Cuando encontramos a Sango ella habla sola o maldice en voz alta en el pasillo de segundo piso. Todas conocemos bien la mansión por el tiempo que pasamos aquí de niñas y adolescentes. Sango se mantiene hablando sola sin detenerse a mirar que Inuyasha y yo solo la observamos como si estuviese loca, ella maldice y maldice y ¿ya mencioné que maldice? Eso es lo que hace hasta que me canso de escucharla y aclaro mi garganta haciéndole saber de nuestra presencia. Sus mejillas se sonrojan al darse cuenta de que ambos la escuchamos y nos regala una sonrisa tímida digna de ella. Miroku es un idiota que no ve la hermosa mujer que se pierde por sus idioteces continuas. Sango tiene todo lo que él podría querer y más. —¿Escucharon todo? —Pregunta haciendo un lindo puchero que le da un aire delicado

