+++++++++++++ El zumbido del teléfono me despertó de golpe. Todavía era día, pero no tanto como para que me extrañara que Valentina llamara desde Londres. Mi hija era lo mejor que había hecho en esta vida, aunque lo hubiese hecho con la mujer más egoísta y ausente que conocí. Deslicé el dedo por la pantalla y contesté la videollamada. —¿Papá? ¿Estás despierto? —me dijo Valentina, con el fondo de una habitación elegante y fría, muy a lo "estilo Charlotte", su hermana por parte de madre. Me acomodé contra el respaldo de la cama, aún medio dormido, el torso desnudo y la voz ronca. —Hola, princesa. Siempre despierto para ti. ¿Todo bien? —No... —puso los ojos en blanco—. La fiesta oficial de Charlotte no fue ayer, papá. ¡Es hoy! Mamá se confundió, como siempre, y ahora tengo que volver a

