—¡Qué terrible descubrimiento! —Rosie sirvió dos vasos de gin & tonic con hielo—. Pero, ¿qué te hizo mirar hacia allá en primer lugar? ¿Quieres que nos sentemos afuera mientras todavía no hace frío? Toma, cariño.
—Gracias. —Charlotte tomó ambos vasos y siguió la silla de ruedas de Rosie hacia la mesa en el exterior. Una vez que Rosie se hubo acomodado en un extremo, Charlotte le entregó un vaso y tomó asiento a su derecha. Recibió el primer sorbo con agrado. Más de lo esperado. Dejó que llegara a su estómago y lo calentara antes de recordar la pregunta de Rosie.
—Fue un truco de la luz, supongo. La luz del sol sobre el matorral a la hora correcta y allí estaba, un sendero de flores.
—¿Qué clase de flores? ¿Dónde estabas?
—Oh, Trev me ayudó a mover el armario y la ventana ofrece una maravillosa vista del bosque que está detrás de la librería. Cerré la ventana luego de hacer la limpieza. Y eran margaritas. Creo. Mira, tomé algunas fotos.
—Desde luego que las tomaste. —Los labios de Rosie se curvaron hacia arriba.
—Bueno, tú sabes que lo hago. —Charlotte buscó hasta que encontró un par que había tomado bastante lejos del claro—. A lo largo del camino hay varios grupos de estas. —Le mostró el teléfono.
Rosie usó su dedo y pulgar para ampliar la imagen.
—Definitivamente son una especie de áster. Si me traes una, podría saber de cuál se trata, si es de importancia.
«¿Era importante? Quizás, era demasiado temprano en la investigación».
—Reconozco esa mirada en tu rostro. Tal vez no tengas la libertad de hacer tu propia investigación con Trev en el pueblo. —Rosie extendió una mano hacia Mellow, uno de sus gatos, que había salido de la casa. Mellow saltó a su regazo con un ronroneo—. Pero al menos yo pasaré menos tiempo preocupándome de lo que estás tramando.
—¿Yo? Siempre actúo con seguridad, Rosie.
La incredulidad en el rostro de Rosie fue suficiente para hacer reír a Charlotte.
—¿Debo contar todas las veces que te pusiste en peligro en los pocos meses que has vivido en Kingfisher Falls?
—No. En realidad no tienes que molestarte con eso. La cena huele deliciosa.
—Como debe ser. Me estabas hablando sobre haber visto las flores.
Charlotte le dio a Rosie una versión editada de los eventos que llevaron a dejar a Trev solo en el claro.
—Eventualmente, le llevé café a Trev y Bryce y todavía estaban esperando por la llegada de alguna unidad. Estaba oscureciendo y Trev insistió en caminar conmigo casi hasta la casa.
—Bien hecho.
—Yo soy bastante capaz de caminar por un sendero, Rosie. —Charlotte terminó su bebida, sin poder creerlo. Por muy independiente que fuera, su presencia en la oscuridad había sido bien recibida. La persona que había colocado la guirnalda podría estar cerca. Observando. Y con intenciones no muy buenas. Había ido directo a la habitación de atrás y lo saludó; había esperado al borde del bosque.
—Excepto que ahora podríamos tener otro asesino suelto. Y tú, cariño, eres demasiado especial para ponerte en peligro. —Rosie apoyó una mano sobre la de Charlotte—. Debería ir a revisar la cena.
—Oh, déjame hacerlo. Y llenaré estos vasos, si quieres. —Llevó ambos vasos a la cocina. En el horno había una enorme cacerola de cerámica. Charlotte la levantó, sorprendida por su peso. Cuando retiró la tapa, deliciosos aromas de hierbas y vegetales se elevaban con el vapor. Su estómago rugió como respuesta mientras lo revolvía.
—¿Podrías encender la olla arrocera? —pidió Rosie desde la terraza.
Después de revolver la cena, Charlotte devolvió la cacerola al horno y revisó que la olla arrocera estuviera lista para ser encendida. Después de hacerlo, preparó las bebidas y se reunió con Rosie.
—¿Qué hay para cenar? Se ve y huele fantástico.
Rosie resplandeció.
—Una de mis recetas originales. Acostumbraba prepararla una vez a la semana y los chicos la bautizaron frijorola. Graeme y Trev lo devoraban después de un partido de críquet, sin embargo es muy sencillo. Vegetales tubérculos y de la mayor variedad posible. Una cabeza de ajo completa. Hojas de romero del árbol en el patio. Un puñado de romero y una pizca de semillas de comino. Tomates. Y frijoles rojos o garbanzos, o incluso lentejas. Lo que tuviera a la mano. Luego le colocas yogurt natural encima.
—No puedo esperar.
—Por la comida casera y la buena compañía. —Rosie levantó su vaso.
—Y por no tener que esperar mucho. —Charlotte sonrió.
Tintín.
Tintín.Trev se dejó caer contra la pared junto a la puerta principal, mientras revisaba sus bolsillos en busca de las llaves. Tenía una hora para tomar una ducha, comer y regresar al claro para sentarse y vigilar toda la noche.
