Soluciones (Avance)

4620 Words
—Una azafata aspira a ser piloto, por ende logra esto pero su relación amorosa se verá afectada por lo que tendrá que lidiar con esto. Es una buena historia para comenzar si no hubiera cagado todo —Bufé cansada. —¿Ahora que cagaste? —Dijo Rachel, una compañera azafata más experimentada que yo. Estábamos haciendo un bonito lazo de amistad y me sentía con confianza para contarle todo esto. Recapitulemos. Recuerdo que tuve que hacer un aterrizaje forzoso y el copiloto en esa ocasión me dijo que soy buena para esto, que podría entrar y hacer las pruebas a ver que tal. Estaba considerándolo. Hice las pruebas y todo y Agnes me apoyó. Pero ahora no sé qué pasa, sé que esto me consume bastante tiempo pero no puedo renunciar. —le dije que quería... ser piloto. Y ella se lo tomo muy mal. —Dije incómoda. —¿Tenia el periodo ella acaso para ponerse así? —Pregunto Rachel sorprendida. —Terminábamos de hacer el amor y estábamos bebiendo champagne. No debí de decirle— dije lamentándome. Y de verdad hubiera querido que fuese así. No decir nada. Pero tengo que redefinir mis metas y lo que quiero. // Las disputas en las relaciones amorosas Cuando nos enamoramos y además tenemos la suerte de ser correspondidos, nuestra mente se sumerge en un estado de bienestar y felicidad absoluta que difícilmente puede verse empañado por otros factores externos. En el inicio de las relaciones, cualquier preocupación externa se convierte en liviana y pasajera, puesto que la sensación de bienestar producida por el enamoramiento funciona como contrapeso a todos esos quebraderos de cabeza. Pero por desgracia, la fase del enamoramiento no dura toda la vida, y a medida que pasa el tiempo la euforia romántica disminuye. Como consecuencia, cualquier evento, tanto ajeno a la relación como propio de ella, puede suponer un estresor que acabe afectando a nuestra relación íntima. Lo conflictos propios de la convivencia y la relación de pareja, los problemas económicos e, incluso, los altibajos laborales son susceptibles de acabar en una discusión de pareja que no siempre podemos (o sabemos) manejar. No obstante, las discusiones de pareja no solamente son inevitables, sino que además son absolutamente necesarias si sabemos gestionarlas correctamente. Al contrario de los que muchos piensan, discutir de vez en cuando en la pareja es algo habitual y normal. Y siempre que no sean discusiones excesivamente frecuentes, ni tampoco violentas, la aparición de discrepancias es natural cuando dos personas comparten cualquier ámbito de su vida de una manera muy intensa. Es necesario aclarar que, cuando hablamos de discutir, nos referimos a un debate, un intercambio de opiniones que en ningún caso incluye ni la falta de respeto, ni la agresividad o violencia. En una pareja que no discute nunca es muy probable que uno de los dos esté reprimiendo sus ideas u opiniones, bien por temor a crear conflictos y no saber solucionarlos correctamente, o bien por presión de la otra persona. En cualquiera de los casos, esta situación es imposible de mantener en tiempo sin que, cualquier día, una de las dos partes no consiga aguantar más. De esta manera, cualquier pequeño conflicto, que se podría haber solucionado a tiempo y sin más consecuencias, se magnifica y acompaña de otros conflictos que han quedado refrenados. 12 consejos para gestionar las discusiones de pareja Para poder solucionar los problemas es necesario abordarlos, aunque esto signifique verse obligado a mantener una discusión, en ocasiones incómoda, con nuestra pareja. Con la intención de facilitar este momento, repasaremos un listado de técnicas o consejos para gestionar una discusión de pareja de manera satisfactoria. Con estas sugerencias no evitaremos la discusión, pero sí los errores que todos tendemos a cometer y que provocan gran malestar. Estas son las pautas para llevar a cabo una discusión de manera ordenada, intentando que nuestros sentimientos no se apoderen de nosotros y finalizándola de la manera más exitosa posible. 1. Saber identificar y expresar nuestras propias emociones Nuestras reacciones y respuestas en una discusión no son igual si esta está movida por el enfado, que si está movida por la tristeza o la frustración. Poder identificar qué sentimos y cuál es su causa es fundamental para saber manejarlo y encontrar una solución a aquel problema que nos genera este sentimiento negativo. Artículo relacionado: "¿Qué es la Inteligencia Emocional? Descubriendo la importancia de las emociones"2. Reconocer si existe un motivo real subyacente En muchas de las discusiones de pareja que se llevan a cabo de manera acalorada por un problema específico, como por ejemplo realizar alguna tarea doméstica, son un síntoma de que existe un conflicto mayor subyacente. Esta discordia o controversia real alimenta los pequeños problemas. Por lo tanto es necesario saber cuál es el origen real de nuestro enfado; para así poder solucionarlo de raíz y evitar intensas disputas por conflictos sin importancia. 