Después de dejar a cada chica en sus puestos de trabajo, le pedí a María que me siguiera de nuevo a la oficina, necesitaba hablar con ella respecto a lo de Bruno, ella se mostró nerviosa, estaba casi temblando, solo es una niña y ahora estaba sola, su familia seguramente pensará que murió o algo peor cuando la visiten y ya no la encuentren en la prisión, me sentía tan mal por esto, pero supongo que encontraremos cómo ayudarla cuando todo termine —tranquila María, todo está bien ¿quieres un poco de té? — le digo mientras nos sentamos en el sofá de la oficina, asiente y sirvo dos tazas —¿tu nombre real es Magda verdad? Eres la chica a la que Bruno…— sonrío un poco, asiente sin hablar, toma la pequeña taza y se la lleva a la boca, noto como sus manos tiemblan un poco —sé que nadie me creyó

