El vestido rojo es el ganador para la recaudación de fondos. Pero también compramos el vestido de Swarovski, que es demasiado sexy para una recaudación de fondos. Después de volver a ponerme mis vaqueros ridículamente ajustados y mi camiseta sin magas y Ella ha pagado la cuenta, Ella, Kasper y yo regresamos a la limusina, que nos espera afuera.
Una vez en el camino al aeropuerto, Kasper dice: No te alarmes, pero mis padres también estarán este vuelo—
Recuerdo el ceño fruncido de su padre y la mirada de horror de su madre cuando me miró de arriba abajo. Me estremezco interiormente, no sintiéndome particularmente emocionada por estar bajo su mirada de desaprobación de reina de hielo.
—¿Saben que voy a ir? —
El niega con la cabeza. —Solo intenta ignorarlos lo mejor que puedas—
Bien. Ignorar es la palabra. Ignorar al rey y a la reina de Noruega. Si. Este será un vuelo increíble.
Veinte minutos después llegamos al aeropuerto de Orlando. En lugar de conducir hasta la zona de entrega general del frente, la limusina nos lleva a la sección de aviones privados del aeropuerto y estaciona frente a un pequeño jet blanco. En el costado del avión hay un escudo de armas rojo con un león dorado sosteniendo un hacha y una corona en la cabeza.
El chofer abre la puerta y salgo detrás de Agnes y el guardaespaldas. Se ha extendido una alfombra roja entre la limusina y el avión, y sigo a Agnes mientras se dirige al avión.
Sin un abrigo que me proteja de la brisa fría, corro hacia el avión y subo las cortas escaleras. Agachándome, cruzo la pequeña entrada y un joven barbudo me saluda con una cálida sonrisa. Entro en la cabina y Agnes desaparece en la cabina con el guardaespaldas uniéndose al capitán.
Al final hay un sofá de cuero n***o, sillas de cuero de gran tamaño y una mesa de comedor con porcelana fina y utensilios de plata se encuentran a derecha e izquierda. Hay una barra completamente equipada en la parte trasera, detrás del sofá, y un televisor de pantalla plana pegado a la pared detrás de mí. El suelo es una alfombra moderna que me recuerda a algo que habría pintado Picasso.
La reina Amalie pone una expresión de perplejidad en su rostro cuando me ve. —Eres la chica de anoche— dice, ¿Por qué estás aquí? —
Ja. Justo lo que necesitaba. Una cálida bienvenida.
—La invité a acompañarme a un par de eventos benéficos— dice Kasper mientras entra en la cabina. —Y su nombre es Sophia—
—Pero Nora— comienza su padre
—Se acabo entre nosotros— interrumpe Kasper. —Y no se hablará más de ella—
—Quizás ahora no— dice el rey Isak.
—Nunca— espeta Kasper.
Hay un momento de silencio en el que solo quiero hundirme en el suelo y desparecer para siempre.
—Ven— Kasper me muestra mi asiento y dos segundos después el camarero se acerca a mí.
—Hola, señora. Soy Kent. ¿Puedo ofrecerle una bebida, tal vez? ¿O algo más que pueda hacer que este vuelo sea más cómodo? — De espaldas a la reina Amalie me guiñe un ojo.
¿Valium? ¿Un gran muro que me separe de la reina de hielo de allí?
—Un Lemon Drop seria genial— Quizás el alcohol pueda hacer este vuelo un poco menos… incomodo o menos hostil.
—Y dale una manta. Esta temblando— Kasper se sienta en la silla a mi lado.
Eh. Eso fue dulce. Sentada tan cerca de Kasper, no puedo evitar notar su energía palpable y su magnetismo s****l. Mi cuerpo quiere alejarse de él o acercarse a él, nos y cual de los dos.
—¿Qué te parecieron los vestidos? — el pregunta.
Siento su mirada deslizándose sobre mi perfil, pero me obligo a mantener mis ojos en la mesa frente a mí. —Son impresionantes. ¿Te gustan? — Cuando no responde de inmediato, cometo el error de mirarlo. Cuando nuestros ojos se encuentran, mi corazón se acelera en mi pecho y mi respiración se convierten en pequeños bacanales superficiales.
