+++++++ —¿Estás segura? —le pregunté, con la voz cargada de todo lo que sentía, de la guerra que se libraba dentro de mí, entre lo correcto… y lo que simplemente deseaba. Ella me miró fijamente. No bajó la vista. No vaciló. Solo asintió. Firme. —Sí, Uriel… estoy segura. Más segura que nunca. Sus palabras me golpearon como un relámpago. Me alejé unos pasos, despacio, sin dejar de mirarla. Comencé a quitarme la camisa, desabotonando uno a uno los botones con manos que ya no temblaban de duda, sino de ansias contenidas. Vi cómo sus ojos me seguían. Sus labios se entreabrieron cuando mi torso quedó al descubierto. Sus pupilas se dilataron al ver los surcos marcados en mis músculos, los tatuajes, las cicatrices que contaban historias que ella todavía no conocía. Me quité los pantalones. Mi

