—Una azafata aspira a ser piloto, por ende logra esto pero su relación amorosa se verá afectada por lo que tendrá que lidiar con esto. Es una buena historia para comenzar si no hubiera cagado todo —Bufé cansada.
—¿Ahora que
cagaste? —Dijo Rachel, una compañera azafata más experimentada que yo.
Estábamos haciendo un bonito lazo de amistad y me sentía con confianza para
contarle todo esto.
Recapitulemos.
Recuerdo que
tuve que hacer un aterrizaje forzoso y el copiloto en esa ocasión me dijo que
soy buena para esto, que podría entrar y hacer las pruebas a ver que tal.
Estaba considerándolo. Hice las pruebas y todo y Agnes me apoyó. Pero ahora no sé
qué pasa, sé que esto me consume bastante tiempo pero no puedo renunciar.
—le dije que quería...
ser piloto. Y ella se lo tomo muy mal. —Dije incómoda.
—¿Tenia el
periodo ella acaso para ponerse así? —Pregunto Rachel sorprendida.
—Terminábamos
de hacer el amor y estábamos bebiendo champagne. No debí de decirle— dije
lamentándome.
Y de verdad
hubiera querido que fuese así. No decir nada.
Pero tengo que
redefinir mis metas y lo que quiero.
//
Las disputas en las relaciones amorosas
Cuando nos enamoramos y además tenemos la suerte de ser
correspondidos, nuestra mente se sumerge en un estado de bienestar y felicidad
absoluta que difícilmente puede verse empañado por otros factores externos.
En el inicio de las relaciones, cualquier preocupación
externa se convierte en liviana y pasajera, puesto que la sensación de
bienestar producida por el enamoramiento funciona como contrapeso a todos esos
quebraderos de cabeza.
Pero por desgracia, la fase del enamoramiento no
dura toda la vida, y a medida que pasa el tiempo la euforia romántica
disminuye. Como consecuencia, cualquier evento, tanto ajeno a la relación como
propio de ella, puede suponer un estresor que acabe afectando a nuestra
relación íntima.
Lo conflictos propios de la convivencia y la relación de
pareja, los problemas económicos e, incluso, los altibajos laborales son
susceptibles de acabar en una discusión de pareja que no siempre podemos (o
sabemos) manejar. No obstante, las discusiones de pareja no solamente son
inevitables, sino que además son absolutamente necesarias si sabemos
gestionarlas correctamente.
Al contrario de los que muchos piensan, discutir de vez
en cuando en la pareja es algo habitual y normal. Y siempre que no sean
discusiones excesivamente frecuentes, ni tampoco violentas, la aparición
de discrepancias es natural cuando dos personas comparten cualquier ámbito
de su vida de una manera muy intensa.
Es necesario aclarar que, cuando hablamos de discutir,
nos referimos a un debate, un intercambio de opiniones que en ningún caso
incluye ni la falta de respeto, ni la agresividad o violencia. En una pareja
que no discute nunca es muy probable que uno de los dos esté reprimiendo
sus ideas u opiniones, bien por temor a crear conflictos y no saber
solucionarlos correctamente, o bien por presión de la otra persona.
En cualquiera de los casos, esta situación es imposible
de mantener en tiempo sin que, cualquier día, una de las dos partes no consiga
aguantar más. De esta manera, cualquier pequeño conflicto, que se podría haber
solucionado a tiempo y sin más consecuencias, se magnifica y acompaña de otros
conflictos que han quedado refrenados.
12 consejos para gestionar las discusiones de pareja
Para poder solucionar los problemas es necesario
abordarlos, aunque esto signifique verse obligado a mantener una discusión, en
ocasiones incómoda, con nuestra pareja. Con la intención de facilitar este
momento, repasaremos un listado de técnicas o consejos para gestionar una
discusión de pareja de manera satisfactoria. Con estas sugerencias no
evitaremos la discusión, pero sí los errores que todos tendemos a cometer y que
provocan gran malestar.