3. Promover el diálogo, no evitarlo Como se comenta en al inicio del artículo, es necesario asimilar que evitar el diálogo con la intención de evitar una posible pelea; así como ignorar la situación conflictiva o dar siempre la razón a la pareja solamente son técnicas de evitación que alimentan más y más la frustración. Existen muchas maneras diferentes de decir las cosas y en las discusiones tendemos a utilizar un tono acusador que en ningún momento resulta útil ni conciliador. A pesar de que estemos convencidos de llevar la razón, cambiar el tono y las expresiones acusadoras por otras formuladas en primera persona y en positivo, expresando nuestras emociones nos ayudará a que la otra persona sea capaz de ponerse en nuestro lugar. 5. Nunca faltar al respeto Este es quizás uno de los puntos más difíciles. Las discusiones de pareja suelen tener un componente emocional mucho más intenso, por lo que en ciertos momentos podemos vernos tentados a dejarnos llevar por la ira, diciendo cosas que realmente no pensamos e incluso faltando al respeto a la pareja. Nunca debemos quitar importancia al valor de nuestras palabras, puesto que una discusión en la que el enfado mueve nuestras expresiones puede llegar a ocasionar un daño, tanto en la otra persona como en la pareja, muchas veces irreparable. De la misma manera, la utilización de reproches o recriminaciones hacia la otra persona, nunca favorecerán el desarrollo de un diálogo satisfactorio. 6. Saber escoger el momento adecuado En la mayoría de las ocasiones es más recomendable posponer una discusión que llevarla a cabo en un entorno o lugar que no es el adecuado. Debemos encontrar un momento de intimidad, en el cual ambas personas se sientan cómodas para expresar sus sentimientos sin tapujos, y sin que otras personas estén presentes. De la misma manera, es esencial disponer del tiempo suficiente para hablar. Las prisas nunca son convenientes en una discusión, puesto que lo más probable es que uno de los dos acabe por córtala de manera brusca y después será mucho más complicado retomarla. 7. No tomar ninguna decisión en el momento Tomar decisiones “en caliente” y movidos por nuestros sentimientos nunca es buena idea. Cuando dejamos que estas emociones negativas tomen las decisiones por nosotros podemos llegar a tomar decisiones que realmente no queremos y que luego tendremos que redimir o arrepentirnos. Por lo tanto, es mejor acabar la discusión y reflexionar, una vez se hayan calmado los ánimos, si hay que tomar cualquier tipo de decisión en cuanto a la relación o dinámica de pareja se refiere. 8. Olvidarse del orgullo Al igual que es necesario reconocer nuestras emociones, es también necesario ser asumir que no siempre llevamos razón. Si somos nosotros los que hemos cometido un error, deberemos tragarnos el orgullo y pedir disculpas. Seguramente después nos sentiremos aliviados y nuestra pareja agradecerá nuestro esfuerzo. 9. No sacar problemas pasados Un error muy común en las discusiones de pareja es sacar a relucir problemas del pasado. Es esencial centrarse en el tema o la situación actual, dejando los conflictos pasados donde están, o en el caso de que generen mucha preocupación en la persona dejarlos para otro momento, puesto que esto solamente reforzará la tensión actual. 10. Realizar un “tiempo fuera” En los momentos en los que veamos que la discusión se está volviendo demasiado intensa, la decisión más acertada es la de realizar un “tiempo fuera” en la que ambos se alejan temporalmente de la discusión. Esta pequeña distancia provisional favorecerá el desarrollo de otra perspectiva del problema y relajará los ánimos. 11. Saber cuándo parar Saber cuándo la discusión no está evolucionando y se ha quedado estancada es esencial para no estar repitiendo constantemente los mismos patrones de discusión. Llegados este momento lo mejor es detenerse un instante, un “tiempo fuera” puede ser útil, y plantear posibles alternativas a la discusión o situación que se está manteniendo. 