La deuda, según Selene, era un concepto que entendía mejor que la mayoría de los sistemas económicos modernos. Era simple. Alguien hacía algo por alguien. El equilibrio se alteraba. El equilibrio se restauraba. Sin tasas de interés, sin contratos, sin variables que subían por razones raras. Solo acción, desequilibrio y restauración. Kaden le debía una. No por el proyectil del primer día —eso había sido decisión suya y no esperaba nada a cambio—. Sino por el malentendido de Daven, que había llenado medio territorio con una versión de ella que iba a requerir cierto esfuerzo desmentir, y cuyo origen estaba directamente relacionado con las investigaciones de la manada Voss sobre su persona. Kaden llegó a las ocho con el té de Oran y la expresión de alguien que también había llegado a esa c

