Luciano, reflexiones y la búsqueda

943 Words
Luciano casi no pudo dormir en esa noche, daba vueltas en la cama para luego dormir unos minutos y luego se despertaba sobresaltado, asustado, como si fuera a ocurrir algo malo y él no pudiera evitarlo. La última vez corría detrás de alguien a quien no le veía la cara, pero que sí sabía quién era, está vez se despertó completamente sudado, así que se levantó y miró la hora. Eran apenas las tres de la mañana, se levantó y fue al baño a tomar una ducha para enfriar el cuerpo, luego fue a la cocina para tomar un vaso de leche, eso le recordó la noche en que estaba con Emma después de venir del hospital, ambos tampoco podían dormir. Trató de no seguir pensando solo se tomó el vaso de leche en silencio y luego regresó al cuarto caminando muy lentamente. —«¿Dónde demonios estás, Emma?» Entró en el cuarto y cambió las sábanas mojadas, luego se acostó, procurando relajarse… después de varios minutos al fin pudo conciliar el sueño. Los rayos del sol entraban por la ventana que daba hacia el campo y le daban a Luciano en la cara, por unos momentos solo pestañeó incómodo, pero luego abrió los ojos entornándolos rápidamente para evitar que el brillo del sol le diera directamente en los ojos. Se levantó con la cabeza pesada y un dolor de cabeza fenomenal. Después de desayunar llamó a la enfermera Parker para saber si ella la había llamado, pero la respuesta fue negativa. De inmediato se le ocurrió llamar a Alba, ella era la mejor amiga de Emma así que si quería comunicarse con alguien lo más lógico era que la llamara a ella. Tuvo que esperar bastante para que le respondiera, él sabía que Alba estaba sacando una especie de post grado por lo que no insistió mucho, cuando le respondió le dijo que no la había llamado desde hacía una semana. Luciano colgó el auricular con un fuerte sentimiento de decepción, si no había hablado con Alba, entonces, ¿Para donde se había ido? Pensó también en la enfermera Norris, pero ésta tampoco sabía nada. Lo peor del caso era no tener ninguna noticia, no siquiera le había dejado un mensaje o una nota explicando su huída, porque no cabía otra posibilidad, estaba convencido de que ella había huido por el sentimiento de culpa que tenía y eso era, en gran parte, culpa de él mismo. Sí, había sido su culpa, él debió tener todo bajo control, él era un hombre maduro, lleno de experiencia con las mujeres, nunca había tenido el menor problema para controlar cualquier situación, en especial porque su abuelo, descendiente de pioneros que habían conquistado el oeste americano, le había enseñado la importancia de andar por la vida seguro de sí mismo y sin permitir que nadie lo desviará de sus propósitos. Por cierto que el abuelo, Abbe Martins, le había enseñado sobre mujeres desde que era un chico apenas entrando en la adolescencia, él había sido quien lo había llevado, por primera vez cuando tenía diez y seis años, a una casa de citas para que estuviera con una mujer y se convirtiera "oficialmente" en un hombrecito. Su abuelo era un hombre acostumbrado a la vida dura del minero buscador de oro, tal como lo había sido su padre y su abuelo antes que él y cuando era apenas un hombrecito de 17 años descubrió una venta de oro importante que los catapultó de gente acomodada a millonarios. Y luego, el padre de Luciano, había hecho negocios y había expandido y quintuplicado el capital de la familia y ahora tenían tanto dinero que podrían derrocharlo como quisieran y seguía siendo difícil que quedarán en la pobreza. Las inversiones de la familia estaban por todo el país y en el extranjero tenían negocios por toda Europa y Asia, e incluso estaban con la mira de asociarse con un consorcio japonés en algunos negocios navieros. Estos hombres rudos, hábiles y sin miedo también le habían enseñado a tratar con las mujeres, Le enseñaron que todas ellas eran unas damas, hasta que demostraran lo contrario. Que había que tratarlas bien, pero también había que te era cuidado porque algunas eran peligrosas, en especial porque él era el heredero de un inmenso imperio económico, por lo que muchas de ellas sólo lo buscarían por quién era y no por él mismo. Y eso se lo había aprendido de memoria, en particular la parte del sexo, debía tener el control siempre para que ninguna pudiera manipularlo. Y no podía acostarse con cualquiera porque eso siempre generaba compromisos de alguna manera. Luciano había aprendido a coquetear con las chicas y a dejarse seducir un poco, pero él siempre tenía el control. Por eso no entendía cómo se había dejado arrastrar por la pasión primero y luego había dejado que Emma se le metiera en cada fibra de su cuerpo, de tal manera que cuando estaba un solo día sin saber de ella se sentía preocupado, y le daba cierta ansiedad por saber a dónde estaba ella. Se alegraba sobremanera cuando la veía venir con su sonrisa inocente que le fue calando hasta la misma alma. Por eso ahora se sentía tan aprensivo y preocupado, podía entender las razones que ella había tenido para salir huyendo, pero que no supiera cómo estaba era una real tortura. Levantó el mentón con decisión, si el dinero podía conseguir casi cualquier cosa entonces ya era hora de que comprobar si todo lo que ellos tenían podía servir para encontrar la mujer que no solo le había quitado la tranquilidad sino que le había robado el corazón.
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