Lo que comienza a encajar (3era. Parte)

1261 Words
El mismo día Ginebra Adrián Algo me decía que la llamada de Valérie no era una simple cortesía, tampoco un impulso propio del enamoramiento. Lo más probable era que hubiera una complicación de trabajo. Por eso respondí creyendo que estaría a salvo. Error. Con letras mayúsculas. Porque en cuestión de segundos me sentí arrinconado con su petición de cubrirla con Lukas, mientras a mi lado estaba Vera con su carita impaciente esperando la llegada de su amiguita. Sentí que estaba fallándoles a ambas. Pero no podía estar en dos lugares al mismo tiempo. Y tuve que poner todo en una balanza, como si fuera fácil. Me dolió ver la carita triste de mi hija cuando colgué el celular, pero no me reclamó ni hizo un berrinche como cualquier niño de su edad. Todo lo contrario. Sus palabras me golpearon directo en el pecho. —Vas a llegar tarde a tu reunión por mi culpa… vete, papi —murmuró Vera con una madurez que no correspondía a su edad. Tragué saliva mientras la culpa se instalaba en mi pecho. Vera tenía la habilidad de desarmarme con su mirada. Me agaché frente a ella hasta quedar a su altura. —Mírame, princesa —le pedí con suavidad, buscando sus ojos—. Vamos a hacer lo siguiente: le diré a Lucía que me consiga el celular de la mamá de tu amiguita. La llamaré y veremos si le da permiso. Vera frunció el ceño. —¿O puedo ir a su casa? —suplicó con su vocecita—. ¡Por favor, papi! Me miró con esos ojitos brillosos que siempre lograban desarmarme. Solté un pequeño suspiro. —Primero déjame hablar —le expliqué con paciencia—. Además, mañana es sábado. Pueden tener planes ya hechos… Vera ladeó la cabeza. —Pero tal vez no… —replicó con un hilo de esperanza. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios. —Esperemos, Vera —respondí con calma—. Ahora dale un beso a papá. Ella se lanzó a abrazarme con sus bracitos y yo besé su cabello con ternura. —Ve con la profesora —le indiqué con suavidad. Al final estoy reunido con Lukas, algunos ejecutivos y el imbécil de David Bingles, tragándome las ganas de mandarlo al diablo. O, mejor dicho, intentando ser civilizado a pesar de cada comentario negativo que lanza sobre el lanzamiento de la línea de relojes. Lo más desconcertante es que Valérie aún no llega. Tiene más de una hora de retraso. Miro de reojo la pantalla del celular mientras David sigue hablando, como si disfrutara cada segundo de su discurso. Justo entonces la puerta de la sala de sesiones se abre. Y ahí está Valérie. Entra con su pose profesional de siempre, segura, impecable… pero noto algo en sus ojos que no estaba antes. Y entonces el idiota de David se queda mirándola unos segundos más de lo necesario. —Buenos días, por favor continúen —dice con tono firme mientras avanza hacia la mesa. Camina hasta acomodarse a mi lado. Me inclino ligeramente hacia ella. —Hola, cariño —la saludo con un beso fugaz—. ¿Todo en orden? —añado en voz baja, buscando el gris de su mirada. —Sí, Adrián. Todo perfecto —replica Valérie en el mismo tono bajo. No me convence. —Continúa, David —interviene Lukas con su voz áspera, golpeando suavemente la mesa con los nudillos—. Quiero saber cómo lanzaremos una línea de algo que no existe. Valérie se endereza en su asiento. —Lukas, los diseños ya los aprobó Adrián —interviene con calma—, pero tú sigues retrasando su fabricación con tus revisiones inútiles. Lukas suelta una risa seca. —No voy a aprobar cualquier payasada que diseñes —responde con desdén—. Tiene que pasar todas las revisiones del equipo técnico… y aun así no sabemos si serán funcionales. Siento la tensión subir por mi espalda. —Lukas, yo confío en el criterio de tu hermana y eso debe bastarte —lo interrumpo con frialdad. Lukas gira la cabeza hacia mí con una sonrisa torcida. —Adrián, lo tuyo son esas piedritas brillosas —suelta Lukas con una sonrisa torcida—. No los relojes. Aprieto los puños bajo la mesa. —No sabes nada de relojes —continúa Lukas con falsa paciencia—. Y además, tu objetividad es cuestionable… eres el novio de Valérie. Así que debemos realizar todas las revisiones. Aprieto la mandíbula y estoy a punto de levantarme de mi asiento. Pero entonces siento la mano de Valérie deslizarse sobre la mía. Entrelaza sus dedos con los míos bajo la mesa, como si buscara calmarme. Y lo peor es que lo consigue solo con su roce. Unas horas después A causa de las quejas de Lukas, hubo que volver a charlar con técnicos y diseñadores. Y sin exagerar esa línea de relojes a este paso saldrá para Navidad, pero fue suficiente para un día. Y en este instante voy con mis manos al volante. Valérie observando con curiosidad por la ventanilla del auto. De pronto frunce el ceño. —Este no es el camino para ir a mi departamento —dice con suspicacia—. ¿A dónde me llevas? Asoma una sonrisa en mi rostro sin apartar la vista del camino. —Te salvé el pellejo con Lukas… creo que me debes una cena. Ella gira la cabeza hacia mí. —¿Puede ser otra noche? —pregunta sin dejar de mirar el camino. Niego despacio. —Quiero cenar contigo en un lugar especial —confieso con voz serena—, porque esto ya dejó de ser una relación falsa. —¡Eh…! —titubea, buscando mis ojos. Suelto una risa baja. —No puedes protestar —replico divertido—. Te lo advertí cuando me llamaste. Valérie tuerce la boca como una niña malcriada y apoya la cabeza en el respaldo del asiento, cruzándose de brazos. La miro de reojo. No puede seguir escapando por miedo a salir lastimada. Tiene que dejarme entrar en su corazón… y solo se me ocurre una forma de lograrlo. Conduzco un par de kilómetros más mientras el silencio se instala entre nosotros. Ella permanece callada, pero sé que intenta descifrar qué estoy haciendo. Entonces giro el volante y tomo un sendero lateral. El auto avanza unos metros más y reduzco la velocidad mientras el portón eléctrico comienza a abrirse frente a nosotros. Valérie se incorpora en el asiento. —Adrián… ¿a dónde me has traído? —se queja con la voz inquieta. No respondo. Entro al camino y estaciono frente a la fachada de la casa. Apago el motor, me saco el cinturón de seguridad y finalmente busco el gris de su mirada. —A mi casa… —respondo con voz firme—. Valérie, no quiero seguir jugando. No sirvo para ser tu novio falso… tampoco lo quiero. Ella me mira confundida. —¿Esto es parte del acuerdo? —cuestiona con cautela—. ¿Quieres que conozca a tu familia? Hace una pausa, pensativa. —Quizás tu padre es de esos hombres que te exige tener una novia formal… y esta es tu manera de pedírmelo. Se muerde el labio inferior, nerviosa. —Olvídate del contrato —lanzo sin rodeos—. Rompe ese papel… porque lo que tenemos es real. Me inclino apenas hacía ella. Sostengo su mirada. Mi corazón golpea con fuerza contra el pecho, pero no retrocedo. —Quiero más de ti… más de nosotros. Lánzate conmigo, Valérie.
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