La dura confesión de Emma

1070 Words
—Es que… —Emma dudó por unos momentos en si debía contarle todo a sus amiga o no, pero luego decidió que la mejor manera de expurgar un poco sus pecados era hablando con ella— Mientras todo eso pasaba… me enamoré de otro hombre… Si le hubieran dado un golpe a Alba con una tabla detrás de la cabeza, no se hubiera conmocionado tanto como sucedió con las palabras que estaba diciendo Emma. Los ojos los tenía abiertos como platos mientras que la boca se le abría como si se estuviera quedando sin aire en los pulmones. Tardó unos segundos, que parecieron largos minutos, en reponerse lo suficiente para poder hablar de nuevo. —¡Emma! ¿Me estás diciendo que… que te enamoraste de otro hombre? —la mirada de incredulidad que tenía era proverbial— ¡No me lo puedo creer! ¿Pero cómo? ¿De quién? Las palabras se le atropellaron en la boca y no le permitieron continuar hablando, era lo más sorprendente que podían haberle dicho, pero si ella conocía muy bien a Emma, era imposible que ella hubiera dejado de querer a su esposo y mucho menos por otro hombre, eso no parecía posible, ¿Emma? ¿Su tímida amiga Emma? Simplemente eso estaba fuera de lugar y más allá de toda discusión. Se quedó mirando a su amiga quien había abatido la mirada y te habla cabeza gacha contemplando el tapiz que estaba a sus pies. —¿De quién? Eso es lo que menos vas a creer, amiga —dijo con un hilo de voz que sonó muy lejano. Alba no dijo nada, aún no conseguía asimilar por completo lo que su amiga del alma, de la infancia, a quien creía conocer muy bien, le estaba diciendo. Me enamoré de.. de.. Lu.. Luciano… —dijo tartamudeando y nerviosa. Alba no podía creer lo que estaba escuchando, apretó los ojos con fuerza como para sacudir una mala idea que tuviera en mente, colocó su cabeza entre sus manos y se agarró el cabello con fuerza… ahora podía entenderlo todo, el dolor y el sufrimiento que debía estar carcomido a su amiga, la angustia que debía estarle partiendo el pecho de dolor, los sentimientos encontrados. Levantó la vista con los ojos llenos de lágrimas y se volcó sobre su amiga para abrazarla con fuerza mientras las lágrimas le brotaban como un río de sus ojos, podía sentir el dolor de su amiga que había comenzado a llorar de nuevo, la sentía temblar, convulsa, entre sus brazos, la abrazó con fuerza por largos minutos hasta que ambas se fueron calmando. Alba la besó en la cabeza y se arrodilló ante ella, le quitó las manos de la cara y le levantó la cabeza para que la mirara a los ojos. —No tienes porqué sentir tanta culpa, amiga —le dijo con todo el cariño que podía expresar con sus labios— Sé que eres una buena chica, ¿Y cómo no voy a saberlo si eres mi mejor amiga? ¡Te conozco desde que éramos una niñas! Emma la miraba todavía llorosa pero más repuesta. Asintió con la cabeza mientras la miraba a los ojos. —No sé cómo me pudo pasar éso —dijo con mucho dolor en la voz— Te lo juro que no fue mi intención, ni tampoco creo que haya sido la intención de Luciano… —Eso lo sé amiga, pero ahora ya basta de lágrimas —le dijo con tono firme mientras se levantaba de donde estaba arrodillada y se sentaba de nuevo, pero esta vez al lado de ella— Ahora cuéntame cómo fue que pasó. Emma le contó todo, desde los primeros incidentes hasta el día en que casi la había poseído por completo, y también le dijo de lo que había pasado el día del entierro de Ryan, de cómo descubrieron lo que éste había hecho para no tomarse el tratamiento y la carta que Ryan le había dejado a ella, del terror y culpa que había sentido y de cómo había decidido escapar de él. —¿Me dices que la primera vez estaban bebiendo mucho? —preguntó Alba. —Sí, Ryan estaba bebiendo bastante y nosotros lo acompañamos —le dijo— Y fue el mismo Ryan el que insistió en que nos fuéramos a bailar Luciano y yo. No sé exactamente cómo pudo ocurrir pero en un momento estábamos bailando y al otro ¡Casi que parecía que estábamos haciendo el amor en plena pista de baile! —¡Wow! Eso es increíble —dijo entre admirada y sorprendida— Si no te conociera a ti y a Luciano, creería que todo fue planificado. —A la mañana siguiente ambos estábamos tan avergonzados que no nos podíamos mirar a la cara sin ponernos como un par de tomates —la voz de Emma fue cobrando un poco de vigor a medida que hablaba. —Me lo imagino —dijo Alba más tranquila al ver que su amiga estaba más calmada y segura de sí. —Fue una semana horrible, amiga —Los ojos de Emma se enturbiaron un poco al recordar esa semana y otros momentos en los que se rozaban o encontraban de manera imprevista, y en especial con las sensaciones que sentía cada vez que estaba ella lado de él y así se lo dijo a su amiga. Alba escuchaba con atención el relato que Emma estaba narrando y le daba la impresión de que se estuviera refiriendo a otra persona que no fuera ella, esa muchacha tímida y sencilla había dado paso a una mujer segura de si misma, sensual y s****l, y con el aura de que podía conquistar a quien quisiera. —La verdad es que esa transformación de que hablamos, ¿lo recuerdas? —le preguntó. —¿Te refieres a cuando decidí experimentar con el vídeo que me enviaste? —dijo Emma un poco divertida porque el hecho de haber hecho eso la había liberado de seguir siendo una niña tímida y tonta que no conocía ni siquiera su propio cuerpo y se había sentido muy satisfecha con ella misma. —Sí, a eso mismo me refiero —le confirmó Alba— Esa transformación hizo que fueras muy s****l, Emma, es decir, que te transformaste en una mujer plena, segura de ti misma y de lo que querías sentir. ¿No es cierto?
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