12. Resolver los conflictos Después de una discusión es necesario poder llegar a un acuerdo pactado con posibles soluciones para la situación problemática. No sirve de nada discutir durante horas para no llegar a ninguna conclusión, ya que además es muy posible que el conflicto vuelva a aparecer. Por lo tanto, conseguir un trato satisfactorio para los dos es una de las metas a fijar en una discusión de pareja. Tienes un mal día, discutes con alguien en el trabajo o tienes un encontronazo con un amigo y el mal humor te lo llevas a casa. Como se suele decir, la confianza da asco y muchas veces terminamos discutiendo con nuestra pareja temas que ni le van ni le vienen simplemente porque estamos enervados y no medimos ni los modos, ni las formas. Es perfectamente normal –y mentalmente saludable– comentar los problemas que nos hayamos encontrado durante el día con nuestra pareja pero cuando estamos especialmente irascibles nos pueden sacar de quicio comportamientos a los que estamos habituados –desde cómo sostiene la cuchara hasta cómo usa el hilo dental– y provocarnos un incómodo pico de enfado extremo que termine en discusión. “El matrimonio es el pararrayos que absorbe la ansiedad y el estrés del resto de fuentes, pasadas y presentes” comenta la psicóloga Harriet Lerner en Psicología Today quien defiende que “después de todo, ¿para qué está nuestra pareja?”. Una buena pelea puede limpiar el aire y es bueno saber que podemos sobrevivir al conflicto “Cuando un matrimonio tiene una sólida base de sólida amistad y el respeto mutuo puede tolerar una cantidad justa de emoción en estado puro”, continúa Lerner, pero pagar nuestros humos y emociones exaltadas y terminar por convertirla en la responsable de nuestro enfado nunca es la solución. Discutir es natural pero hay que hacerlo bien “Una buena pelea puede limpiar el aire y es bueno saber que podemos sobrevivir al conflicto e incluso aprender de la situación” opina la especialista en relaciones de pareja y psicología femenina, pero todo tiene su momento y medida. Algunas parejas se meten en discusiones interminables que no les conducen a ninguna parte más que a terminar culpando a la otra persona de la caída de las hojas en otoño. “Hay que tener cuidado con las peleas descontroladas e irracionales que pueden erosionar el amor y el respeto que son la base de cualquier relación exitosa” alerta Lerner. La regla número 1 para pelear Lerner plantea que la primera regla para que una bronca de pareja no se nos vaya de las manos es precisamente haber establecido previamente unas reglas para discutir entre los dos. “A menudo actuamos como si la intensidad de nuestra ira nos diese licencia para decir o hacer cualquier cosa, porque, después de todo, ¡estamos tan furiosos que no somos capaces de detener lo que sale de nuestra boca!” ejemplifica Lerner quien recomienda “establecer unas normas y responsabilizarnos de seguirlas incluso en los momentos más acalorados de la conversación”. Hay que establecer unas normas y seguirlas incluso en los momentos más acalorados de la conversación Normas como por ejemplo que no se pueda gritar ni insultar, no poder hacer agravios comparativos con cómo eran las discusiones con anteriores parejas o algo tan sencillo como eliminar la posibilidad de empezar una pelea ante de la hora de dormir (y de paso evitarnos una nochecita incómoda y un despertar lleno de resentimiento). Una vez las tengamos claras, los expertos en terapia de parejas incluso aconsejan tener una copia escrita con las normas en un lugar en la que ambos la vean todos los días (vayan o no a discutir, es interesante que estén siempre presentes). Si se siguen y respetan los turnos de palabra y las reglas establecidas puede tratarse de una charla fructífera –aunque algo acalorada– que fortalece la relación. Todo tiene su fin: aprende a parar Aprender a detener nuestro enfado y saber cuándo debemos empezar a frenar el nivel de exaltación e incluso la discusión entera es el paso definitivo para hacerlo –llegados a este punto, más bien haberlo hecho– correctamente. “Las parejas felices no son parejas que luchan sino las que asumen la responsabilidad de sus propias palabras y acciones sin importarles lo furiosos que se pueden sentir en su interior” comenta Lerner. Como en todos los ámbitos de la vida, las relaciones amorosas no solo se caracterizan por los momentos de alegría; también hay espacio para el conflicto y para todas las emociones relacionadas con el aislamiento y la hostilidad. A lo largo de este artículo veremos cuáles son los problemas más comunes en las relaciones de pareja, situaciones en las que o bien existe resentimiento y enfado por