Huir no es fácil

1574 Words
Estos recuerdos hacían que Emma sintiera un dolor terrible en su pecho, parecía como si se le fuera a partir el corazón. Y el sentimiento de culpa era terrible, tanto que cuando Ryan murió eso realmente no fue un alivio sino más bien ella sintió que había sido por su culpa. Emma se recostó del mueble cerrando los ojos con fuerza para tratar de no pensar, pero eso no era posible para ella. Abrió los ojos de nuevo y trato de ver la televisión para despejarse un poco, finalmente consiguió un canal donde hablaban de arqueología y descubrimientos históricos y eso la atrapó de alguna manera, el tema era interesante para ella, por eso comenzó a prestarle atención y a medida que transcurría el programa más interesada estaba así que cuando él programa llegó a su fin ella se había relajado bastante. Se dió cuenta del cansancio que sentía, casi cada músculo de su cuerpo le dolía por la tensión nerviosa, pero al menos había dejado de tener los pensamientos rondándole la cabeza una y otra vez. El siguiente programa era igual de interesante, así que se dedicó a prestarle atención, el cansancio, ahora que estaba relajada la fue dominando hasta que sus ojos se fueron cerrando, casi sin ella darse cuenta, hasta que se quedó completamente dormida en el mueble dónde se había recostado casi por completo. —¡Emma, Emma! — la voz de Alba venía como de muy lejos— Chica, te quedaste dormida en el mueble, anda, ve a la cama para que sigas durmiendo, anoche te dormiste muy tarde. Emma sentía la cabeza confundida y el cuerpo muy adolorido, se levantó medio sonámbula y Alba la tomó por el brazo para llevarla a su cuarto, la ayudó a acostarse y luego la cubrió con las sábanas, al poco rato volvía a estar profundamente dormida. Cuando abrió los ojos se encontró en un lugar extraño, las paredes, los colores, todo era extraño para ella. Levantó a la cabeza y miró la habitación alrededor, luego de unos we gg unidos de confusión recordó que había llegado al apartamento de Alba, estaba en Nueva York. No recordaba muy bien haberse pasado para el cuarto pero eso ya no importaba, se levantó y entró al cuarto de baño que quedaba entre las dos habitaciones que componían el apartamento. Se duchó y luego salió a la cocina para buscar algo de comer, en la bahía de mármol consiguió una nota de Alba diciéndole que el desayuno estaba en el microondas y solo tenía que encenderlo para calentarlo y que se veían en la tarde, también le indicó dónde estaba un juego de llaves del apartamento por si quería dar una vuelta por la ciudad antes de que ella regresara. Emma comió y luego se puso a ver televisión de nuevo, ella jamás había sido muy afin a estar sentada frente a un televisor viendo programas y ni tan siquiera películas, que le encantaban. Pero ahora se sentía bastante cómoda distrayendo su mente con las imágenes que mostraban en el aparato de televisión, así que decidió no salir ese día y se quedó en la casa hasta la hora en que llegó al a de sus clases y trabajo. —Hola, amiga —se dejó escuchar la voz de Alba después del ruido de la puerta al abrirse y cerrarse de nuevo. —Hola, Alba —respondió Emma quien tenía un sándwich en la mano y en la otra una gaseosa. —¿Estás tomando gaseosas? —le preguntó sorprendida su amiga— ¿Y qué pasó con el fitness y el cuidado corporal? Siempre vivías regañándome porque yo tomaba gaseosas en exceso. —Eso ya no importa —le contestó Emma— Igual uno puede morirse estando muy sano, y de cualquier manera son unas pocas calorías que no tendré problema en quemar en una buena sesión de ejercicios. Estuvieron hablando mientras Alba se duchaba y cambiaba de ropa para luego ponerse a cocinar la cena, comieron conversando y bromeando un poco, a Alba le encantó que su amiga no se viera tan desmejorada y llorosa como había llegado. Luego de cenar se acomodaron en los muebles de la salita y Alba se quedó mirando a su amiga para que ésta comenzara a contarle sus cosas. Emma captó la mirada de su amiga y con un profundo suspiro se dispuso a contarle, con lujo de detalles, lo que le había sucedido en los últimos tres meses en los cuales muy pocas veces se pudo comunicar con ella por varias razones. Emma comenzó a relatar los últimos acontecimientos