú. —dijo señalándose y después señalándome. Me dio arcadas. Seguía creyendo que mi vida no valía nada. —Y Lucy es la única que puede administrar el restaurant. —Claro, Lucy es la única que puede manejar algo que si queda en tus manos se va a la banca rota en menos de un día. —dije, con todo el odio recorriendo mis venas. Mi padre se acercó, dispuesto a darme otra cacheta. Espere el impacto, pero nunca llego, cuando volví a abrir los ojos. Vi que Dante estaba sosteniendo la mano de mi padre en el aire. —Nadie toca lo que le pertenece al Lobo . —dijo, y de un movimiento mi padre salió disparado. No solo era guapo, también fuerte. Lo iba a elogiar, pero recordé que dijo que le pertenecía al Lobo. Empecé a retroceder. Con toda las intenciones de escapar. Pero no di ni dos pasos. —¿A dónde crees que vas conejita? "¿Qué le pasa a este hombre, le dice gatita a mi hermana y a mi conejita, acaso no sabe llamar a la persona por su nombre?"
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