«Cuidando un alma perdida».
La risa lo alcanzó y sonrió. En un día como este, escuchar reír a su madre y a su… lo que sea que Charlotte fuera, era mejor que ganar la lotería. Un recordatorio de lo que tenía. La felicidad en su vida. A diferencia de la pobre persona, o restos de persona, que estaba en el bosque.
Dejó de buscar las llaves. Un gruñido desde sus pies lo hizo bajar la mirada.
—Señor Mayhem, ¿por qué no estás con tu hermana? —La cola de Mayhem ondeaba de lado a lado con disgusto y fulminó a Trev con la mirada.
Trev golpeó la puerta.
Charlotte la abrió, la bienvenida en su rostro daba calidez a su corazón. Entonces, sus ojos bajaron hasta el gato enojado y ella arqueó las cejas.
—Por favor, ambos, pasen adelante. —Retrocedió un paso y Mayhem pasó por su lado sin reconocer su existencia.
—Justo a tiempo, cariño. La cena estará lista en diez minutos. —Rosie avanzaba por el pasillo con Mellow sobre su regazo—. ¿Te quedarás?
—Debo regresar en una hora aproximadamente. ¿Hay suficiente tiempo para tomar una ducha antes de cenar?
—Anda. Cenaremos frijorola.
—La mejor noticia en todo el día. —La besó en la mejilla—. Regreso enseguida.
Una ducha caliente y un uniforme limpio después, Trev siguió su olfato hasta la cocina. Su madre daba instrucciones a Charlotte sobre cómo preparar la mesa y ambas reían. Reían de verdad. Tal vez los vasos vacíos en la barra habían contribuido. Él las observó sin que lo notaran, consciente de que estaba sonriendo y no pudo hacer nada más que disfrutar su interacción.
El año pasado había llevado a Charlotte para visitar a su Mamá. Se habían entendido bien desde el primer momento y antes de saber lo que había sucedido, la mujer que quería conocer mejor se había marchado para trabajar con la mujer que conocía mejor. Se había aferrado a la promesa de un futuro, sin saber jamás cómo ayudar a que se hiciera realidad. Pero era Charlotte con su extraordinario sentido del bien y el mal quien había hecho girar las ruedas sin darse cuenta.
—Luego una cucharada… no, eso no es una cucharada. —Rosie tomó la cuchara que Charlotte sostenía y sacó una enorme cucharada rebozada de cremoso yogurt—. Eso, cariño, es una cucharada.
—Ella tiene razón —dijo Trev anunciando su presencia—. Ahora, ¿puedo llevar esto afuera?
Charlotte lanzaba miraditas a Trev. Había algo en su expresión, en sus ojos, que ella no estaba acostumbrada a ver y eso la preocupaba. En la superficie todo estaba normal. Él mantenía bien controlado lo que borboteaba debajo de su actitud normal y relajada. Él era una personal calmada por naturaleza. Había estado con él en momentos de presión extrema y siempre había mantenido un sentido de control. Este descubrimiento lo había agitado.
—¿Piensas que queda mejor agregando nabos? —Rosie estaba concentrada en su comida, pinchando los vegetales con su tenedor y revisándolos—. No estaba segura, pero este año crecieron algunos y pensé…
—Mamá, me encanta. —Como para demostrarlo, Trev llenó su boca.
—Oh, está bien entonces. Son nabos bebé así que tienen un sabor dulce. Eso creo.
—Rosie, esto está más que delicioso. Y ahora que sé cómo prepararlo, voy a practicar una vez a la semana hasta que quede perfecto. —Charlotte tomó de una copa de vino que había servido Trev para ella y Rosie. Él iba por su segundo vaso de agua.
—Bien, bien. De todas formas, Trevor, ¿seguramente no estarás allá afuera toda la noche? —La voz de Rosie delataba su preocupación—. Solo no.
—Solo no, Mamá. Pero debemos asegurar que el lugar no sea alterado. Estamos preparados para todo. Tenemos toldos en caso de que llueva. Hay reflectores instalados. Incluso tenemos mucha comida y café.
Rosie gruñó.
—¿Llamas a eso comida? ¿Qué te parece si te doy lo que quedó para que te lo lleves?
—Porque no estoy en la escuela. —Trev sonrió y se inclinó para besar a Rosie en la frente—. Aunque gracias. Pero ya tengo tiempo en este trabajo.
—¿Cuántos esqueletos encontraste en River’s End? —Rosie agitaba el tenedor hacia Trev—. Ninguno, supongo. No, esto es Kingfisher Falls convirtiéndonos a todos en investigadores.
Los ojos de Charlotte volaron de Rosie a Trev, quien a su vez, miró a Charlotte.
—¿Qué? —preguntó ella.
Él consultó su reloj.
—Debo regresar. Mañana tomaremos tu declaración, ¿de acuerdo? Sobre lo que encontraste y todo eso.
—Desde luego.
«¿Y?»
—Sé que eres curiosa y te gusta resolver rompecabezas, pero es necesario que seas paciente. Deja que los demás hagamos nuestro trabajo.
—Soy paciente.
Hasta Rosie rió.