Capítulo 2

2116 Words
POV AMBROSE —Abuelo, no creo poder volver por ahora, los problemas que hay en la compañía requieren de mi total atención —le digo por teléfono mientras le doy la señal a mi guarda espaldas que coloque a andar el auto. —La familia de Meydelin Zu–Him está muy ofendida por lo que hiciste —me regaña y yo suelto un suspiro exasperado—. Solo te bastó con terminar la ceremonia para que huyeras a América —agrega con dureza y cuando Hanks Su-hen se cabrea no hay quien se lo aguante. —Todos sabíamos que ese compromiso solo era un convenio para unir a nuestras compañías, así que ahora no me vengas a reprochar nada —replico. —Mucho cuidado en la manera con que te diriges a mi Ambrose —grita al otro lado de la linea—. Que no se te olvide que con un chasquido de dedos puedo hacer que te dejen en la calle —gruñe. Estoy harto que mi familia decida cuál será el siguiente paso que debo dar en mi vida, nunca he podido tomar una decisión por mi mismo sin que los demás interfieran y esto del compromiso arreglado fué la gota que rebasó la copa. Haber huido a América con la excusa de que la sucursal de Fortville está en graves problemas económicos es lo mejor que se me ha ocurrido. No pienso regresar por ahora, pero soy consciente de las consecuencias que esto conlleva. —Lo sé abuelo, en cuanto termine todo mis asuntos pendientes en este lugar, regresaré —miento. No pienso volver nunca. —Eso espero Ambrose, o de no me tocara ir por ti —me amenaza—. Y ya sabes que métodos utilizo para lograr mi cometido —agrega con dureza y luego cuelga. Lanzo mi teléfono móvil al haciento de al lado y recuesto mi cabeza al espaldar del asiento, froto con fuerza las manos en mi cara y suelto todo el aire por mi boca. Mi abuelo no me dejará en paz hasta que cumpla con lo pactado con la familia Su-Him, un compromiso que el mismo arregló y el cual yo nunca estuve dispuesto a asumir. Solo accedí a hacerlo por su amenaza de quitármelo todo y dejarme en la calle, pero en estos momento me estoy replanteando la idea de apañarmelas por mi mismo, creo que con todos mis títulos universitarios y los postgrados que tengo puedo valerme por mi mismo, lo único realmente malo es que con las influencias que tiene mi abuelo solo le bastaría con levantar una de sus manos para destruirme, por más que yo sea su nieto favorito si no cumplo con lo que el mismo a organizado, no le temblará la mano para hacerme sufrir. Desde que tengo uso de razón he hecho todo lo que mi abuelo me ha pedido, nunca lo cuestioné, nunca me negué a seguir sus consejos, siempre he querido ser como el. El jefe, para lograrlo tuve que pasar por encima de mis dos hermanos mayores y ser el preferido del abuelo ha influido mucho en que me deje a cargo de todas sus compañías. No pienso renunciar a todo lo que me ha costado construir, pero tampoco estoy dispuesto a estar unido de por vida con una mujer que no amo. Yo sería infeliz y haría todo lo posible por hacer un infierno la vida de Mey, siempre a sido como un dolor en el culo, siempre caprichosa, pataletosa y un fastidio en total. La detesto, porque hizo todo lo posible por amarrarme, consiguió convencer a su padre para que luego este convenciera a mi abuelo en unirnos en un compromiso que yo no veía necesario para la fusión de nuestras compañías, ella es una experta envolviendo a la gente, pero conmigo se equivocó, solo alguien con la capacidad de ser igual que ella no caería en su red y ese soy yo, un hombre habilidoso, suspicaz e inteligente. Hace falta mucho más que una cara Bonita y piernas de infarto para impactarme, no creo en esa mierda del amor y tampoco me gusta el compromiso. Si follo lo hago con quien a mi me da la gana y cuando me apetece. —Necesito un café antes de llegar al museo —digo refiriéndome al guarda espaldas—. Para en la cafetería más cercana y comprame un expreso bien cargado y sin azúcar. —Si señor —murmura el hombre que conduce. Poco minutos después paramos frente a un lugar llamado "Margaret Meals", el hombre que conduce baja la ventanilla del auto y le pide a una de las meseras el café, la chica toma la orden de inmediato y entra al establecimiento con prisa. El lugar está desierto así que no le toma mucho tiempo llegar con mi orden, bajo la ventanilla del asiento en donde estoy sentado para recibir el café yo mismo y en cuanto me ve cae de bruces al suelo tirándose todo el café encima. Coloco los ojos en blanco por la torpeza de la chica y al ver que el inútil de mi guarda espaldas no se mueve decido actuar por mi mismo, no acostumbro a ayudar a desconocido, pero da un poco de pena ver como la chica se debate entre levantarse del suelo o limpiar de su enrojecida piel el café hirviente que se ha echado encima. Además, soy un caballero ante todo. Le estiro mi mano para ayudarla a levantar y la peliroja me observaba indecisa, no espero a que ella reaccione cuando la tomo por uno de sus brazos y la levanto sin perder el tiempo. —Debe tener más cuidado —pronuncio observando la piel de sus pechos que ha comenzado a ampollarse, deslizo la vista hacia su rostro y al observarla me invade una extraña sensación de haberla visto antes. Tal vez debe ser por las veces que he pasado por este mismo camino cuando hemos recorrido el trayecto hacia el museo. —Descuide, la próxima lo tendré —pronuncia avergonzada y sus mejilla enrojecen cuando sus ojos de color verde se encuentran con los míos. No sé puede negar que la mujer es toda una belleza americana, sus labios carnosos