—Me gustaron mucho, Sophia. Si no me hubieran gustado, habríamos estado allí toda la noche para conseguirte el vestido adecuado—
Oh, Dios. Su determinación y resistencia me debilitan las rodillas. Para mantener mi ingenio, pienso en las bragas de abuela que llevo debajo de mi ropa. Esas, estoy segura de que no le gustarían en mí. esbozo una sonrisa.
—¿Qué? — El pregunta.
—Nada—
—Dime—
—No, realmente no es nada— Hay pocas posibilidades si el cree que voy a contarle sobre mi ridícula ropa interior no sexy.
—Es justo. Supongo que no puedo obligarte a divulgar tus secretos—
—En realidad, no es un secreto. Es simplemente una tontería—
El entrecierra los ojos. —¿Acerca de mí? —
—No, no. Es solo vergonzoso—
El lado derecho de sus labios se arquea. —Ahora tienes que decírmelo— Miro a sus padres que se han sentado al otro lado del pasillo.
—En otro momento— digo
El asiente, como si entendiera lo que quiero decir. Kent me trae mi Lemon Drop y lo bebo lentamente mientras el avión se dirige hacia la pista. Kasper toma un trago de whisky, inclina su asiento hacia atrás y cierra los ojos mientras el avión despega. Pronto estaremos en el aire y la señal de “abrocharse el cinturón “se apaga.
Me desabrocho el cinturón de seguridad para ir al baño.
—¿A dónde crees que vas? — pregunta Kasper, con los ojos todavía cerrados.
—Al baño, ¿Puedo ir? — Bromeo.
Él sonríe sin abrir los ojos y luego asiente. —Pero no te vayas por mucho tiempo—
Me dirijo al baño, y una vez que termino abro la puerta. Justo afuera, Kasper se apoya contra la pared y me mira. Desvié la mirada inmediatamente, la atracción magnética era demasiado intensa en este espacio tan reducido. Intento pasar a su lado, pero antes de que pueda, hay una repentina turbulencia que me hace perder el equilibrio, y lo agarro de los hombros para estabilizarme. Dios, sus hombros son tan firmes y normalmente las turbulencias me hacen sentir incómoda, pero cuando el me estabiliza agarrándome de la cintura, me siento completamente segura.
A Una vez pasada la turbulencia, lo miro a los ojos. Sus ojos están en llamas. Oh, querido señor de las alturas. Que me bese por favor. Acerca su mejilla a la mía y su respiración es pesada en mi oído. Un escalofrío me recorre. Todo lo demás deja de existir y ya no estoy en un avión con sus padres, sino en una habitación con Kasper. Sola. Deseándolo. Dios, huele tan bien. Su cercanía me hace desearlo. Malo. Malo.
Mis labios se abren y los lamo.
—¿Kasper? ¿Kasper? — oigo la voz de la reina Amelie al otro lado de la cortina. —¿Estás aquí? —
Nos miramos y, pensando que no quiero más drama o desaprobación por parte de su madre, me alejo. Me toma un momento recuperar la mente, pero cuando finalmente lo logro, puedo respirar de nuevo. No me di cuenta de que estaba conteniendo la respiración.
El asiente con la cabeza una vez y luego abre la cortina. —¿Sí? —
—¿Quieres cenar ahora? — ella pregunta.
—Si, por favor. La cena suena maravillosa— Vuelve a dirigirse a su asiento. — Y otra ronda de whisky por favor—
—¡Hey, Kent! — Grita la reina Amelie. —¡Cena! —
Justo cuando paso junto a ella, creo ver una sonrisa triunfante en sus labios. Es tan astuta como fría.
—De inmediato, Su Alteza— Kent hace una reverencia a Kasper y luego vuelve hacia mí. —¿Algo para usted señorita Chapman? —
—Creo que también tomaré un whisky. Que sea doble— podría ser bueno quedarme dormida en un estado de intoxicación inconsciente.
