A pesar de que en Miami habían compartido cama, ahora estaba disfrutando mucho más del hecho de dormir junto a Gael, que era un hombre bastante inquieto a la hora de descansar —se había enredado a ella en medio de la noche— y que incluso dormido mantenía una temperatura corporal muy agradable que servía para mantener abrigada a su acompañante. Katia estaba en una lucha consigo misma, entre despertar completamente y deleitarse de manera consciente la cercanía de Gael o volver a caer en los brazos de Morfeo y disfrutar del aquel hombre en la comodidad de sus sueños. La naturaleza tomo la decisión por ella, su estómago gruño hambriento alertándola. Abrió un ojo con lentitud, buscando acostumbrarse a la luz de la mañana. Cuando fue capaz de enfocar lo que había a su alrededor se percató de qu
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