Eloisa cerró los ojos con desesperación, llena de angustia y ganas de llorar, llevaba demasiadas horas acumulando emociones y ahora estaba atrapada en un purgatorio administrativo donde todo olía a café viejo y papel húmedo.
Sebastián estaba acostumbrado a lidiar con almas, condenas y casos especiales, pero no con mujeres vivas que parecían estar a un microsegundo de estallar como una olla a presión emocional.
La mujer del mostrador los miró como si diera diagnósticos mortales todos los días. Con el mismo entusiasmo con el que alguien anuncia que se terminó el papel higiénico.
—Así que, si quiere acelerar el proceso… —dijo, acomodándose los lentes, como si aquello le diera un poder especial.
Hubo uns pausa tan larga que Eloisa sintió que podía escuchar su propio corazón, allá en su cuerpo, protestando por seguir esperándola.
—El señor Sebastián deberá figurar como su pareja hasta que el caso sea resuelto.— volvió a decir la mujer.
Silencio absoluto....
Sebastián pestañeó...
Eloisa pestañeó....
El gladiador al fondo gritó: “¡POR ROMA!”, pero eso no venía al caso.
Eloisa sintió que un nervio le temblaba bajo el ojo,
¿Pareja? ¿PAREJA? Ella apenas estaba procesando que estaba muerta temporalmente.
—¿Novio oficial? —susurró Eloisa, roja como un semáforo enojado.
—Novio oficial o el sistema rechazará la solicitud —confirmó la mujer, sin levantar la vista del monitor.
—¿El sistema? ¿Quién inventó eso?—repitió Eloisa, horrorizada.
—CUPIDO departamentotécnico, pero no hablemos de él, desde que empezó la Navidad está insoportable.—la mujer suspiró.
Sebastián cerró los ojos, haciendo un esfuerzo por no maldecir.—Está bien…Yo me hago cargo.—dijo finalmente, resignado.
Eloisa lo miró con una mezcla de sorpresa y terror, él le devolvió la mirada como diciendo tranquila, peor no puede ponerse.Ella sabía que, de hecho, sí podía.
La mujer estampó otro sello. ¡TAC!
Un sello dorado que brilló como si hubiera sido bañado en glitter celestial.
—Listo, pueden retirarse, que pasen una feliz muerte.—dijo, apilando el formulario bajo un cerro de papeles.
—¡Estoy viva! —protestó Eloisa.
La mujer ni parpadeó,—Y yo estoy de vacaciones en Cancún, todos tenemos sueños —respondió con la misma emoción que una piedra.
Sebastián tomó a Eloisa del antebrazo, su alma temblaba ligeramente, como una gelatina mal cuajada y la guió fuera del mostrador.
—No te preocupes, ser tu novio no puede ser tan difícil, solo es temporal.—intentó decir Sebastián, con una sonrisa que no convenció ni a un cactus.
Eloisa se detuvo, lo miró con la expresión de quien está a punto de contar una tragedia familiar.—¿Conocés a mi mamá?,—
—No.— respondió Sebastián
—¿A mi tía Margarita?— preguntó Eloisa
—No.— volvió a responder Sebastián
—¿A mis primas?— preguntó Eloisa
—Eh… no.— dijo Sebastián
Eloisa extendió el brazo y lo señaló, con una mezcla de lástima y dramatismo.—Pobrecito… no tenés idea.—
Sebastián abrió la boca para responder, pero un funcionario disfrazado de reno pasó corriendo detrás de ellos empujando un carrito lleno de almas confundidas.
El reno gritó, —¡ALMA PERDIDA EN EL PASILLO SIETE! ¡REPITO, ALMA PERDIDA EN EL PASILLO SIETE!—
Era un caos y era apenas lunes.
El Departamento de Reunificación del Más Allá estaba lleno de gente o almas, que parecían no tener muy claro qué hacían ahí. Algunos discutían con empleados, otros firmaban documentos eternos, y unos pocos simplemente lloraban porque era más fácil que entender la burocracia celestial.
Eloisa caminaba en puntas de pie, como si eso pudiera hacerla menos muerta.
Sebastián, en cambio, avanzaba con la seguridad de quien ya sabía que, sin importar lo que hiciera, sería su culpa.