Estas son las pautas para llevar a cabo una discusión de
manera ordenada, intentando que nuestros sentimientos no se apoderen de
nosotros y finalizándola de la manera más exitosa posible.
1. Saber identificar y expresar nuestras propias
emociones
Nuestras reacciones y respuestas en una discusión no son
igual si esta está movida por el enfado, que si está movida por la tristeza o
la frustración. Poder identificar qué sentimos y cuál es su causa es
fundamental para saber manejarlo y encontrar una solución a aquel problema que
nos genera este sentimiento negativo.
Artículo relacionado: "¿Qué es la Inteligencia
Emocional? Descubriendo la importancia de las emociones"2. Reconocer si
existe un motivo real subyacente
En muchas de las discusiones de pareja que se llevan a
cabo de manera acalorada por un problema específico, como por ejemplo realizar
alguna tarea doméstica, son un síntoma de que existe un conflicto mayor
subyacente.
Esta discordia o controversia real alimenta los pequeños
problemas. Por lo tanto es necesario saber cuál es el origen real de
nuestro enfado; para así poder solucionarlo de raíz y evitar intensas disputas
por conflictos sin importancia.
3. Promover el diálogo, no evitarlo
Como se comenta en al inicio del artículo, es necesario
asimilar que evitar el diálogo con la intención de evitar una posible pelea;
así como ignorar la situación conflictiva o dar siempre la razón a la pareja
solamente son técnicas de evitación que alimentan más y más la
frustración.
Existen muchas maneras diferentes de decir las cosas y en las discusiones tendemos a utilizar un tono acusador que en ningún momento resulta útil ni conciliador.
A pesar de que estemos convencidos de llevar la razón,
cambiar el tono y las expresiones acusadoras por otras formuladas en primera
persona y en positivo, expresando nuestras emociones nos ayudará a que la otra
persona sea capaz de ponerse en nuestro lugar.
5. Nunca faltar al respeto
Este es quizás uno de los puntos más difíciles. Las
discusiones de pareja suelen tener un componente emocional mucho más
intenso, por lo que en ciertos momentos podemos vernos tentados a dejarnos
llevar por la ira, diciendo cosas que realmente no pensamos e incluso faltando
al respeto a la pareja.
Nunca debemos quitar importancia al valor de nuestras
palabras, puesto que una discusión en la que el enfado mueve nuestras
expresiones puede llegar a ocasionar un daño, tanto en la otra persona como en
la pareja, muchas veces irreparable.
De la misma manera, la utilización de reproches o
recriminaciones hacia la otra persona, nunca favorecerán el desarrollo de
un diálogo satisfactorio.
6. Saber escoger el momento adecuado
En la mayoría de las ocasiones es más recomendable
posponer una discusión que llevarla a cabo en un entorno o lugar que no es el
adecuado. Debemos encontrar un momento de intimidad, en el cual ambas
personas se sientan cómodas para expresar sus sentimientos sin tapujos, y sin
que otras personas estén presentes.
De la misma manera, es esencial disponer del tiempo
suficiente para hablar. Las prisas nunca son convenientes en una discusión,
puesto que lo más probable es que uno de los dos acabe por córtala de manera
brusca y después será mucho más complicado retomarla.
7. No tomar ninguna decisión en el momento
Tomar decisiones “en caliente” y movidos por nuestros
sentimientos nunca es buena idea. Cuando dejamos que estas emociones negativas
tomen las decisiones por nosotros podemos llegar a tomar decisiones que
realmente no queremos y que luego tendremos que redimir o arrepentirnos.
Por lo tanto, es mejor acabar la discusión y reflexionar,
una vez se hayan calmado los ánimos, si hay que tomar cualquier tipo de
decisión en cuanto a la relación o dinámica de pareja se refiere.
