Lara abrió la puerta y la abrazó, luego la llevó a lavarse la cara. —Amiga, ¿qué pasó? ¿Estás bien? —Sí, estoy bien. —Te incomodó ese tema, ¿no? —No quiero seguir jugando. —No pasa nada. —¿Estás bien? —preguntó Luana cuando volvieron—. Lo siento, hice esa pregunta porque me pareció divertida. —Está bien, solo creo que la bebida me revolvió el estómago —dijo con una risa forzada. —Bueno, me alegro de que eso fuera todo, lo siento. —No te preocupes, de veras. Los chicos no entendían nada de lo que había pasado y, antes de que alguien dijera algo, Lara tomó la delantera y cambió de tema. —¿Qué tal si nos tiramos a la piscina? Hace calor, vamos a despedirnos de este lugar precioso. —Claro que sí, nena —la apoyó Caio. Se quitaron la ropa para quedarse en traje de baño y saltaron al

