Al girarme la encuentro aferrada a mí hermana, a quien la llama como el nombre que ese imbécil le puso. —¡Dana! ¡Dana estás aquí! —mi hermana está en shock, yo también lo estoy, porque resulta que está mujer conoce a mi hermana. Parece que la ha conocido en el tiempo que estuvo amnésica. —¡Gloria! —grito fuerte, para que dónde quiera que esté venga por esa mujer. Aparece segundos después, al ver a mi prisionera aferrada a mí hermana, se paniquea, pero más lo hace con mi mirada. Mi grito no solo atrajo a Gloria, sino a mis hombres, a los cuales con la mirada le señalo que la alejen de mi hermana. —¡No, no permitas que me lleven, Dana… por favor ayúdame! ¡Me tiene prisionera! —le súplica a gritos— ¡Dana, ayúdame! Esta no sale del trance, solo observa como se la llevan. —!Suéltenla!

