ARIANA —Marco, baja la velocidad un poco. Ya sabes que me agoto fácil —le dije, entrecortando el aire, apenas recuperando el aliento cuando por fin se detuvo frente al coche. Me soltó, y entonces me miró. En sus ojos vi fuego. No solo enojo. Había desconcierto, decepción. —No es que me moleste lo de Mia y Leo. Ellos no merecen pasar por algo así —soltó de golpe, sin espacio para que respondiera—. Lo que no entiendo es por qué tú no me dijiste nada. Pensé que, si alguien iba a saberlo primero, sería yo. No espero que me cuentes todo, pero esto… esto sí. —¡Justo por eso nunca lo hice! —salté, antes de que pudiera detenerme—. ¿Viste cómo reaccionaste? ¡Estuviste a punto de hacer una escena frente a todos! Incluso tu jefe estaba ahí, Marco. Vi que quiso decir algo, pero no le di espacio.

