—¿Te has adaptado bien? — pregunta con el ruido de la impresora de fondo. Katia no entiende porque sigue con ella cuando ya le ha dado todas las instrucciones necesarias. —Yo vivo en esta ciudad desde los quince y aun no logro adaptarme al hecho de que siempre hace frio, cada vez que vuelvo de Brasil siento que estoy viviendo en Alaska, pero puedo decirte que esta semana ha hecho bastante calor.
¿¡Calor!? Salem es un refrigerador. Estaban a principios de otoño y ella ya tenía su ropa de invierno desempaquetada, hasta había pensado en comenzar a usar pantis debajo de sus pantalones porque las mañanas son frías y húmedas, lo que también es un pésimo clima para su cabello.
La tentación de plancharlo es demasiada, todo para no aparecer con una bola de frizz en el trabajo, pero no tiene plancha y tampoco el entusiasmo suficiente para levantarse más temprano y realmente alisar su melena castaña.
—¿Te toma tanto tiempo responder porque eres lenta o no me estabas prestando atención? — dice de la nada Gael.
—¿Hablas tanto porque de verdad quieres una respuesta o solo te gusta escucharte a ti mismo?
Apenas las palabras salen de sus labios, se arrepiente. Pone una mano sobre su boca y mira a Gael con ojos grandes, asustada por cuál será su reacción, pero él tan solo ríe, exhala una carcajada y después se apoya en la fotocopiadora, mirándola con atención desde ahí.
—Estuvo buena, podría ser mejor, pero— asiente energético —estuvo buena. Lo reconozco.
Katia sacude la cabeza, sin saber cómo responder. Toma sus papeles con las mejillas todavía sonrojadas y el pulso zumbándole en los oídos por culpa de la adrenalina que le produjo decir tales cosas. Los junta todos rápidamente y murmura una despedida sin atreverse a mirar a su colega.
Se va casi corriendo hacia su oficina a terminar los papeles que necesita, pero es algo difícil concentrarse en el trabajo cuando no puede dejar de recordar todo lo sucedido en la última media hora. El encuentro en la oficina de Gael y luego que la acompañara a la fotocopiadora.
Suspira.
Que estúpido es pensar que todas esas cosas significan algo más, cuando en realidad tan solo es Gael siendo Gael, así al menos lo asegura Grace.
—No es de mala, pero el hombre le hace a todo lo que se mueva y su “coqueteo” es tan solo como se expresa. Si yo fuera tú, no me haría ilusiones.
A pesar de que Grace no lo dice con esa intensión, Katia se toma el comentario muy a pecho y lo extrapola a un tópico completamente diferente que la hace sentir peor sobre sí misma.
Ilusionarse es una terrible idea, pero la parte idílica de ella no puede evitarla, esa área de su cerebro que ha visto demasiadas comedias románticas y que se ha leído todos los libros de Young adult existentes.
Que daría porque Gael se enamorara de ella como sucede en los libros, que la cortejara, invitara a salir y mostrara su interés por Katia. Una cosa que nunca nadie ha hecho antes.
—No me estoy haciendo ilusiones.
Aunque esta semana a soñados dos veces con él y ya ha escrito tres relatos sobre situaciones fantasiosas que nuca van a ocurrir.
—No sé si creerte, tienes cara de que eres de las que se enamoran rápido— la sinceridad de Grace nunca deja de sorprenderla.
—Oye— le tira la bolita de servilleta a su lado —, no hay nada de malo con eso.
Grace difiere con un “mmh-uh”, pero no elabora, en vez de eso termina su almuerzo y después espera a que Katia haga lo mismo. Mas ambas se entretienen conversando y es algo difícil concentrarse en comer cuando puedes hablar. Al menos con Grace el tiempo se le pasa volando y no se siente sola dentro del edificio, porque a pesar de haber conocido a Zarifah el primer día y trabajar frente a Gael, no ha vuelto a hablar con ellos y duda que lo haga.
Una semana es suficiente para notar que no son su tipo de gente. Ambos siempre están llamando la atención, riendo y hablando fuerte, teniendo conversaciones eternas porque ninguno conoce el significado de la palabra silencio. Y no hay nada malo con eso, es solo que a ella como ser introvertido le agota y la pone en una situación incómoda muchas veces, por ejemplo, en la fotocopiadora, cuando se marchó sin decir palabra porque no tenía ni idea de que responder.
*
—Ya te digo yo que es peligrosa, apuesto a que tiene una vida secreta o algo extraño.
—Que no hable contigo no significa que ande por ahí matando asesinos de la mafia rusa— menciona su amigo, Tiago, con desinterés
—Obvio que no, pero puede que este confabulados con ellos. ¿Sabías que es rusa? — se adelantó a la pregunta de su amigo —No, no la investigue, solo le pedí prestado su currículo a Zarifah.
Tiago enarca una ceja delgada y lo juzga con sus ojos verdes. Ambos saben que eso es mentira.
—Está bien, lo tomé sin preguntar, pero luego lo devolví— se apresura a aclarar —así que no hay delito— el moreno va decir algo, pero Gael lo interrumpe —. Y no me salgas con tus cosas de abogados que nunca las entiendo. Me tomé el atrevimiento de hacer mis propias averiguaciones, porque te digo que la tipa es bien rara. No encontré nada de lo que preocuparme, pero sigo pensando que hay gato encerrado y tengo una vena animalista que no me permite hacer la vista gorda a esa clase de maltratos, hay que liberar al pobre animal y así de paso nos enteramos del chisme.
