Emma se reconoce a sí misma

1063 Words
—Sí, eso es muy cierto, Alba —estaba reafirmando algo que ella sabía pero que había quedado algo atrás con todo lo que le había sucedido después. —Ya no eras una mujer tímida, cariño —Alba sonaba muy parecida a una maestra de preparatoria— Te habías convertido en toda una mujer. —Pero, ¿Eso que tiene que ver con lo que pasó después, con Luciano y todo lo demás? —preguntó un tanto sorprendida por el giro que había tomado la conversación. —Pues creo que tiene que ver con todo, amiga —Alba la miró a los ojos antes de seguir— Yo nunca hubiera imaginado que te ibas a hacer amiga muy cercana de Luciano, Emma, pero ¡Sí hasta le tenías miedo! — Eso es verdad —reconoció Emma procurando recordar todas esas veces que se sintió apabullada por la sola presencia de Luciano— Recuerdo que siempre me sentí incómoda en su presencia, me parecía que era muy maduro, muy fuerte, no sé exactamente lo que sentía pero me daba una vergüenza que me hablara o me dirigiera la palabra. —Parece más bien como si te hubiera gustado y le tenía pena por eso —Alba fue franca con lo que pensaba y creía que no estaba muy lejos de la verdad. —¿Tú crees, Alba? —le dijo con asombro en la voz— ¿Es posible que me diera pena porque me gustaba de alguna manera? —Eso podría ser —le confirmó su amiga— Han habido casos en que eso es lo que ocurre y luego terminan enamorados. —¡Pero eso es tan loco! —dijo Emma escandalizada— Si me lo hubieras dicho en ese entonces no te hubiera creído, ¡Si más bien sentía miedo de estar cerca de él! —¿Y ahora? —le preguntó con algo de malicia en la voz. —¿Tienes que ser así de mala? —le dijo pero sin disgusto, se alegraba de que pudiera hablar con alguien de eso sin tapujos y sin malos sentimientos— Ahora es increíble lo que siento por él —la confesión le salió como si hubiera estado atorada en su garganta desde hace muchísimo tiempo. —Sabes que soy muy franca en mis cosas y con todo el mundo —le dijo riendo— Y me encanta que seas franca contigo misma, y al mismo tiempo que seas tan valiente para reconocerlo, eso no es tan fácil. —Sí, lo sé —le dijo— Pero las cosas se fueron volteando del claro al castaño oscuro. Era tan increíble lo que sentía cuando él estaba a mi lado y cuando me tocaba me hacía explotar los sentidos, era inevitable, parecía una ninfómana más bien. Entonces Emma le contó varias de las cosas que le habían pasado estando con él, incluyendo lo que había pasado en el pasillo del hospital mientras miraba a Ryan a través del vidrio de su habitación, también le contó las atenciones que él tenía con ella, de que siempre estaba pendiente de ella, de que estuviera bien, de que se sintiera segura. También le habló de los regalos que le hacía, de la ropa que le había comprado, los perfumes y joyas y en especial la ropa deportiva para que fuera el gimnasio. —Creo que él tampoco se estaba dando cuenta de lo que les estaba pasando, Emma —Alba estaba empezando a entender cómo había sucedido todo, ella desde afuera lo había notado y se lamentaba de no haber estado allí para haber ayudado a su amiga, de haber podido ayudarlos a los dos. —Estoy segura de eso, Alba —dijo con algo de tristeza en su voz— No sabíamos hacia donde nos estaba llevando el destino y eso me parece tan cruel. Alba vió como su amiga estaba llenado se de tristeza de nuevo, como iban a tener bastante tiempo para conversar decidió aligerar la conversación. —Pero cuéntame sobre la ropa deportiva, me dijiste que era muy sexy, ¿No? —le dijo maliciosa. —Déjame mostrarte —le dijo sonriendo de nuevo— Me traje varios conjuntos. Al decir ésto se levantó y salió corriendo hacia la habitación donde dormía y buscó en su maleta, porque aún no había deshecho la maleta que había llevado. Decidió ponérselo para lucirlo ante su amiga, escogió el más corto de los que le había dado, el rojo con n***o que había dejado con la boca abierta a Luciano. Y con Alba no fue muy diferente, ella se le quedó mirando incrédula, hasta ahora no se había fijado que su amiga se había transformado en una mujer sumamente atlética, su cintura se veía más estrecha mientras que sus caderas se habían ampliado un poco por el ejercicio, además de que sus ya hermosas y llamativas nalgas se veían ahora mucho más sensuales. Definitivamente el ejercicio físico le había dado un realce impresionante a su amiga, que ya de por sí era hermosa, pero ahora se veía exhuberante. —¡Pero si estás súper preciosa, Emma! —le dijo con auténtico entusiasmo al mismo tiempo que varía palmas como una niña— Si yo fuera hombre trataría de seducirte de inmediato para meterte en mi cama —terminó diciendo con una gran carcajada. —Si hubieras visto la cara de Luciano cuando fue a tocar la puerta de mi cuarto para entregarme otro conjunto —dijo sonriendo y sonrojándose por el recuerdo— Yo me lo había puesto para probar (¡sin nada debajo!) y salí a abrir, la boca casi le llega al piso. —¡Y cómo no! —le dijo todavía riendo— Si a mi me has dejado sin habla que soy mujer, me puedo imaginar la cara de tonto que puso cuando te vió. Ambas rieron durante bastante tiempo, parecía que la capa de tristeza que había agobiado a Emma se había disipado un poco, pero aún, en el fondo de su corazón tenía clavada una espina terrible, que le hacía sangrar una herida ardiente, como si ella fuera una mala persona por haber "abandonado" de alguna manera a su esposo en esos momentos tan duros. Eso era un dolor que tendría que aprender a llevar y no sabía, si alguna vez se iba a librar de él completamente.
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