POV MADELINE
—¿Aún no has encontrado un modelo para crear tu obra? —inquiere el profesor King mientras me mira con los codos apoyados en el escritorio de su oficina.
—No hay nadie que encaje con las cualidades que exijo —respondo en voz baja.
Me avergüenza que sea la tercera vez en este mes que el profesor me cite en su oficina para tener la misma conversación, me tomo muy enserio mi trabajo y para crear una obra de arte se necesita el mejor material visual y ese ya lo tengo, pero aún no sé como lo voy a convencer para que pose para mi.
—¿Sabes que eres la única que aún no tiene modelo?
—Si —respondo.
—¿Y que estás esperando? ¿A aplazar otros seis meses más la entrega del último cuadro? —inquiere preocupado—. Sabes que esto no está permitido, sin embargo, te lo he dejado pasar porque considero que eres una de las mejores estudiantes que he tenido —proclama—, tu técnica es exquisita a la hora de plasmar tus ideas en el lienzo, pero al parecer toda esa inspiración se te ha ido. Pensé que con enviarte al museo para que hicieras tus pasantías te ayudaría, pero ya veo que no —su tono de voz es decepcionado y la opinión del profesor King es muy importante para mi.
Desde que llegué a Fortville, el ha sido el único que me ha apoyado cuando nadie más creía en mí y que el profesor King me hable de esta manera solo me hace sentir mal.
—En realidad ya tengo a alguien —suelto de repente—. Solo que aún no le he dicho —agrego y el coloca sus ojos en blanco.
—Pues más te vale que te apresures —me regaña—. Te daré plazo solo este semestre para que entregues tu trabajo final, si en dicha fecha aún no me has enviado nada, me veré entonces en la penosa situación de reprobarte —me informa y eso es un golpe bajo para mi.
—No por favor —le digo colocandome de pie—. Prometo que en menos de seis meses haré mi trabajo y usted se volverá a sentir orgulloso de mi —agrego con mis ojos llenos de lágrimas y el se levanta para abrazarme.
—Sé más que nadie por las cosas terribles que has tenido que padecer y con más razón debes esforzarte el doble —pronuncia mientras me abraza fuerte y deja un pequeño beso en la coronilla de mi cabeza—. Debes demostrarle a esos que no creyeron en tu talento que eres más que una chica que pinta cuadros y esculpe figuras en piedra. Eres una artista y estoy convencido que en unos años, serás la pintora más reconocida de la ciudad —agrega y luego me suelta—. Ahora largo —se vuelve a sentar en su silla giratoria y comienza a llenar algunos papeles.
Me despido de él y salgo de su oficina. Afuera se encuentra Martha, la secretaria del profesor King y en cuanto me ve, sonríe de manera dulce como siempre lo ha hecho desde que vine a estudiar a la universidad de Fortville, ella es una de las pocas personas amables con las que me he tropezado en este lugar y antes que me marche me pide que me acerque a su cubículo.
—¿Ya supiste de la nueva exposición de autos que habrá en el museo? —dice emocionada y yo asiento.
—He escuchado que el museo se vinculará con una industria automotriz para que esta le preste algunos autos, para la nueva exposición —le informo y ella me sonríe ampliamente.
—¿Y ya viste lo guapo que es el nuevo socio del museo? —inquiere coqueta y yo coloco mis ojos en blanco.
Martha es la propia mujer guapa que a duras penas llega a los treinta años y ya se ha cogido a media universidad. Que me esté preguntando por el nuevo socio solo quiere decir que ya le puso el ojo al pobre tipo y sabiendo de los alcances que esta tiene junto a sus atributos, no le será difícil liarse con quien ella quiera y cuando ella lo quiera.
—No y la verdad no me interesa —digo tajante mientras camino por el pasillo para abandonar esa área, puedo ver sus negras intenciones y no me utilizará como puente para llegar a su cometido.
—Lástima —se queja—. Me hubiese gustado mucho conocer a Ambrose Su-hen en persona, quien quita y me sacaba de pobre si lograba enredarme con él —agrega de manera pesarosa y freno mis pasos de inmediato.
—¿Qué acabas de decir? —inquiero girandome de manera brusca y ella me mira con extrañada.
—¿Acaso estas sorda Madi? —responde—. El hombre que dirige las industrias Automovilísticas "Chǐlún Su-hen" será el mismo que firme el convenio con el museo —agrega y siento que mi corazón se saldrá de mi pecho en cualquier momento.
Mi área está ubicada en el ala este del museo, donde se encuentran las esculturas y los cuadros más antiguos, la sala de al lado será la que destinaran para la exposición de autos y el día que la inaguren yo estaré ahí.
Será la única oportunidad que tenga para acercarme a él. ¿Pero qué rayos le diré? No solo puedo llegar y decirle que quiero que pose para mi, de seguro antes que pueda acercarme a él, un grupo de sus guarda espaldas se me tirarán encima y es más probable que muera asfixiante antes de poder dirigirle la palabra.
Aún me quedan algunos días para planear lo que haré y sin duda utilizaré todo lo que esté a mi alcance para lograr convencerlo.
—Tierra llamando a Madeline —pronuncia Martha chasqueando sus dedos frente a mi cara y tengo que espabilar varias veces para salir de mi ensimismamiento.
—Lo siento, recordé algo muy importante que debo hacer —me disculpo y me giro sobre mis talones para abandonar la sala.
—¿Me ayudaras a colarme en la fiesta, cierto? —inquiere Martha algo desesperada.
—Lo siento, no puedo hacer nada por ti —digo mirandola por encima de mi hombro mientras me alejo y su rostro se descompone—. Pero no te preocupes, si me dejan llevar a algún acompañante, te avisaré —miento y esta ensancha una sonrisa.
Si no le doy alguna esperanza de seguro no me la podré quitar de encima hasta que logre lo que quiere y creo que ahora mismo tengo problemas más importantes que resolver para estar aguantandome las alborotaciones de Martha.
Salgo del campus a toda prisa y me dirijo a la cafetería en donde trabajo medio tiempo, reunirme con el señor King me va a causar que llegue tarde por tercera vez en este mes, espero que la señora Margaret esté de mejor humor que ayer y comprenda que sus trabajadores también son personas que tienen inconvenientes de vez en cuando y no robots que siguen sus órdenes al pie de la letra.
Quisiera empezar a vivir de lo que tanto me ha costado estudiar, pero en una ciudad en donde las oportunidades son escasas, lo único que me queda es sobrevivir con lo que tengo.
En las mañanas voy a la universidad y le ayudo al señor King a guiar a los estudiantes nuevos por medio de tutoría, al medio día hasta las cuatro de la tarde trabajo medio tiempo en una de las cafeterías del centro que quedan cerca del museo y desde las cinco hasta las nueve de la noche trabajo en el museo haciendo mi pasantía. No me queda mucho tiempo libre y en el poco que me queda me la paso espiando al hombre que me hace suspirar con solo imaginarmelo plasmado en uno de mis lienzos.
Tiene que ser él y nadie más, él es el único que cumple con todo lo que quiero plasmar en mi lienzo, su rostro perfilado es el único que quiero grabar con cada pincelada y si no es él, entonces habré fracasado como artista.