Tiago lo mira preocupado. Algo no está funcionando bien en la cabeza de su amigo, pero hacerle ver eso a Gael no es fructífero. El brasileño hace lo que le dé la gana y su mente opera de una manera diferente, obsesionándose con cosas que una persona normal no pensaría ni dos veces.
—¿Por qué te interesa tanto? — intenta comprender.
—Porque me ha estado ignorando toda la semana y huye de mí. ¡Las mujeres no hacen eso!
Ah, así que esto es una cuestión de ego. Típico de Gael.
Tiago se pasa una mano por el rostro, dejando ver algo de su cansancio y frustración. Apoya el codo en la mesa y ladeado mira a su amigo, intentando analizarlo para poder encontrar las palabras perfectas que terminen con esta absurda conversación.
—Tú no eres el problema, pero tampoco hay nada malo con Katia, tal vez es demasiado tímida.
—Mmh, sí, un poco. Yo la describiría como aburrida en realidad, una control freak con serios problemas de doble personalidad.
—¿Por qué dices eso? — Tiago comete el error de mostrar interés.
—Porque con su amiga habla super bien, pero a mí no me dice ni hola, ni se pasea por mi oficina a saludar ni demuestra un poco de interés.
—A ver, déjame ver si entendí esto bien— Tiago se acomoda, sus hombros sobresaliendo ligeramente del respaldo —. No te interesa Katia en sí, sino saber porque tú no le interesas a ella.
Gael boquea, sus labios moviéndose sin crear ningún sonido, mientras busca una respuesta inteligente que darle a su amigo. Pero no hay nada que le venga a la mente porque en parte es cierto, la única cosa que agregaría es que no quiere saber porque Katia no le presta atención, sino más bien que está mal en ella para ignorarlo de aquella manera y también quiere saber si alguna vez volverá a tener un pequeño vistazo a esa personalidad atrevida de ella.
Sonaba demasiado egocéntrico, pero en su defensa no tenía nada más en que ocuparse, por eso también estaba sentado en la oficina de su amigo, molestándolo para matar el tiempo hasta que fuera hora de irse.
Ansiaba que el viernes llegara a su fin. Quería ir a su departamento, elegir una buena película y terminar la caja de cervezas frías que esperaban en su refrigerador. Nada muy excitante, pero era su merecido descanso, ya el sábado saldría de fiesta con amigos o iría a ser tracking todavía no lo tiene muy claro, será lo que le propongan de nuevo.
—A veces me preocupo por tu salud mental— comenta Tiago.
—Ah— pone una cara tierna —, que lindo. Yo siempre estoy preocupado por la tuya.
Tiago entorna los ojos y recuesta en la silla, cruza las manos sobre el regazo e inclina la cabeza hacia un lado, evaluando a Gael, de nuevo.
—No será que te gusta.
—¿Quién? ¿Katia? — dice con la ceja enarcada —¿La has visto? Ya sabes que me gustan las mujeres con estilo y no tan sosas. Una persona divertida— apunta con gran énfasis.
Porque a pesar de lo cruel que suene, es cierto. Para que una persona le atraiga debe ser divertida, relaja, y Katia no es así. Es un poco premeditado e injusto para ella que la juzgue cuando solo la ha conocido por dos semanas, pero es que esas cosas se notan y es obvio que Katia no tiene la personalidad para atraerlo.
No es que tenga algo contra ella, lo que sucede es que Gael conoce cuál es su tipo de mujeres, el patrón siempre es el mismo: guapas (no porque sea superficial, sino porque así lo ha querido la vida), seguras y extrovertidas, porque a veces eso vende mucho más que la apariencia en sí; pero por sobre todo con una carga emocional que siempre jode sus relaciones. Puede que sea una consecuencia, porque esas cosas uno no las puede saber apenas conocer a la persona, pero a estas alturas Gael ya cree que tiene un sexto sentido desarrollado y que puede oler el pasado conflictivo a kilómetros de distancia. Es algo dulce, que se le pega a la nariz, lo engatusa con su aroma delicioso y lo deja bien enterrado en la mierda sin que se dé cuenta. Y tampoco es que él sea perfecto, cada persona tiene sus propios problemas, pero sus novias… Uf, esas siempre se llevan el premio.
En fin, ese no es el tipo de cosas que uno debería estar pensando un viernes por la tarde. Así que con rapidez se deshace de aquellas ideas que pululan en su cerebro y las cambia por “¿qué cenaré hoy? Y, ¿qué mierda voy a comprarle a mi hermano para su boda?
Así es, el bebé de la familia se casa y Gael está obligado a asistir. No es que odie los matrimonios, de hecho, el mejor sexo siempre lo tiene en ellas. El problema radica en que para su familia tradicional que siga soltero y sin hijo a los treinta en inaceptable. Ugh, le dan dolores de cabeza al pensar la cantidad de veces que le preguntaran: “Y tú, ¿para cuándo? Claro que darles una respuesta sincera tampoco es una opción, a su abuela le daría un infarto si supiera que piensa vivir soltero hasta los cincuenta, un poco antes si encuentra una mujer que realmente le guste.
No todos tienen la misma suerte que el bastardo de su hermano, casado a los veinticinco con el amor de su vida y un tercer hijo en camino.
Gael no puede evitar sentir admiración, pues para él sería imposible llevar ese tipo de vida. En algún momento, cuando no lo habían botado por otro tipo o no le habían dicho que era demasiado, entonces la idea de formar una familia y de tener ese tipo de vida, le atraía un poco. Pero ahora no quiere nada así, tan solo diversión y mucho sexo.