Salgo de mi habitación. Siento que mi corazón se saldrá en cualquier momento de mi pecho. Con cuidado de no hacer ruido, me acerco al mini gimnasio, pero no escucho nada. Voy hacia la puerta de la habitación de Tailer. Apenas y logro ver, pero no es importante ya que puedo calcular donde esta cada cosa por los casi tres años que tenemos viviendo aquí. Coloco mi oreja contra la puerta. —Basta, duele... para —escucho un sollozo—. Te lo ruego —reconozco la voz de Tailer. —¡CÁLLATE! —grita otra persona, no puedo identificar su genero. Escucho un golpe seco y me separo de la puerta para apuntarla, pero nadie sale. Coloco mi mano izquierda en la manilla de la puerta sin vacilar y la abro, después prendo la luz y veo a Tailer tirado en su cama, empapado de sangre con una mujer encima de él.