***
Después de la cena, Kasper se levanta y dice que necesita discutir algunos detalles con Agnes. La reina Amelie inmediatamente se desliza en el asiento a mi lado.
—Háblame de ti, Sophia— dice con una sonrisa forzada y escudriñando con los ojos.
No estoy segura de que hablar con ella sea una buena idea, en especial porque definitivamente siento que el whisky hace efecto, pero no quiero ser descaradamente grosera. La mujer me intimida muchísimo y quien sabe qué hará si le doy una razón real para que no le guste.
—Yo, um…trabajo— > —Y me gusta dibujar, pintar, y escribir poesía. Y bailar—
—Interesante… ¿Te gusta leer? — Ella continúa.
—Si. Aunque principalmente ficción— Trago fuerte.
—Ya veo. Entonces, ¿Cómo te mantienes informada sobre eventos mundiales importantes? —
Y aquí vamos. —En realidad no lo hago— admito, —Principalmente solo estoy tratando de arreglármelas y mantenerme a mí y a mi hermana—
—¿Dónde trabajas? — pregunta, con su mirada intrusiva.
—En una cafetería gourmet llamada Café Exprés— digo, asegurándome de enfatizar la parte “gourmet”
—Oh— Ella frunce el ceño. —¿Entonces eres una camarera? —
—Barista— Agita una mano en el aire, con ligereza y desdén.
—Pareces lo suficientemente inteligente como para darte cuenta de que “barista” es solo una palabra elegante para referirse a camarero, para hacer que los humildes camareros se sientan importantes— Un elogio convertido en insulto. Que considerada de su parte
—¿qué planeas hacer con tu vida? — Ella continua.
—Siempre quise ser abogada— digo.
—Bueno, ¿no tendrías que leer libros de ficción entonces? ¿Y no deberías tener un poco más ambición para hacerlo? —
Dios, ODIO a esta mujer.
—Bueno, estoy trabajando en eso—
—La gente no cambia, querida. Tomemos a Kasper, por ejemplo. Él ha sido un mujeriego toda su vida. Le hemos presentado a las más hermosas, las más elegantes princesas en el mundo, como Nora y las tira como si no fueran más que plebeyas. Todo porque aún no ha aprendido a apreciar la calidad de una mujer. Solo asegúrate de no caer en su encanto. Está a costumbrado a hacerlo a su manera con las mujeres y luego dejarlas en el momento en que se enamoran—
Veo a través de su farsa. —¿Y me estás diciendo esto porque…? —
—No quisiera que una pobre inocente como tu sufrieras el daño. Y él te hará daño, querida. Tiene treinta y un años y todavía no ha podido sentar cabeza, y solo le queda un hilo de chicas con el corazón roto para demostrarlo—
No creo en su historia en absoluto.
—Gracias por la advertencia. Creo que lo tengo bajo control—
Ella se levanta. —Eso es lo que todas dicen— Toma el asiento al otro lado y justo cuando se abrocha el cinturón, Kasper regresa. La mirada de Kasper va de su madre a mí.
—¿Estás bien? — el susurra.
Intento no mostrar en mi cara la quietud y la ira que siento por dentro. No quiero darle a la reina Amelie la satisfacción de ver cuánto me afecta.
—Si—
—Ella te dijo algo, ¿no? —
—Si, pero está bien— Sus fosas nasales se dilatan.
—No escuches ni una palabra de lo que dice—
—Ella me ama— digo, tratando de aligerar el ambiente. Bueno, mi estado de ánimo.
—Lo digo enserio. Intentaré mantenerla alejada de ti, pero ella es muy buena para meterse en cada situación, en todas mis relaciones—
—En unos cinco minutos comenzaremos el descenso hacia la zona de Miami— dice el capitán por los altavoces. Me recuesto y cierro los ojos, tratando de relajarme un poco.
Lo tengo, me digo a mí misma. Si puedo pasar esto la próxima semana sin asesinar a la madre de Kasper, o sin que ella me asesine a mí, mi vida será mucho mejor.