Federico comenzó a bajar los tirantes de mi vestido, dejando mi pecho expuesto para él, sus besos calientes seguían bajando por mis clavículas y después llegaron a mis pezones, que ya se encontraban erectos, pero no era él lo los mantenía así, era la imagen de cierto hombre de cabellera larga y mirada profunda de color café. Me sonreía, aprieto las piernas cuando una oleada de calor me recorre por completo —no Federico… no lo hagas— le pido intentando levantarlo, sonríe de lado y comienza a levantar mi vestido por los muslos, arremangándolo hasta mis caderas, comienza a bajar, lo veo hincarse, aprieto mis manos en sus fuertes hombros, mientras que las de él abren poco a poco mis piernas y después me toma por la cintura para inmovilizarme, arqueo un poco mi espalda —dije que te pediría pe