y su piel extremadamente blanca con una leve capa de pecas gritan por ser devorados, pero este no es el momento ni el lugar de pensar en estas cosas, entre abre su boca para decir algo, pero la cierra cuando uno de mis guarda espaldas se acerca a mi y se detiene a varios pasos de distancia. —Señor, se le hace tarde para su reunión —me informa con respeto y yo lo miro de soslayo. —Voy en un momento —le respondo de manera seca y este se retira dándome un asentimiento—. Me debe un café señorita —pronuncio detallando a la sexy peliroja que se ha quedado como una estatua frente a mi y después de asimilar mis palabras, ingresa de nuevo al lugar y me supongo que es para traer una nueva orden. Me dirijo al auto y el hombre que me escolta me abre la puerta trasera para que ingrese, me acomodo en el asiento de atrás a esperar por minorden y cuando la chica peliroja vuelve a traer el café es el escolta, el que lo recibe esta vez. —Dale el dinero y ya vámonos —digo mirando mi teléfono y este le estira un billete a la chica. —No traigo cambió, podría esperarme un momento señor Su-hen —pronuncia mi apellido y levanto mi mirada para verla. Yo nunca me presenté y que una desconocida conozca mi apellido me causa desconfianza. —Que se quede con el cambio —pronuncio mirándola de reojo—. Ya vamonos, es tarde —agrego y mi guarda espalda asiente. —Señor Su-hen, espere... —escucho pronunciar a la mujer, pero no me quedo para saber que quiere. Le pido a mi escolta que arranque y este coloca a andar el vehículo, miro por el retrovisor y veo a la chica parada en la mitad de la calle, ¿qué catajos quería? No lo sé, pero no me gustó para nada la seguridad con la que me llamo por mi apellido y esa extraña sensación de haberla visto antes vuelve de nuevo. —El café americano es horrendo —pronuncio asqueado después de escupir el sorbo que antes había tomado—. Recuérdame no volver a ir a ese lugar, es el peor café que me he bebido —limpio mi boca con un pañuelo que saco del bolsillo interno de mi traje. No entiendo como una chica tan bonita puede preparar con esas manos algo tan horrible, sin duda lo que tiene de hermosura le falta de experiencia para preparar un simple café. Dejo de lado los pensamientos que tengo aún sobre la chica peliroja y me centro en lo que he venido a negociar con el director del museo. —Señor Su-hen, es un gusto volverlo a tener de nuevo aquí —dice el señor King cuando me ve ingresar a su oficina. —A mi también me da gusto —le respondo aunque no sea cierto, mientras aliso mi traje. —¿Qué lo ha traído de nuevo por aquí, creí que todo ya estaba claro cuando firmamos el contrato? —inquiere. —Vengo a renegociar los términos —digo sin perder el tiempo y el me invita a tomar asiento en una de las dos sillas que hay delante de su escritorio. —¿Renegociar? —Si —aseguro—. Quisiera que el museo colocara una publicidad en todo el frente en donde toda la atención se centre en las industrias Su-hen —le explico—, esa será la primera publicidad de las muchas que acordamos —agrego. La cara del señor King se desencaja al escuchar mis palabras y su semblante amable cambia a uno muy serio. —La única publicidad que obtendrá por parte del museo, será la de la del día de la exposición. Tengo entendido que al exponer la colección de autos antigua que posee su familia es suficiente para hacer entender a todos los que vengan a observarla que su industria es la mejor —me aclara. —No es suficiente señor King —replico—. Recuerde que los ejemplares de mi colección de autos son únicos en existencia y es un gran riesgo que yo los mueva de donde los tengo resguardados, solo para prestarlos al museo —me levanto de la silla—. Así que si no cambia de opinión, yo no estoy dispuesto a correr el riesgo de traer mi valiosa colección a este lugar —agrego. —Lo siento mucho señor Su-hen, pero esa es la única publicación que obtendrá del museo —se mantiene firme—. Y recuerde que hemos firmado un contrato, sería muy deshonroso para su familia romper un contrato tan importante como este solo porque a usted se le dio por exigir cosas que estaban fuera de lo pactado. Aprieto mi mandíbula con rabia ante lo mencionado, detesto que alguien me lleve la contraria y no soy un hombre al que le gusta perder. —Espero que cambie de opinión señor King, sería una pena que tuviera que devolver todo el dinero de la preventa de boletos que ya ha hecho —pronuncio con tranquilidad mientras avanzo hacia la puerta—. Creo que a mi familia no le importaría pagar lo de la cláusula si les digo que era un mal contrato. —Esto es una ofensa señor Su-hen —dice el señor King colocandoce de pie—. Muchos como usted han llegado exigiendo más de lo acordado y créame no han podido lograr su cometido —apoya sus manos sobre el escritorio con molestia—. Me veré en la penosa situación de hablar con el señor Hank Su-hen, creo que la amistad que mantuvimos en el pasado lo hará recapacitar —agrega y maldigo mentalmente. Mi abuelo endurecerá conmigo más de lo que está si se entera que he ofendido a uno de sus amigos. Pero no debo demostrar miedo ante Graham King, yo siempre consigo lo que me da la gana y me interesa si él le va con el chisme a mi abuelo. —Haga lo que quiera, ya he puesto las cartas sobre la mesa —digo abriendo la puerta—. Usted verá si las toma o las deja. Ya antes me he salido con la mía y no pienso ceder, el abuelo entenderá mis razones, soy quien soy gracias a lo que el mismo me ha enseñado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD