No se molestó en susurrar ni en ser delicado. Siempre se preocupaba por tratarla bien y no dejar que ese lado animal que tuviera saliera cuando estaba junto a ella, pero esta vez le importo muy poco lo que Katia pudiera pensar de él y con fuerza la agarró de la mano, tiró de ella hasta que hubieron salido de la sala. Apenas estuvieron fuera del salón Gael le empujó contra la pared. Sus manos sujetaron a Katia de las muñecas y la aprisionaron, empujando sus caderas contra las de ella. Fue una satisfacción escucharla gemir y que se inclinara hacia él buscando sus labios de manera desesperada. No se entretuvo en juegos, sino que ahí mismo aceptó su beso y buscó la manera de que sus pieles entraran en contacto. Metió la mano debajo de la falda y en un instinto animal enterró los dedos en su c