8. Olvidarse del orgullo
Al igual que es necesario reconocer nuestras emociones,
es también necesario ser asumir que no siempre llevamos razón. Si somos
nosotros los que hemos cometido un error, deberemos tragarnos el orgullo y
pedir disculpas. Seguramente después nos sentiremos aliviados y nuestra pareja
agradecerá nuestro esfuerzo.
9. No sacar problemas pasados
Un error muy común en las discusiones de pareja es sacar
a relucir problemas del pasado. Es esencial centrarse en el tema o la situación
actual, dejando los conflictos pasados donde están, o en el caso de que generen
mucha preocupación en la persona dejarlos para otro momento, puesto que
esto solamente reforzará la tensión actual.
10. Realizar un “tiempo fuera”
En los momentos en los que veamos que la discusión se
está volviendo demasiado intensa, la decisión más acertada es la de realizar un
“tiempo fuera” en la que ambos se alejan temporalmente de la discusión. Esta
pequeña distancia provisional favorecerá el desarrollo de otra perspectiva del
problema y relajará los ánimos.
11. Saber cuándo parar
Saber cuándo la discusión no está evolucionando y se ha
quedado estancada es esencial para no estar repitiendo constantemente los
mismos patrones de discusión. Llegados este momento lo mejor es detenerse un
instante, un “tiempo fuera” puede ser útil, y plantear posibles
alternativas a la discusión o situación que se está manteniendo.
12. Resolver los conflictos
Después de una discusión es necesario poder llegar a
un acuerdo pactado con posibles soluciones para la situación problemática.
No sirve de nada discutir durante horas para no llegar a ninguna conclusión, ya
que además es muy posible que el conflicto vuelva a aparecer.
Por lo tanto, conseguir un trato satisfactorio para los
dos es una de las metas a fijar en una discusión de pareja.
Tienes un mal día, discutes con alguien en el
trabajo o tienes un encontronazo con un amigo y el mal humor te lo llevas a
casa. Como se suele decir, la confianza da asco y muchas veces
terminamos discutiendo con nuestra pareja temas que ni le van ni le vienen
simplemente porque estamos enervados y no medimos ni los modos, ni las formas.
Es perfectamente normal –y mentalmente saludable–
comentar los problemas que nos hayamos encontrado durante el día con nuestra
pareja pero cuando estamos especialmente irascibles nos pueden sacar
de quicio comportamientos a los que estamos habituados –desde cómo sostiene la
cuchara hasta cómo usa el hilo dental– y provocarnos un incómodo pico de
enfado extremo que termine en discusión.
“El matrimonio es el pararrayos que absorbe la ansiedad y
el estrés del resto de fuentes, pasadas y presentes” comenta la
psicóloga Harriet Lerner en Psicología Today quien defiende
que “después de todo, ¿para qué está nuestra pareja?”.
Una buena pelea puede limpiar el aire y es bueno saber
que podemos sobrevivir al conflicto
“Cuando un matrimonio tiene una sólida base de sólida
amistad y el respeto mutuo puede tolerar una cantidad justa de emoción en
estado puro”, continúa Lerner, pero pagar nuestros humos y emociones exaltadas
y terminar por convertirla en la responsable de nuestro enfado nunca es la
solución.
Discutir es natural pero hay que hacerlo bien
“Una buena pelea puede limpiar el aire y es
bueno saber que podemos sobrevivir al conflicto e incluso aprender de la
situación” opina la especialista en relaciones de pareja y psicología femenina,
pero todo tiene su momento y medida.
Algunas parejas se meten en discusiones interminables que
no les conducen a ninguna parte más que a terminar culpando a la otra
persona de la caída de las hojas en otoño. “Hay que tener cuidado con las
peleas descontroladas e irracionales que pueden erosionar el amor y el respeto
que son la base de cualquier relación exitosa” alerta Lerner.
La regla número 1 para pelear
Lerner plantea que la primera regla para que una bronca
de pareja no se nos vaya de las manos es precisamente haber establecido
previamente unas reglas para discutir entre los dos.
