Él no me dio tiempo a pensar, a decidir si debía ceder o resistirme a esa tentación peligrosa que me ofrecía. Sus manos me atraparon de nuevo, su fuerza inconfundible, y antes de que pudiera procesarlo, ya me había atraído hacia él, hundiéndome en su abrazo posesivo. La música seguía golpeando con fuerza en el aire pesado del club, las luces parpadeaban, y la multitud nos rodeaba, ajena al caos interno que se desataba en mí. Sentí su respiración en mi cuello, cálida y agitada, y supe lo que venía. No era la primera vez que sus labios reclamaban los míos con esa intensidad feroz, pero siempre lograba sorprenderme, siempre conseguía encender algo en mí que ni siquiera sabía que existía. Y ahí estaba, en medio de ese mar de gente, con mi cuerpo entregado al suyo, sus manos moviéndose con una

