Con una sonrisa miro el cielo nublado para luego bajar la vista hasta Inuyasha quien juega golpeando a sus amigos. Ella se posa a mi lado con una sonrisa, siempre parece tan alegre que me pregunto si alguna vez se enoja. Sus ojos curiosos miran a donde mi vista se dirige. Inuyasha me observa y me regala una sonrisa que me hace apretar mis manos dentro de los bolsillos del abrigo enorme que llevo. El día esta frio e Inuyasha me trajo unos de sus abrigos para que me cubra, según él, estos son mejores que los míos. —¿Te gusta Inuyasha? —Giro hacia ella con las mejillas sonrojadas y no por el frio. La sonrisa no deja sus labios aun haciendo la pregunta a la que tanto le temo. -Yo —Te gusta Inuyasha, eso es tan obvio Kagome — bajo la cabeza sintiendo mis mejillas arder. —No me gusta, solo