“A menudo actuamos como si la intensidad de nuestra ira nos
diese licencia para decir o hacer cualquier cosa, porque, después de todo,
¡estamos tan furiosos que no somos capaces de detener lo que sale de
nuestra boca!” ejemplifica Lerner quien recomienda “establecer unas normas y
responsabilizarnos de seguirlas incluso en los momentos más acalorados de la
conversación”.
Hay que establecer unas normas y seguirlas incluso en los
momentos más acalorados de la conversación
Normas como por ejemplo que no se pueda gritar ni
insultar, no poder hacer agravios comparativos con cómo eran las discusiones
con anteriores parejas o algo tan sencillo como eliminar la posibilidad de
empezar una pelea ante de la hora de dormir (y de paso evitarnos una nochecita
incómoda y un despertar lleno de resentimiento).
Una vez las tengamos claras, los expertos en terapia de
parejas incluso aconsejan tener una copia escrita con las normas en
un lugar en la que ambos la vean todos los días (vayan o no a discutir, es
interesante que estén siempre presentes).
Si se siguen y respetan los turnos de palabra y las
reglas establecidas puede tratarse de una charla fructífera –aunque algo
acalorada– que fortalece la relación.
Todo tiene su fin: aprende a parar
Aprender a detener nuestro enfado y saber cuándo
debemos empezar a frenar el nivel de exaltación e incluso la
discusión entera es el paso definitivo para hacerlo –llegados a este punto, más
bien haberlo hecho– correctamente.
“Las parejas felices no son parejas que luchan sino las
que asumen la responsabilidad de sus propias palabras y acciones sin
importarles lo furiosos que se pueden sentir en su interior” comenta Lerner.
Como en todos los ámbitos de la vida, las relaciones
amorosas no solo se caracterizan por los momentos de alegría; también hay
espacio para el conflicto y para todas las emociones relacionadas con
el aislamiento y la hostilidad. A lo largo de este artículo veremos
cuáles son los problemas más comunes en las relaciones de
pareja, situaciones en las que o bien existe resentimiento y enfado
por parte de uno o ambos miembros de la pareja, o bien la mala
gestión de las expectativas, de la convivencia o de la
comunicación desgastan el vínculo amoroso.
Los 9 problemas de pareja más comunes y sus soluciones
Al contrario de lo que se suele pensar, los problemas más
comunes en las relaciones de pareja no solo tienen que ver con las
discusiones y los estallidos de ira. A veces, se manifiestan de una manera
mucho más sutil y complicada de detectar, a través de hábitos que incluso
pueden ser asumidos como algo natural, quedando normalizados.
Como el primer paso antes de poner solución a estas
situaciones es reconocer los síntomas de que algo no va bien en la relación, en
estas líneas encontrarás un resumen de los problemas en las relaciones de
pareja que acostumbran a manifestarse de una manera más frecuente en las
sesiones de terapia de pareja.
Así pues, pasemos a ver cuáles son esos principales
motivos por los que pueden surgir problemas en una relación de pareja.
1. Celos
Los celos pueden ser uno de los principales
motivos de desconfianza y mala comunicación dentro de una relación de
pareja, y en ocasiones incluso propician que no se respete la privacidad
del otro, algo que sería grave incluso si no existiese un vínculo afectivo
fuerte con esa persona.
Además, es muy frecuente que los celos solo sean
experimentados por uno de los miembros de la pareja, algo que puede generar
sensación de aislamiento y falta de intimidad en la relación, si
bien cuando ambas personas son celosas la situación es aún peor.
Normalmente, los celos tienen que ver con
los problemas de autoestima y con una serie de creencias
disfuncionales acerca de cómo funcionan las relaciones de pareja, las
cuales pueden generar otros problemas más allá de este.
