Afortunadamente para nosotros, Fidel le pidió algunas recomendaciones a Gonzalo con respecto a las agencias de seguridad, eso nos ponía de nuevo en el juego, Leona, Otto y yo no dijimos nada en cuanto a volver a casa, después de una reunión estuvimos de acuerdo en dejar que Federico “nos cuidara” A Gonzalo se le ocurrió la genial idea de traer a las mujeres a trabajar aquí a la casa, me pareció genial, podría conocerlas en persona, hablar del negocio que quiero proponerles y tenerlas vigiladas para saber sus movimientos —pase— digo cuando el sonido de la puerta de la oficina me distrae de mis pensamientos, Gonzalo entra y le pido sentarse frente a mi —vienen en camino, bueno… a su casa…— asiento sonriendo forzadamente, él alza una ceja, sé que quiere decir algo —suéltalo— le digo son

