Me miró. Con esos ojos tan de él. Esos ojos que han visto cosas que yo no sabría ni cómo imaginar. —Nada —me dijo. Tan simple, tan directo, tan… ¿honesto?—. No voy a hacer nada. Puedes seguir trabajando donde quieras, hacer lo que te dé la gana. Si quieres, te doy un apartamento, sin nada a cambio. Solté una risa que no era precisamente de alegría. —¿Desde cuándo los hombres dan apartamentos sin pedir nada a cambio? ¿Estás enfermo? Me miró con una mezcla de fastidio y ternura. —Valentina… no todos somos como él. Bufé. Claro. La frase típica. Me la han dicho tantos imbéciles que ya suena a ringtone. —Mira —dije, rodando los ojos y cruzándome de brazos—. Me voy a quedar aquí. Y sí, quiero vengarme de Charlotte. Quiero estar con su hombre. Quiero que me vea. Que sufra. Que sienta lo qu

