+ALESSANDRO+ Estaba revisando unos informes en mi computadora, la pantalla dividida entre balances, contratos y uno que otro correo importante que no podía seguir postergando. El despacho de casa era el único rincón donde todavía podía fingir que todo estaba en orden, donde el caos sentimental que me rodeaba quedaba fuera de esas paredes cubiertas de madera oscura y olor a whisky añejo. Fue entonces cuando la puerta se entreabrió sin que yo diera permiso. No me sorprendió. Solo una persona se atrevía a hacer eso sin previo aviso. —Hola… ¿puedo pasar? —preguntó Allegra con ese tonito suyo, entre inocente y provocador, como si la simple pregunta ya no tuviera sentido porque estaba entrando igual. Dejé lo que estaba haciendo. Literalmente pausé el mundo. —Claro, pasa. Ella cerró la puer