2. Comunicación pasivo-agresiva y uso de la culpabilidad
Este problema tiene que ver con una fórmula de
comunicación disfuncional, en la que una persona deja implícito que la
otra tiene motivos para sentirse culpable, pero sin llegar a explicar del
todo por qué. De esta manera, ante la ambigüedad y falta de
comunicación, la otra persona siente que efectivamente ha hecho algo
mal, y se siente culpable sin saber muy bien qué es exactamente el
comportamiento que debería corregir.
Además, como este estilo de gestión del conflicto evita
tratar el tema de fondo que ha llevado a uno de los miembros de la pareja
a estar enfadada, es fácil que nunca se creen las situaciones de comunicación
necesarias para evitar que los conflictos sigan produciéndose.
3. Falta de tiempo juntos
Este es uno de los problemas más frecuentes en las
relaciones de pareja, y puede adoptar diferentes formas. Por ejemplo, en
ciertos casos la falta de tiempo juntos puede consistir en los
problemas de conciliación familiar y el exceso de responsabilidades, mientras
que en otros se pasa mucho tiempo libre juntos, pero en estos ratos no hay una
comunicación significativa y parece que la relación se estanca, como si
produjese aburrimiento.
4. Incompatibilidades en la manera de vivir la sexualidad
La sexualidad es otro de los focos importantes de
problemas de pareja, y presenta varias particularidades que pueden hacer
que ni siquiera se intente arreglar esta clase de malestar.
Por un lado, el sexo es frecuentemente un tema tabú
incluso entre quienes son pareja, y por el otro, existe el miedo a exponer
las propias vulnerabilidades (o, al menos, aquello que es percibido como
una vulnerabilidad de uno mismo) o a hacer que la otra persona se sienta mal.
Varios de los problemas más comunes relacionados con esto
son la diferencia entre la libido de una persona y la libido de la
otra, la falta de conocimiento sobre lo que le gusta al otro, y el miedo a
decir lo que nos gusta a nosotros.
Las discordancias en cuanto a gustos y preferencias en
las relaciones íntimas de esta clase pueden tener efectos más allá del
dormitorio, expresándose incluso en momentos de conversación en público, en la
manera de relacionarse con el otro en cualquier contexto, etc.
5. Falta de un proyecto de vida en común
Las parejas que solo se centran en experimentar el
aquí y el ahora suelen sufrir este tipo de problemas tarde o temprano. Se
trata de la ausencia de un plan para vivir juntos a largo plazo, algo que
genera incertidumbre y discusiones al ver que la otra persona daba por sentado
un proyecto de vida que nosotros siempre hemos rechazado, a causa de no haberlo
hablado antes.
6. Problemas de convivencia y reparto de
responsabilidades
Más allá del amor, los pequeños detalles de la
convivencia en el día a día tienen una gran importancia. En este sentido,
otro de los problemas de pareja más comunes son las discusiones sobre la
asignación de tareas que tienen que ver con el mantenimiento del hogar o con la
crianza y cuidado de los hijos, si es que se es padre o madre.
7. Mala comunicación
En las relaciones amorosas, puede darse la paradoja de
que la expectativa de poder conocer a la otra persona de un modo que nadie más
lo ha hecho nos lleve a asumir demasiadas cosas sobre lo que nuestra pareja
siente, quiere o piensa.
No hay que olvidar que las relaciones de pareja existen
porque existe un diálogo constante, y que si ese diálogo se interrumpe, la
relación estará caminando sobre la nada. Dedicar momentos a hablar y a aclarar
malentendidos es primordial, y no hay que asustarse si en el proceso
descubrimos que mucho de lo que creíamos sobre ese ser querido resulta ser
falso; es natural y esperable que no podamos conocer a la perfección a otro ser
humano, por mucho que lo queramos.
8. Desatención
La idea de que se está desatendiendo la vida amorosa
también es uno de los conflictos de pareja más habituales, y está
vinculado a la desmotivación.
