"El tiempo apremia", afirmo. "Así que aumentemos el ritmo de tu entrenamiento". Dejándola allí, regreso al cajón superior de la mesita de noche y saco un consolador n***o; tomo una botella de lubricante, cubro el mango del consolador y froto el líquido espeso y viscoso por todo el consolador mientras me acerco a ella. Ali abre mucho los ojos y pronuncia una frase incomprensible a través de la mordaza, la cual ignoro. Al encender el aparato, un segundo zumbido resuena en la habitación. Con el consolador en la mano derecha, agarro el vibrador con la izquierda y lo retiro momentáneamente de debajo de sus pantalones. Con un objeto fálico en cada mano, me agacho y sujeto torpemente la cintura de sus pantalones deportivos, bajándolos lo más que puedo por sus piernas bien abiertas. Me arrodil