parte de uno o ambos miembros de la pareja, o bien la mala gestión de las expectativas, de la convivencia o de la comunicación desgastan el vínculo amoroso. Los 9 problemas de pareja más comunes y sus soluciones Al contrario de lo que se suele pensar, los problemas más comunes en las relaciones de pareja no solo tienen que ver con las discusiones y los estallidos de ira. A veces, se manifiestan de una manera mucho más sutil y complicada de detectar, a través de hábitos que incluso pueden ser asumidos como algo natural, quedando normalizados. Como el primer paso antes de poner solución a estas situaciones es reconocer los síntomas de que algo no va bien en la relación, en estas líneas encontrarás un resumen de los problemas en las relaciones de pareja que acostumbran a manifestarse de una manera más frecuente en las sesiones de terapia de pareja. Así pues, pasemos a ver cuáles son esos principales motivos por los que pueden surgir problemas en una relación de pareja. 1. Celos Los celos pueden ser uno de los principales motivos de desconfianza y mala comunicación dentro de una relación de pareja, y en ocasiones incluso propician que no se respete la privacidad del otro, algo que sería grave incluso si no existiese un vínculo afectivo fuerte con esa persona. Además, es muy frecuente que los celos solo sean experimentados por uno de los miembros de la pareja, algo que puede generar sensación de aislamiento y falta de intimidad en la relación, si bien cuando ambas personas son celosas la situación es aún peor. Normalmente, los celos tienen que ver con los problemas de autoestima y con una serie de creencias disfuncionales acerca de cómo funcionan las relaciones de pareja, las cuales pueden generar otros problemas más allá de este. 2. Comunicación pasivo-agresiva y uso de la culpabilidad Este problema tiene que ver con una fórmula de comunicación disfuncional, en la que una persona deja implícito que la otra tiene motivos para sentirse culpable, pero sin llegar a explicar del todo por qué. De esta manera, ante la ambigüedad y falta de comunicación, la otra persona siente que efectivamente ha hecho algo mal, y se siente culpable sin saber muy bien qué es exactamente el comportamiento que debería corregir. Además, como este estilo de gestión del conflicto evita tratar el tema de fondo que ha llevado a uno de los miembros de la pareja a estar enfadada, es fácil que nunca se creen las situaciones de comunicación necesarias para evitar que los conflictos sigan produciéndose. 3. Falta de tiempo juntos Este es uno de los problemas más frecuentes en las relaciones de pareja, y puede adoptar diferentes formas. Por ejemplo, en ciertos casos la falta de tiempo juntos puede consistir en los problemas de conciliación familiar y el exceso de responsabilidades, mientras que en otros se pasa mucho tiempo libre juntos, pero en estos ratos no hay una comunicación significativa y parece que la relación se estanca, como si produjese aburrimiento. 4. Incompatibilidades en la manera de vivir la sexualidad La sexualidad es otro de los focos importantes de problemas de pareja, y presenta varias particularidades que pueden hacer que ni siquiera se intente arreglar esta clase de malestar. Por un lado, el sexo es frecuentemente un tema tabú incluso entre quienes son pareja, y por el otro, existe el miedo a exponer las propias vulnerabilidades (o, al menos, aquello que es percibido como una vulnerabilidad de uno mismo) o a hacer que la otra persona se sienta mal. Varios de los problemas más comunes relacionados con esto son la diferencia entre la libido de una persona y la libido de la otra, la falta de conocimiento sobre lo que le gusta al otro, y el miedo a decir lo que nos gusta a nosotros. Las discordancias en cuanto a gustos y preferencias en las relaciones íntimas de esta clase pueden tener efectos más allá del dormitorio, expresándose incluso en momentos de conversación en público, en la manera de relacionarse con el otro en cualquier contexto, etc. 5. Falta de un proyecto de vida en común Las parejas que solo se centran en experimentar el aquí y el ahora suelen sufrir este tipo de problemas tarde o temprano. Se trata de la ausencia de un plan para vivir juntos a largo plazo, algo que genera incertidumbre y discusiones al ver que la otra persona daba por sentado un proyecto de vida que nosotros siempre hemos rechazado, a causa de no haberlo hablado antes. 