ARIANA Marco ya me esperaba cuando volví a la mesa, con esa sonrisa de siempre, como si nada hubiese pasado. —¿Qué pasó? ¿Te perdiste en la tarta de queso?— soltó con tono burlón, mientras yo intentaba controlar el temblor en mis manos. Todavía me latía el corazón por lo que estaba a punto de decirle. —Jamás… siempre se que hay demasiada—, respondí, forzando una sonrisa que no me salía natural. Tenía esto atascado en la garganta desde que ocurrió, pero no había tenido el valor de decirlo. Respiré hondo. —Marco, necesito contarte algo... Él se inclinó hacia mí, con esa mirada que dice “te escucho” sin abrir la boca. —No me digas que estás embarazada... ¡Ah! ¡Con que por eso querías limonada!— murmuró entre risas, agarrándome la mano como si hubiese dicho algo tierno. Lo miré sin pode