—¿Y ahora? —preguntó Eloisa, abrazándose a sí misma.
—Ahora hay que esperar el llamado para la entrevista final del caso.—respondió él, revisando el formulario.
—¿Entrevista? —Eloisa abrió los ojos aún más.
—Sí. Para verificar que nuestra relación es… creíble —Sebastián bajo la voz
Eloisa parpadeó.—¿CREÍBLE? ¡Pero si ni nos conocemos!.—
—Bueno…Tendremos que practicar. —Sebastián se encogió de hombros.
Eloisa sintió que su alma se mareaba, literalmente, su aura oscilaba de un lado a otro como una lámpara colgante.
—¿Y mi cuerpo? —preguntó Eloisa en voz baja.
—Sigue en el auto, dormido, ligeramente chocado. No te preocupes, nada grave.— respondió Sebastián.
—O sea que estoy a mitad de un colapso emocional, técnicamente muerta, en un purgatorio que parece oficina pública, y tengo que fingir que sos mi novio para recuperar mi cuerpo.— dijo Eloisa
—Exacto.— respondió Sebastián
—Genial... esto es lo más navideño que me ha pasado en años.—gruñó Eloisa.
Mientras caminaban por el pasillo, Eloisa observó el lugar con más atención.
Había duendes administrativos revisando carpetas, fantasmistas ofreciendo “servicios espirituales premium”.
Un Santa Claus con ojeras sentado frente a una computadora Windows 95 y un grupo de almas recién llegadas que parecían haber salido de épocas completamente diferentes.
Era como si el universo hubiera decidido reunir todas las quejas del mundo en un mismo edificio.
—Entonces…¿por qué lo hiciste? —dijo Eloisa, frotándose las sienes.
—¿Qué cosa?,— preguntó Sebastián
—Aceptar ser mi… novio. — Eloisa, tartamudeó en la última palabra, aún incapaz de creerlo.
Sebastián suspiró.—Porque si no lo hacía, el trámite no se aceleraba, tu cuerpo está débil. Tiene poco tiempo antes de que… deje de esperar.—se aclaró la garganta.
Eloisa tragó saliva.—¿Moriría?—
—No me gusta usar esa palabra en horario laboral, pero si, —respondió Sebastián, intentando sonreír.
Eloisa se quedó quieta, ese era el problema con la verdad, dicha en voz firme dolía más, bajó la mirada.
Todo había comenzado porque había mentido, le había dicho a su madre que llevaría a su novio a la cena de Navidad.... un novio que no existía.
Uno que ahora tenía nombre, cejas expresivas y era técnicamente la parca o un mensajero del más allá.
Perfecto, Eloisa, simplemente perfecto, sintió los ojos arder, pensó ella.
Sebastián la observó, la postura, el brillo tenue de su alma, el temblor en sus manos.—No te culpe —dijo, suave.
—Sí es mi culpa, si no hubiera salido así, toda alterada… Si hubiera prestado atención… si no hubiera gritado como loca en el auto…—replicó Eloisa.
—Igual me habría equivocado —la interrumpió Sebastián.
Ella alzó la cabeza.—¿Qué?—
—La confusión en los registros comenzó mucho antes, su archivo aparecía bajo dos nombres diferentes. Y ahí es donde todo falló.— respondió Sebastián
—¿Dos nombres? ¿Cómo que dos?—
—Cuando fui asignado a buscar “a Eloisa”, aparecían ambas. Y el sistema eligió… mal.
Un error del sistema, la que debía morir hoy es Eloisa Rivera, — respondió Sebastián
—¿Eli?— preguntó Eloisa sorprendida
Sebastián levantó la mirada — Sí, —
—Eli tiene una salud de fierro, solo tiene treinta y dos años, y una carga positiva qué sorprende a todos, - dijo Eloisa
—Yo no hago las reglas, solo obedezco, hoy es mi primer Navidad, —dijo Sebastián
—Entiendo,¿tu primera Navidad?— respondió Eloisa
—Sí...— dijo Sebastián restando importancia.
—Estoy muerta,— Eloisa sorprendida.
—Oye es solo una muerte temporal —aclaró Sebastián
Siguieron caminando por los pasillos llenos de almas, mientras trato iban hablando cosas básicas de sus vidas para ir conociéndose un poco.