Su rostro palidece y por un segundo cree que Katia va desmayarse. Su respiración se vuelve superficial y lleva una mano al escritorio, para aferrarse con uñas y toda a la madera, necesitando de un soporte, como si las palabras la hubieran golpeado. —N-no creo que eso vaya a funcionar— balbucea. —¿Por qué? — ladea la cabeza sin entender. Katia suelta una risa nasal y algo burlesca que le sorprende. —¿Es una broma? Mírame— se señala de arriba abajo. Niega con la cabeza y después desvía la mirada. Gael contempla sus hombros caídos y encorvados, la ropa que esconde su figura, la manera en que se para, queriendo usar el menor espacio posible; algo ridículo teniendo en cuenta su tamaño. Observándola mejor, Gael se reprocha cómo es que no se dio cuenta antes de su inseguridad, cómo pudo cree

