«¡Javier! ¿Estás en casa? ¡Amor! ¿Dónde estás?» —¿Amor? ¿Dónde estás, cariño? La voz de una mujer atraviesa mis oídos, trato de moverme al escuchar los pasos acercarse. Mi garganta se seca de inmediato, mientras miro a Javier muy cerca de mí. —Javier, despierta —pido en tono bajo, vigilando la puerta, siento que de un momento a otro la madera se abrirá. —¿Por qué no respondes amor? ¡Sé que estás en casa, tu camioneta está afuera! ¡Javier! «Marina» La mujer no puede ser otra que la novia de Javier, mi cuerpo se tensa como la cuerda de un violín. —Javier, es Marina —susurro, moviendo su hombro para despertarlo. —¿Ximena? —pregunta desorientado. —Es Marina —digo. Él abre los ojos y se aparta de mí como si el contacto entre nosotros le quemara. Ahogo el gemido que sube por mi gargan

