—Sí, mucho. Uriel ha sido… especial. —No iba a decir “mejor que un spa, que el chocolate caliente y que el karma haciendo justicia a mi ex”. Me controlé. —Me alegra oír eso. Escúchame, te llamo porque estaba pensando… me gustaría que asistieras a las reuniones con Uriel. Hay una empresa allí que quiero que dirijas. Yo parpadeé. ¿Perdón? —¿Qué? ¿Papá, estás hablando en serio? —Sí, mi niña. Cuando te sientas bien, puedes avisarme. Le daré la orden a Uriel antes de que regrese. —¿Qué regrese? —pregunté, sintiendo que el corazón me daba un vuelco. ¿A dónde? ¿Cómo? ¿Por qué? —Sí, mi amor, él tiene que regresar a su trabajo. Y ahora que sé que te quedarás ahí, quiero que dirijas una de mis empresas. Una pequeña, pero importante. Y ahí fue cuando tragué grueso. Esa clase de tragos que sabe

