+++++++++ El sol apenas rozaba los ventanales cuando abrí los ojos. Estaba en mi cama, desnudo, con el cuerpo adolorido en la forma exacta en que Allegra me había dejado la noche anterior. Las sábanas todavía olían a ella. Giré el rostro y me encontré con su espalda desnuda. Estaba ahí, dormida, como si siempre hubiese pertenecido a mi cama. Su cabello enredado sobre la almohada, su piel ligeramente dorada bajo los primeros rayos del día, su respiración suave, tranquila, como si no cargara ninguna culpa. Pero yo sí. Me levanté en silencio, con una sensación extraña clavándose en el pecho. Me acerqué a la ventana y la abrí apenas. Afuera, la Toscana despertaba. Y yo… yo me sentía como un adolescente escondiéndose de su padre, no como un hombre hecho y derecho que se había cogido a la m