6. Problemas de convivencia y reparto de responsabilidades Más allá del amor, los pequeños detalles de la convivencia en el día a día tienen una gran importancia. En este sentido, otro de los problemas de pareja más comunes son las discusiones sobre la asignación de tareas que tienen que ver con el mantenimiento del hogar o con la crianza y cuidado de los hijos, si es que se es padre o madre. 7. Mala comunicación En las relaciones amorosas, puede darse la paradoja de que la expectativa de poder conocer a la otra persona de un modo que nadie más lo ha hecho nos lleve a asumir demasiadas cosas sobre lo que nuestra pareja siente, quiere o piensa. No hay que olvidar que las relaciones de pareja existen porque existe un diálogo constante, y que si ese diálogo se interrumpe, la relación estará caminando sobre la nada. Dedicar momentos a hablar y a aclarar malentendidos es primordial, y no hay que asustarse si en el proceso descubrimos que mucho de lo que creíamos sobre ese ser querido resulta ser falso; es natural y esperable que no podamos conocer a la perfección a otro ser humano, por mucho que lo queramos. 8. Desatención La idea de que se está desatendiendo la vida amorosa también es uno de los conflictos de pareja más habituales, y está vinculado a la desmotivación. Sin embargo, esto no es tanto una causa de conflicto, como una consecuencia de que hay algo que subyace a esta desatención; es esa causa primaria la verdadera fuente de malestar sobre la que hay que intervenir, y su naturaleza puede variar mucho. Hay que indagar en ello y ver qué se esconde bajo esa aparente indiferencia hacia el amante, el esposo o la esposa. 9. Mala asignación de las tareas Muchas veces olvidamos que las relaciones de pareja que ya están consolidadas son, además de un vínculo amoroso, una relación de convivencia que se lleva a cabo en términos muy materiales: limpiar la casa, llevar al día la economía doméstica, cocinar, atender a los hijos (si los hay), etc. En muchos casos, la pareja y el reparto de responsabilidades familiares son dos fenómenos indesligables. Por eso, hay que tener claro que independientemente de la intensidad con la que se ame a alguien, si el reparto de actividades que tienen que ver con el cuidado de la casa o de los hijos no funciona, surgirán frecuentes conflictos de pareja. Abordar el tema de manera directa y llevando a cabo un cálculo de las horas de trabajo doméstico que debe cubrir cada uno es la mejor solución. Un resumen sobre los problemas de pareja más habituales Hay una amplia variedad de causas de discusiones que pueden llegar a “cronificarse” repitiéndose una y otra vez en un noviazgo o matrimonio; además, es posible que en una relación de pareja simplemente exista una falta de habilidades para gestionar los conflictos o hacer que el mínimo choque de intereses aparezca una lucha de egos. Los malos tratos y todo lo que llevan asociados, como la violencia física y verbal, solo pueden ser considerados un problema de pareja en el sentido de que se producen en ese ámbito. Sin embargo, a diferencia de los que hemos visto hasta ahora, en el caso del maltrato el problema no son los daños producidos al vínculo amoroso en sí, sino los daños producidos en la víctima. Por eso, cuando se da este fenómeno, el objetivo para solucionar la situación pasa necesariamente por terminar con la relación. ¿Qué hacer para solucionar los problemas de pareja? Ahora ya hemos visto un desglose de los problemas más comunes que afectan a la vida en común de matrimonios y personas que mantienen una relación de noviazgo, pero falta ver lo más importante: qué hacer al respecto para que el amor no se vea dañado por este desgaste? Veamos algunas ideas clave. 1. Comprometerse a dialogar en caso de conflicto Es importante que, en un momento en el que no se está discutiendo, ambas personas involucradas en la relación se comprometan a seguir un protocolo de diálogo en los momentos en los que surge una discusión acalorada. Es decir, concretar un plan de acción cuando esto ocurra, una serie de acciones en cooperación que tenga como único objetivo crear un contexto de comunicación y crítica constructiva donde antes solo había reproches y acusaciones. Por ejemplo, uno de estos protocolos puede ser dejar pasar unos minutos para que se calmen los ánimos, y luego sentarse y respetar a rajatabla los turnos de palabra, expresándose de la manera más neutral posible y sin usar acusaciones. Te recomendamos: Terapia de pareja: Claves de comunicación en la relación 2. Acordar pasar más tiempo juntos No se trata solo de estar cerca del otro, sino de pasar tiempo de calidad juntos. Muchas veces, los problemas de comunicación se resuelven al involucrarnos en situaciones agradables en las que la intimidad facilita la expresión de emociones y de opiniones. 