Capitulo 5

1324 Words
Capítulo seis: Revelaciones y despedidas —No te preocupes… no te preocupes —la tranquilizo mientras la follo fuerte y rápido—. No hay nadie ahí… no hay nadie… Perdí las palabras al sentir que mis bolas ansiaban correrse. Me concentro solo en el momento. En alcanzar el clímax. Sus súplicas se convierten en gemidos mientras me obligo a profundizar más mientras mis caderas se abren como conejos dentro de ella. Me lamo las piernas y me concentro con fuerza. Desesperado por correrme, pero igualmente desesperado por aferrarme a este momento. Las delgadas manos de Mica me agarran los hombros mientras se cierran y arqueo la espalda manteniendo el ritmo rápido y crudo. —Voy a… voy a… —susurro apretando los dientes mientras la follo rápido y con todas mis fuerzas. Con el cuerpo rígido, respira con dificultad por la nariz contra el dorso de mis dedos. Miro esos ojos inocentes y abiertos y siento que exploto en su interior, mi semen fluyendo por mi m*****o y rociándola con cada embestida rápida y aguda. De repente vuelve la oscuridad; la luz de la cocina ahora está apagada. Le quito la mano de la boca y ella jadea en busca de aire limpio y fresco. —Oh, Dios mío… oh, Dios mío, oh, Dios mío, oh, Dios mío. Me alejo lentamente moviendo mis caderas dejando que hasta la última gota de mi semen se filtre en ella. —Oh joder, Mica… oh joder sí… ¿estás bien? —Joder, eso fue intenso… pensé que éramos… —Yo también —sonrío. —¿Quién era? —pregunta, sacudiendo la cabeza y sonriendo al mismo tiempo, antes de presionar sus caderas contra mí, saboreándome mientras yacía allí, recuperando el aliento. —Ni idea… No lo vi —respondo, aún con la respiración agitada y el sudor en la frente. Me inclino y la beso con firmeza. Me muerde suavemente el labio inferior mientras retiro con cuidado mi pene palpitante de su estrechez antes de tumbarme boca arriba a su lado; la hierba húmeda sobre la piel húmeda es un alivio instantáneo. Mica se da la vuelta y se cubre a medias conmigo. —¿Y no nos vieron? —No puede haber sido… atribuido a un susto… a un susto muy grande —razoné con una sonrisa burlona. Nos quedamos allí un rato mientras contemplaba el cielo nocturno y mi respiración se normalizaba. Fui el primero en moverme, levantándome del suelo y subiéndome los vaqueros. Recuperé mi camiseta y me la puse. Mica se levantó con paso firme, poniéndose de pie. Me abrazó y me dio un tierno beso. —Esa fue la primera vez… —¿Qu… qué? —balbuceo, más que un poco sorprendido. —Relájate —se ríe a medias—. Esa fue la primera vez que alguien se corrió dentro de mí, eso es todo… quiero decir, sin un… Sonrío; el corazón ya no me late tan fuerte, aunque no sé por qué. —Bueno, es la primera vez —no puedo evitar decir. —Supongo que… si hubieras querido un chico malo virgen, deberías haber ido tras Gemma —de nuevo, esa sonrisa diabólica se dibuja en su rostro—. La Reina de las mamadas es como la llaman los chicos… al parecer, religiosa. —Ah, ya lo creo —ligeramente intrigado, pero prestando poca atención. Vuelvo a centrarme en el presente—. Supongo que mejor consigo tu número esta vez. —¿Qué tal si me dejas contigo? —estoy a punto de responder cuando sus labios se posan en los míos. —¿Quizás conseguí lo que quería? —continúa, levantando las cejas juguetonamente, y empieza a alejarse con naturalidad antes de mirar seductoramente por encima del hombro—. Aunque quizás quiera más. Niego con la cabeza mientras Mica sigue caminando y regresa a la casa, ahora a oscuras, y desaparece para subir sigilosamente las escaleras. Meto