Turista en el infierno

1588 Words

Desayuné café n***o y rabia. Mi padre ya se había ido. Marco me esperaba en la puerta, con esa cara de estatua de la Isla de Pascua que pone cuando trabaja. —A la facultad, señorita. —A la facultad —repetí. El plan era sencillo. Patético, pero sencillo. La Facultad de Derecho tiene tres entradas. La principal, donde Marco me deja y se queda vigilando como un perro guardián; la trasera, que da a la biblioteca; y la de servicio, que usan los de mantenimiento y los estudiantes que quieren fumar porros sin que les pillen. Entré por la principal, saludé a dos compañeros que no me caen bien y, en cuanto doblé la esquina del pasillo de Derecho Civil, eché a correr. Salí por la puerta de servicio, salté un charco de dudosa procedencia y me mezclé con la marabunta de turistas de la Via Mezzo

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