3. Dejar claros los objetivos de cada uno Esto es fundamental para resolver uno de los problemas más comunes en las relaciones amorosas de pareja: la discordancia entre las expectativas de uno y otro. Concretar qué es lo que esperamos de la relación y del otro, y qué es lo que uno mismo puede aportar, es necesario para crear planes de futuro que consoliden una relación a largo plazo. 4. Acudir a terapia de pareja para solucionar los problemas de pareja Muchas veces, es demasiado difícil resolver los problemas de pareja sin contar con ayuda profesional. Asistir a sesiones de terapia de pareja no solo supone contar con un espacio de comunicación honesta en el que es posible expresarse sin estar constantemente a la defensiva; además, los psicólogos que ofrecen este servicio especializado ayudan a desarrollar habilidades comunicativas y de gestión de las emociones muy útiles, y cuyo impacto se nota tanto en la vida amorosa como más allá de esta. Te recomendamos: Problemas frecuentes abordados en terapia de pareja Cómo se tratan los problemas de pareja por discusiones en terapia de pareja La tendencia a discutir constantemente y a dejar que las discusiones acaparen buena parte de la vida en pareja es uno de los problemas que más afectan a los matrimonios y a los noviazgos que pasan por una crisis. Por eso, esta clase de fenómenos forman parte de los patrones de comportamiento y comunicación disfuncionales abordados en terapia de pareja frecuentemente. ¿Qué se hace en terapia de pareja para superar estos problemas de pareja? Estas son las principales áreas de intervención en terapia de pareja para ayudar a las personas a gestionar mejor las discusiones y a prevenir la aparición de aquellas que no aportan nada. 1. Apoyo psicológico en los procesos de reparación de daños A veces, la propensión a discutir se debe a que hay un sentimiento de agravio que no ha sido resuelto. En terapia de pareja se trabaja para identificar esta clase de origen del conflicto, ayudar a ambas partes a comprender el punto de vista de la otra, y finalmente se guía a quien ha cometido una acción injusta para que pueda reparar los daños causados en la medida de lo posible y así demostrar su buena voluntad y su compromiso con la relación. 2. Entrenamiento en la gestión de la ira Este tipo de trabajo en la modulación de las emociones se centra más en el individuo, pero igualmente tiene mucho que ver con la vida en pareja. Permite no ceder a los impulsos que invitan a caer en la tentación de luchar por tener razón en vez de contrastar puntos de vista para llegar a un punto de acuerdo. 3. Gestión de los tiempos para discutir Otra de las claves para manejar bien los conflictos en las relaciones de pareja consiste en saber cuándo es adecuado discutir y cuándo no. Esto implica desarrollar habilidades de autoconocimiento y de inteligencia emocional, de manera que las personas no se enzarcen en discusiones cuando notan que ya venían agotadas mentalmente de antes o se encuentran en una situación de vulnerabilidad de algún tipo (por haber estado trabajando duramente, por tener dolor de cabeza, etc.). 4. Comprensión del modo en el que el contexto influye en la comunicación A la hora de gestionar las discusiones o incluso de prevenir aquellas que son innecesarias, es importante saber que el contexto modifica el significado de las palabras y las implicaciones de lo que se dice. Por ejemplo, dependiendo de cuál sea la situación económica o laboral de cada uno, una frase puede ser interpretada como una amenaza si se interpreta como una reafirmación de relaciones de poder desiguales (véase por ejemplo el caso habitual del ama de casa que no trabaja de manera remunerada y el marido que se encarga de traer el dinero a casa). 5. Paso de la crítica a la persona a la crítica a las acciones Muchas discusiones se enquistan porque en vez de criticar aquellas acciones con las que uno/a no está de acuerdo, se ataca a la persona, como si esos patrones de conducta percibidos como problemáticos fueran parte de su esencia. Este tipo de discusiones no aportan nada porque más allá de mostrar disconformidad con algo, se insinúa que no existe la posibilidad de cambiar lo que ocurre, de solucionar el problema, ya que esa persona estaría “destinada” a comportarse así. Por ello, es una manera de comunicar críticas que solo sirve para frustrar a ambas partes y para generar malestar e inseguridades.
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