la mano en el bolsillo de mis vaqueros y saco un paquete de cigarrillos. Me propongo un cigarrillo, pero en lugar de eso saco el segundo porro que Smalls me había dejado. El dolor y el calor satisfactorios de mi ingle disminuyen al encenderse de nuevo bajo el resplandor de una llama naranja. El sofá no sería ni la mitad de incómodo ahora. —————————————————————— Dejo mi taza de café mientras Gemma entra en la cocina. —Buenos días, Sr. y Sra. Hughes —nos saluda amablemente. —Buenos días —respondo. —¿Cómo dormiste en ese colchón inflable? Lo siento mucho, sé que no es muy cómodo —fue el saludo compensatorio de Sarah. —Está bien —fue la simple respuesta que obtuve. Miro a Gemma, con la misma falda vaquera y camiseta que ayer, e intento no darle vueltas a lo que Mica me había dicho de madrugada. Es una chica atractiva. Lo pensé la primera vez que nos conocimos. Sonrío para mis adentros. Ya estoy perdido. Mi atención cambia cuando Jack y dos de sus amigos, Harry y Tank, entran a trompicones en la cocina; este último lo llama cariñosamente por su cintura ancha. —¡Ay, Jack, Jack! ¿Cómo está la cabeza? —pregunta Sarah con sarcasmo antes de preguntar rápidamente—: ¿Alguien quiere desayuno? Tengo tocino… salchichas… —Estamos bien, mamá. Íbamos a pasar por McDonald's. —McDonald's… oh, niños, coman algo de basura. —Déjalos, Sarah… nos dará la oportunidad de poner orden por aquí —saco un billete de veinte de mi bolsillo trasero y se lo tiendo a Jack—. …siempre y cuando me traigas uno de esos panecillos de salchicha, hijo. —Puedes arreglarte… Voy al spa con Vicky —Sarah me lanza una mirada severa, como diciendo que no, por septuagésima tercera vez, eso es lo que te pasa si metes la polla en profesoras de veintitantos. Sonrío sinceramente. —Claro, no hay problema, querida. Si ella supiera. Con eso, Mica entra en la habitación. Nuestras miradas se cruzan rápidamente antes de que la reciban con una ronda de saludos de todos los reunidos en la cocina. Jack le dedica una débil sonrisa, que es correspondida casi con compasión. —Eh, señora Hughes —dice—, ¿hay algún contenedor donde pueda poner esto? —En la esquina, querida… oh, dámelas aquí —Sarah extiende la mano y Mica le entrega el par de medias de rejilla enrolladas. —Me las arranqué de alguna manera —se encoge de hombros y me las entrega. La belleza de piel color caramelo me lanzó otra mirada juguetona mientras yo tomaba un sorbo de café. —Pasa todo el tiempo, cariño —responde Sarah, y por alguna razón, lo único que puedo hacer es no escupir el café por toda la habitación. —Bien… ¿vamos? —dice Jack mientras todos, entusiasmados, se dirigen a la cocina en busca de un desayuno de comida rápida, ante la continua pero silenciosa desaprobación de Sarah. Agarro una bolsa de basura y me dirijo al jardín. Enseguida encuentro a Jack sobre mi hombro. Le doy el billete de veinte y sonríe. —Oye, papá… Solo quería darte las gracias por lo de anoche y por todo lo que hiciste. —No te preocupes, hijo… siempre y cuando te diviertas. —Un poco demasiado —se ríe mientras se pone unas gafas de sol. —Como dije ayer, solo eres joven una vez —le revolví el pelo deliberadamente, sabiendo que le molestaría haberlo peinado recientemente. Jack sonríe y me aparta el brazo juguetonamente. Luego, comprobando que no hay nadie cerca, dice: —Entonces, papá… ¿qué piensas de Mica? Capítulo siete: Principios y un final Mi antigua vida aún no estaba en cajas y mi nueva vida me estaba siendo entregada lenta pero seguramente en cajas.
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