Sin embargo, esto no es tanto una causa de conflicto,
como una consecuencia de que hay algo que subyace a esta desatención; es esa
causa primaria la verdadera fuente de malestar sobre la que hay que intervenir,
y su naturaleza puede variar mucho. Hay que indagar en ello y ver qué se
esconde bajo esa aparente indiferencia hacia el amante, el esposo o la esposa.
9. Mala asignación de las tareas
Muchas veces olvidamos que las relaciones de pareja que
ya están consolidadas son, además de un vínculo amoroso, una relación de
convivencia que se lleva a cabo en términos muy materiales: limpiar la casa,
llevar al día la economía doméstica, cocinar, atender a los hijos (si los hay),
etc. En muchos casos, la pareja y el reparto de responsabilidades
familiares son dos fenómenos indesligables.
Por eso, hay que tener claro que independientemente de la
intensidad con la que se ame a alguien, si el reparto de actividades que tienen
que ver con el cuidado de la casa o de los hijos no funciona, surgirán
frecuentes conflictos de pareja. Abordar el tema de manera directa y llevando a
cabo un cálculo de las horas de trabajo doméstico que debe cubrir cada uno es
la mejor solución.
Un resumen sobre los problemas de pareja más habituales
Hay una amplia variedad de causas de discusiones que
pueden llegar a “cronificarse” repitiéndose una y otra vez en un noviazgo o
matrimonio; además, es posible que en una relación de pareja simplemente exista
una falta de habilidades para gestionar los conflictos o hacer que el mínimo
choque de intereses aparezca una lucha de egos.
Los malos tratos y todo lo que llevan
asociados, como la violencia física y verbal, solo pueden ser
considerados un problema de pareja en el sentido de que se producen en ese
ámbito.
Sin embargo, a diferencia de los que hemos visto hasta
ahora, en el caso del maltrato el problema no son los daños producidos al
vínculo amoroso en sí, sino los daños producidos en la víctima. Por eso, cuando
se da este fenómeno, el objetivo para solucionar la situación pasa
necesariamente por terminar con la relación.
¿Qué hacer para solucionar los problemas de pareja?
Ahora ya hemos visto un desglose de los problemas más
comunes que afectan a la vida en común de matrimonios y personas que mantienen
una relación de noviazgo, pero falta ver lo más importante: qué hacer al
respecto para que el amor no se vea dañado por este desgaste? Veamos algunas
ideas clave.
1. Comprometerse a dialogar en caso de conflicto
Es importante que, en un momento en el que no se está
discutiendo, ambas personas involucradas en la relación se comprometan a
seguir un protocolo de diálogo en los momentos en los que surge una
discusión acalorada. Es decir, concretar un plan de acción cuando esto ocurra,
una serie de acciones en cooperación que tenga como único objetivo crear un
contexto de comunicación y crítica constructiva donde antes solo había
reproches y acusaciones.
Por ejemplo, uno de estos protocolos puede ser dejar
pasar unos minutos para que se calmen los ánimos, y luego sentarse y respetar a
rajatabla los turnos de palabra, expresándose de la manera más neutral posible
y sin usar acusaciones.
Te recomendamos: Terapia de pareja: Claves de
comunicación en la relación
2. Acordar pasar más tiempo juntos
No se trata solo de estar cerca del otro, sino
de pasar tiempo de calidad juntos. Muchas veces, los problemas de
comunicación se resuelven al involucrarnos en situaciones agradables en las que
la intimidad facilita la expresión de emociones y de opiniones.
3. Dejar claros los objetivos de cada uno
Esto es fundamental para resolver uno de los problemas
más comunes en las relaciones amorosas de pareja: la discordancia entre
las expectativas de uno y otro. Concretar qué es lo que esperamos de la
relación y del otro, y qué es lo que uno mismo puede aportar, es necesario para
crear planes de futuro que consoliden una relación a largo plazo.