a su amiga Alba, le contó de la decisión de Ryan, de su buen humor, de lo mucho que estaba disfrutando los tres juntos esos meses, parecía que habían podido conseguir un equilibrio en medio de la dura situación que enfrentaban. —¿Y nunca sospecharon que el comportamiento de Ryan era extraño? —pregunto Alba un tanto sorprendida. —La verdad es que no, nunca pensamos que pudiera estar planeando algo tan terrible —dijo Emma emocionandose un poco. —Por supuesto que nadie hubiera podido imaginar semejante cosa, amiga —le dijo Alba colocando una mano sobre las de ella para transmitirle fortaleza— Pero su conducta era bastante sospechosa, déjame decirte. Ryan siempre estuvo malhumorado desde que tuvo el accidente. —Es cierto, pero pensamos que se trataba del acierto del tratamiento psicológico que lo había ayudado —dijo Emma con el pensamiento concentrado recordando esos momentos. —¿Y cómo se dieron cuenta de que él no se estaba tomando el tratamiento? —preguntó Alba. —De la peor manera posible amiga —dijo Emma con la voz conmovida de nuevo. Entonces le relató sobre las comidas afueras y abundantes que Ryan consumía a diario, de las salidas y paseos, de lo que él comía entre las comidas y de lo contentos que estaban de ello. Luego le habló del viaje a Nueva York y de cómo se había sentido Ryan después de comer, y de lo mal que se había sentido, la fiebre, el termómetro dañado y de como lo habían trasladado al hospital de urgencia y todo lo demás hasta que se lo llevaron a Birmingham en el avión ambulancia. —Recuerdo que por eso no te llamamos ese día —le dijo Emma compungida— Estábamos esperando a que salieras del trabajo para llamarte, pero luego se nos olvidó por completo. —Me lo puedo imaginar —dijo Alba reflexionando— La verdad es que Ryan fue bien osado y loco, no entiendo cómo pudo aguantar el dolor. —Fue la dosis de morfina que se tomaba —dijo Emma— Eso y las comidas abundantes parecían mantenerlo fuerte pero cuando se descubrió lo que estaba haciendo yabers demasiado tarde — la voz se le quebró al decir estas últimas palabras. —No soy médico, pero he escuchado cosas horribles sobre la gangrena —dijo Alba. —Eso fue lo peor —dijo— Porque si hubiera accedido a dejar que le cortaran la pierna eso no hubiera ocurrido o al menos no tan pronto —¿Y eso por qué? —preguntó —Porque el médico nos dijo que la infección de la gangrena socavó el sistema inmunológico —contó recordando lo que el doctor Bronson les había dicho— Eso hizo que su cuerpo se debilitara demasiado permitiendo que el cáncer se expandiera rápidamente. Igual esa sola infección era suficiente para llevarlo a la tumba. —Imagino que después de eso fue todo en picada para Ryan, ¿No? —dijo Alba con los labios apretados. —Así fue, de allí en adelante sólo pasó de mal a peor y de allí a grave —la voz enronquecida de Emma le demostraba lo mucho que le afectaba eso. Se quedaron un buen rato en silencio, Emma llorando quedamente con las lágrimas rodando por sus hermosas mejillas y Alba guardando un reverente silencio ante el sufrimiento de su amiga. Al poco rato ésta se levantó de su asiento y abrazó a Emma con cariño y ternura para hacer que se sintiera mejor, al poco rato ésta dejo de llorar y le sonrió con dulzura a su amiga. —Gracias, Alba —dijo con cariño en su voz— Me hace sentir bien contarte todo. —Para eso estoy, amiga —le dijo Alba prestamente— Pero hay algo que no comprendo por completo. —¿Y eso qué es? —preguntó Emma. —¿Por qué veo que sientes tanta culpa? —Alba fue directo al punto— Me contaste que tú amor por él había cambiado y que lo veías más como a un amigo, ¿No es cierto? Emma tomó suficiente aire en sus pulmones como si fuera a sumergirse en una honda piscina, y eso era justo el equivalente de lo que iba a hacer ahora al contarle lo de Luciano a Alba, la cual ignoraba todo eso que le había sucedido con él. —Es que hay algo que no te he contado, amiga —le dijo mirando a su amiga a los ojos con timidez— Porque no fue sólo que dejé de querer o amar a Ryan. —¿Cómo que no fue eso sólo? —Alba se enderezó en su asiento por la sorpresa, intuía que lo que le estaba contando su amiga era fundamental en todo lo que estaba sintiendo ahora.
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