Había percibido su verdadero aroma hacía muchos años, cuando era niña. Era un aroma agradable entonces, un aroma delicado que le había hecho sonreír con su frescura e inocencia. Ahora era una mujer, y aunque su aroma evocaba esas mismas emociones, la pubertad le había aportado un nuevo toque. La madurez de una mujer se entretejía sutilmente en las lilas, cambiándolas lo justo para golpearlo con fuerza en el estómago. Se maldijo por haber dejado de hacer guardia hacía tantos años. Habían pasado casi veinte años desde que escoltó a un Vârcolac cuando abandonaron el recinto de la manada. Había dejado a Karn a cargo de la protección de Liliana. De no haberlo hecho, habría sabido... ¿saber qué? No sabía qué demonios estaba pensando en ese momento. Solo sabía que tenía que ocultar su olor ante

