Eloísa abrió la puerta de su apartamento con la misma mezcla de vergüenza y alivio que sintió cuando volvió a su cuerpo, todavía estaba procesando el hecho de que técnicamente había muerto, aunque sea por error administrativo y que ahora tenía que convivir una semana con el hijo de la Parca para evitar que su alma “caducara”.
—Bueno… este es mi hogar,—murmuró, encendiendo la luz.
Sebastián observó a su alrededor el apartamento era cálido, con muebles funcionales, lo único que desentonaba era el arbolito de navidad... diminuto, de unos treinta centímetros, ubicado sobre la barra de la cocina, tenía tres esferas, una guirnalda y una estrella torcida.
--- ¿Eso es tu decoración navideña?,--- pregunto Sebastián con cierta curiosidad en su rostro.
--- Es suficiente, la navidad y, yo no nos llevamos bien, mucho brillo, mucha gente diciendo feliz todo y sonando cascabeles me irrita-- Eloísa se encogió de hombros
--- Tú le caerías bien a mi padre, ¿la estrella inclinada?--- río Sebastián
--- Bueno, así estaba cuando lo compre, me dio pereza arreglarla y se ve realista--- respondió Eloísa
--- Realista... esto es fascinante,--- Sebastián miraba con curiosidad
--- No empieces, estás sonando como mi madre,--- dijo Eloísa mirándolo que no se movía del lugar donde estaba parado.--- oye te sentaras o te quedaras ahí como estatua,---
--- Yo.. he.. sí... si sentarse suena bien,--- se dejó caer en el sillón frente a Eloísa
Se veía incómodo, como si no supiera qué hacer con su cuerpo, claro para ser el hijo de la Muerte, parecía sorprendentemente poco habituado a los espacios humanos.
Eloisa suspiró, tenían mucho que practicar y solo un día para que pareciera que realmente eran pareja. Para que su familia les creyera, mirando a Sebastián, Eloisa sintió que sería una tarea difícil, si era guapo pero faltaba algo...
Bueno, la carta del Más Allá lo había dicho, “Provisorio aprobado, para que su alma regrese definitivamente deberá permanecer junto a su pareja por una semana. Feliz muerte.” Y la parte final… “Posdata: pueden ocurrir fallas,no se alarme, tenemos un virus en el sistema.”
"Fallas, como si fuera una app."
Ella se frotó las sienes.
—Está bien, tenemos que crear una historia creíble. Mis tías me van a investigar como si fueran el FBI. Mi abuelo directamente tiene un polígrafo portátil.—dijo Eloisa.
—¿Tu familia es así de intensa? —preguntó Sebastián, acomodándose.
—Intensa es poco, si creen que estoy con alguien, van a querer saber desde qué día exacto nos conocimos, qué comí ese día y cuánto tardé en decidir que me gustabas.— respondió Eloisa
Sebastián asintió con seriedad solemne.—Entonces debemos ensayar.—
—Bien. ¿Dónde nos conocimos? —Eloisa se sentó frente a él con una libreta.
—Podría decir que te salvé la vida…—respondió Sebastián
—¡No!... No podemos contar eso, Sebastián, no puedo decir “Ay sí, este es mi novio y me conoció cuando accidentalmente me llevó al Más Allá.” Si dices que me salvastes la vida mi familia diras que estamos predestinados, el destino nos unió, —lo interrumpió ella.
—Tiene lógica... lógica humana, claro.—reconoció él.
Pensó unos segundos, luego se iluminó.
—¿Y si decimos que nos conocimos en una librería?— dijo Sebastián
—¿Tú lees? —preguntó Eloisa alzando una ceja.
—He leído todos los archivos de la humanidad desde el año uno, técnicamente es lectura.— respondió Sebastián orgulloso.
—Entonces un “no”.— dijo Eloisa
—Correcto.— respondió Sebastián
—Busquemos algo más creíble ¿Supermercado?— dijo Eloisa.
—¿Qué hacía yo en un supermercado?— preguntó Sebastián mirándola.
—Comprando galletas, no sé. ¿Los hijos de la Parca no comen?— Eloisa lo miró con curiosidad.
—No necesitamos comer, pero podemos hacerlo, aunque las galletas dulces me dan migraña.— respondió Sebastián.
Eloisa lo observó.—¿La Muerte puede tener migraña?—
—No yo, mi padre, yo solo soy intolerante al exceso de glucosa energética.— respondió Sebastián
—Ya... Volvamos al principio. —respondió ella, sin entender absolutamente nada.
Pasaron diez minutos dando ideas absurdas, que se habían conocido en una clase de yoga (Sebastián no sabía lo que era el perro boca abajo), que se habían cruzado en un taxi (él nunca había usado un vehículo), que se habían conocido en una protesta (Sebastián preguntó si “protesta” era un animal).
Finalmente Eloisa soltó,—¿Una cafetería? Es sencillo, normal… seguro, yo trabajo cerca de varias, podría funcionar,—
—Perfecto, ¿Qué compré?,— preguntó Sebastián
—Un café.— respondió Eloisa
—¿Eso lleva glucosa energética?,— preguntó Sebastián, mirándola.
—No empieces otra vez.— respondió Eloisa
Él sonrió con inocencia.—Bien, me acerqué para pedir azúcar, pero tú ya te estabas llevando todas las bolsitas.—
Eloisa lo miró, ofendida.—¿Qué crees que soy? ¿Alguien que roba azúcar?—
—Es una observación estadística, el 70% de la gente que entra en cafeterías lo hace, además, me pareció gracioso. —respondió él, muy serio.
—Bien, cafetería, me estabas pidiendo una servilleta, no azúcar.— dijo Eloisa
—Acepto y yo dije algo encantador —añadió Sebastián con confianza repentina—. Como… “Tu presencia ilumina más que el sol”.—
—Ni de broma vas a decir eso.— respondió Eloisa
—¿Por qué no? Es poético.— preguntó Sebastián
—Es cursi y sospechoso,— respondió Eloisa
—Entonces probemos otra línea —dijo él, pensativo—. ¿Qué tal, “Hola, creo que se te cayó esto”?—
—¿Y qué se me cayó?— preguntó Eloisa
—No sé, algo, una pluma, una hoja, arreglaremos el detalle después.— respondió Sebastián
Ella le dedicó una mirada larga.—¿De dónde sacas estas ideas? Parece que hubieras visto todas las telenovelas del canal retro.—
Sebastián sonrió, orgulloso.—Vi todas, me ayudaron a estudiar emociones humanas y a mi mamá le gustan.—
—Explica por qué actúas como galán dramático —se burló Eloisa—. Bien,digamos que chocamos, literalmente, yo salía con mi café y tú estabas entrando y…—
—Nos miramos a los ojos —completó él.
—Sí, pero corta la parte de “tu alma brillaba como un lucero en la noche”.— dijo Eloisa
—Eso solo lo digo cuando me enamoro —respondió él tranquilo.
Eloisa se atragantó con su propia saliva.—¡No me digas que ya estás enamorado!—
—No —contestó él, encogiéndose de hombros—. Pero tú me pediste que actuara como tu novio. Estoy ensayando.—
Ella se frotó la cara.
—Dios… esto será una semana larguísima.— dijo Eloisa, masajeando la sien.