Prólogo
Octubre, 2018
Selene
¿Cómo había llegado a este punto?
Realmente no recordaba cada episodio de mi vida, y los últimos años parecían ser un borrón de altibajos. En un momento estaba bailando y cantando en un programa infantil y, al siguiente, llorando por un amor tan tóxico que amenazaba con desintegrarme.
Hice tantas cosas entre medio que ni yo misma recordaba todos mis logros. Parecían difusos e insignificantes al lado de la pérdida que había tenido.
¿En qué momento pasé de sonreír frente a una cámara a esconder mi dolor de ellas?
«La mujer más seguida de las redes sociales».
¿De qué me sirve eso exactamente?
El dolor no disminuye, no importa cuántos seguidores aumente, aunque desearía que fuera así.
Sé que, si del amor de mis fans dependiera, este dolor jamás habría existido. Y quizá, en parte, eran ellos quienes me animaban a seguir en marcha.
No te detengas, Selene.
Tenía que animarme a mí misma todos los días. No importa cuánto avance, cuánto escale. No hay límite para aquellos que siguen en movimiento y yo... yo voy a toda marcha, dejando pedacitos de mi corazón roto por todo el camino.
Seco mis lágrimas y llamo a mi maquilladora. Soy buena maquillándome sola, pero esta cara de haber pasado toda la noche llorando y sin dormir necesita una profesional.
Necesitaba verme bien.
No. Necesitaba verme espectacular y radiante.
No solo era mi primera aparición después de terminar con él; era la primera en la que ellos aparecerían juntos.
No buscaba un titular que hablara de que no debimos terminar o de que una de nosotras era mejor que la otra. Quería que simplemente hablaran de que había seguido adelante, de que estaba bien y de que mis proyectos eran los mejores del momento.
Y para ello, en esta industria, tienes que tener una apariencia impecable, aunque por dentro te arrepientas de cada segundo de haber roto con el amor de tu vida.
El señor y la señora Belange.
Esa habría sido yo si no hubiera entrado en pánico.
Tengo que dejar de pensar en lo que hubiera sido y recordar solamente lo que fue.
No fuimos perfectos. Ni éramos buenos el uno para el otro. Por eso rechacé su propuesta, si a eso se le podía llamar propuesta.
Luego me confié en que solo era un tiempo, el que nos estábamos tomando... como tantas otras veces.
Hasta que nuestro tiempo terminó y comenzó el de ellos.
Dejándome sola, a la deriva y sin rumbo.
Estaba mal forzar el avance sin un rumbo fijo, pero si me quedaba quieta, me hundiría en el mar de tristeza en el que yo solita me había zambullido.
No podía hacerlos responsables de mis decisiones, pero me gustaría no tener que verlos tan bien cuando yo estaba tan mal.
Y, a la vez, quería que él fuera feliz.
Vaya lío en el que estaba metida.
Mi psicóloga tendría un día interesante en nuestra próxima cita.
—¿Lista? —pregunta Tamy, mi asistente.
No.
Pero tenía que seguir con mi vida si en verdad quería seguir adelante.
Podía pensar y decir muchas cosas, pero solo mis actos lograrían sanarme de verdad.
—Lista.