4. Acudir a terapia de pareja para solucionar los
problemas de pareja
Muchas veces, es demasiado difícil resolver los
problemas de pareja sin contar con ayuda profesional. Asistir a sesiones
de terapia de pareja no solo supone contar con un espacio de comunicación
honesta en el que es posible expresarse sin estar constantemente a la
defensiva; además, los psicólogos que ofrecen este servicio especializado
ayudan a desarrollar habilidades comunicativas y de gestión de las emociones
muy útiles, y cuyo impacto se nota tanto en la vida amorosa como más allá de
esta.
Te recomendamos: Problemas frecuentes abordados en
terapia de pareja
Cómo se tratan los problemas de pareja por discusiones en
terapia de pareja
La tendencia a discutir constantemente y a dejar que las
discusiones acaparen buena parte de la vida en pareja es uno de los problemas
que más afectan a los matrimonios y a los noviazgos que pasan por una crisis.
Por eso, esta clase de fenómenos forman parte de los patrones de comportamiento
y comunicación disfuncionales abordados en terapia de pareja frecuentemente.
¿Qué se hace en terapia de pareja para superar estos
problemas de pareja?
Estas son las principales áreas de intervención en
terapia de pareja para ayudar a las personas a gestionar mejor las discusiones
y a prevenir la aparición de aquellas que no aportan nada.
1. Apoyo psicológico en los procesos de reparación de daños
A veces, la propensión a discutir se debe a que hay
un sentimiento de agravio que no ha sido resuelto. En terapia de pareja se
trabaja para identificar esta clase de origen del conflicto, ayudar a ambas
partes a comprender el punto de vista de la otra, y finalmente se guía a quien
ha cometido una acción injusta para que pueda reparar los daños causados en la
medida de lo posible y así demostrar su buena voluntad y su compromiso con la
relación.
2. Entrenamiento en la gestión de la ira
Este tipo de trabajo en la modulación de las emociones se
centra más en el individuo, pero igualmente tiene mucho que ver con la vida en
pareja. Permite no ceder a los impulsos que invitan a caer en la tentación
de luchar por tener razón en vez de contrastar puntos de vista para llegar
a un punto de acuerdo.
3. Gestión de los tiempos para discutir
Otra de las claves para manejar bien los conflictos en
las relaciones de pareja consiste en saber cuándo es adecuado discutir y cuándo
no. Esto implica desarrollar habilidades de autoconocimiento y de
inteligencia emocional, de manera que las personas no se enzarcen en
discusiones cuando notan que ya venían agotadas mentalmente de antes o se
encuentran en una situación de vulnerabilidad de algún tipo (por haber estado
trabajando duramente, por tener dolor de cabeza, etc.).
4. Comprensión del modo en el que el contexto influye en
la comunicación
A la hora de gestionar las discusiones o incluso de
prevenir aquellas que son innecesarias, es importante saber que el
contexto modifica el significado de las palabras y las implicaciones de lo que
se dice. Por ejemplo, dependiendo de cuál sea la situación económica o laboral
de cada uno, una frase puede ser interpretada como una amenaza si se interpreta
como una reafirmación de relaciones de poder desiguales (véase por ejemplo el
caso habitual del ama de casa que no trabaja de manera remunerada y el marido
que se encarga de traer el dinero a casa).
5. Paso de la crítica a la persona a la crítica a las
acciones
Muchas discusiones se enquistan porque en vez de criticar
aquellas acciones con las que uno/a no está de acuerdo, se ataca a la persona,
como si esos patrones de conducta percibidos como problemáticos fueran parte de
su esencia. Este tipo de discusiones no aportan nada porque más allá de mostrar
disconformidad con algo, se insinúa que no existe la posibilidad de cambiar lo
que ocurre, de solucionar el problema, ya que esa persona estaría “destinada” a
comportarse así. Por ello, es una manera de comunicar críticas que solo sirve
para frustrar a ambas partes y para generar malestar e inseguridades.