—¿Egoísta yo? Amor, no lo soy —dijo riéndose —Es solo que no me gusta estar lejos de ti.
—Sabes muy
bien que no es porque quiero y me encantaría saber que te alegra que haya
triunfado en la vida —bufé cansada.
Actitudes como
ésta no harán florecen nuestra vida y ella no sé qué está pensando de mí pues;
aunque esté cumpliendo mi sueño estoy empezando a dudar de que es lo mejor para
mí, digo, ¿tendré que dejar mi trabajo por ella? Es lógico no puedo vivir en la
ciudad del Bronx solamente de amor, de amor no se vive esto es imposible.
No ha pasado
ese momento de pensar, pero espero que no pase.
—Está bien,
dejemos de pelear cariño —dijo cortante.
¿Okay?
¿En serio ella
está haciendo escenas ahora? Obviare todo esto por este momento... no me hará
bien si empiezo una discusión con ella.
Olvidó la
situación y subo a la habitación mientras hecho un poco de ropa en una pequeña
maleta que tengo, y preparo mi maleta y mi información personal en una cartera.
Agnes me llama, con ánimos, preguntándome qué salsa usar para la pasta.
//
La relación de pareja evoluciona, cambia y madura, es
decir, una relación afectiva pasa por diferentes etapas. Estas fases incluyen
momentos agradables y positivos, pero por muy unida y armoniosa que sea, añade
una fuerte carga emocional que en ocasiones producen conflictos en la
pareja.
Cuando dos personas se unen y deciden seguir el camino de
la vida juntos, añaden sus personalidades, creencias y experiencias previas a
la ecuación. Hay muchos roles por decidir y es un esquema cambiante donde la
pareja debe adaptarse a los nuevos escenarios de la vida que se vayan
produciendo.
Diferentes fases de las relaciones de pareja
Se pueden enumerar diferentes fases de las relaciones de
pareja, pero podemos señalar estas tres principales:
El comienzo. El enamoramiento es la base de la gran
mayoría de relaciones de pareja. En esta fase la atención está enfocado en los
aspectos comunes y, por lo general, sin percibir apenas los aspectos que nos
diferencian. En esta etapa evitamos los conflictos. El enamoramiento es una
emoción y por tanto tiende a la habituación. La convivencia. Cuando una
pareja decide vivir juntos, hay un montón de hábitos que antes no compartían y
tareas domésticas que deben ser asignadas. Ahora cada persona empieza a
mostrarse como es y el encuentro comienza a ser más real, y pueden aparecer
diferencias en la forma de resolver los conflictos. Los hijos. Con la
llegada de un bebé, se produce un nuevo cambio cualitativo. Se multiplican las
tareas de manera exponencial y la pareja tiene que unificar criterios en
función de la educación que pretenden otorgarle.
Hemos señalado estas tres etapas por las que muchas
parejas pasaran, pero hay muchos otros cambios que se pueden producir en
una relación de pareja, como los relacionados con los trabajos, (cambio de
horarios, retribuciones, paro, cambio geográfico…), problemas de
salud, adolescencia de los hijos, en la edad madura cuando los hijos se
independizan, y un largo etc.
Cómo solucionar problemas de pareja
Independientemente del momento vital en el que se
encuentre la pareja hay una serie de recomendaciones “universales” que nos van
a ayudar en cualquier fase que nos encontremos.
Por tanto, veamos una seria de consejos para cuando se
produzcan conflictos en la pareja:
Discutir, no pelear. Una de las primeras ideas es
desmitificar el hecho de discutir. Mantener discusiones no es sinónimo de una
mala relación, pero si es muy importante el cómo discutimos y el evitar que
deriven en peleas. Comunicación. Una de las herramientas más potentes de
las que dispone la pareja para superar sus diferencias siempre que se utilice
de manera adecuada. Hablar de los problemas. Si algo nos preocupa es bueno
decírselo a nuestra pareja, pero eligiendo un buen momento en el que ambos
estéis en una buena predisposición emocional. Lenguaje no ofensivo. Hay que
tener cuidado, ya que las palabras que elijamos pueden abrir profundas heridas.
Escucha activa. Si nuestra pareja se siente escuchada y percibe que
estamos haciendo esfuerzos por entenderla, ya habremos dado un gran paso hacia
la solución del problema. Centrarse en un único tema. Cuando se está
discutiendo sobre un asunto debe ser conciso y objetivo, y no derivar hacia
otros temas conflictivos y sacar otros “trapos sucios” del pasado para
recriminar y aumentar la tensión. Centrarse en la solución del
conflicto. Ligado con el anterior, ser constructivos, evitando los
reproches, y buscar los aportes necesarios para llegar a una solución
satisfactoria y sobre todo conjunta. Respeto. Evitar caer en la falta de
respeto. Si se llega al insulto es señal inequívoca que la discusión no va a
ser productiva, todo lo contrario. Comunicación no verbal. El contacto
físico es importante. El dar por ejemplo un abrazo a tu pareja de manera
espontánea puede ser de gran ayuda y poner fin a unos días de tensiones y
malhumores. De igual modo, con malas caras o gestos, podemos aumentar nuestro
distanciamiento emocional. Evitar arrastrar problemas exteriores a nuestra
relación. Es muy común que un conflicto en el trabajo o con
amigos, lo traigamos a nuestro hogar y lo hagamos extensible a nuestra
relación. De hecho, en muchas ocasiones, se malinterpreta esa confianza y hace
que descarguemos nuestra frustración en la pareja. Hay que intentar ser
consciente de ello y construir muros, no traer lo malo del exterior a nuestra
relación (P. ej. Justo antes de entrar al hogar, respiramos profundamente y
dejamos fuera esos problemas que recogeremos y afrontaremos a la mañana
siguiente en el lugar preciso).
En resumen, la discusión forma parte de la pareja y se
debe trabajar como pareja también en ello. Incluso no siempre va a ser posible
llegar a un acuerdo totalmente satisfactorio, pero de poco sirve a largo plazo
el imponerse al otro. En el peor de los casos se debe llegar a un acuerdo en el
desacuerdo, y a unos mínimos de entendimiento.
Aunque en ocasiones no lo parezca, somos seres
racionales. Y si en ocasiones no lo parece es porque cuando la ira nos invade,
la mente se nos nubla y quizá lo que sale por nuestra boca no sea lo más
adecuado para solucionar nuestros problemas de pareja. Quizá nos desahoguemos
por un breve período de tiempo, pero a la larga, terminaremos ocasionando
graves estragos en nuestra convivencia. Y no es que no sepamos cómo tratar a
nuestra pareja, sino que en esos momentos críticos perdemos lo que precisamente
debería ser más importante, el sentido común.
Ya se sabe lo que dice el simpático proverbio de nuevo
cuño: “no discutas con un tonto, porque primero te hará bajar a su nivel y
después te golpeará con su experiencia”. Algo semejante puede aplicarse al
mundo de las relaciones de pareja, en el que debemos evitar ser
arrastrados a la espiral en la que parece haber caído la otra persona. Más que
contraatacar de manera cada vez más fuerte, quizá sea más inteligente rescatar
a nuestra pareja de su propia estupidez y ayudarle a mantener la cabeza fría.
O, si tal cosa no es posible, tener en mente los siguientes consejos la próxima
vez que el asunto esté a punto de írsenos de las manos.
Recuerda la navaja de Ockham
El fraile franciscano inglés Guillermo de
Ockham alumbró lo que sería conocido posteriormente como el principio de
parsimonia, que viene a decir que en igualdad de condiciones, la teoría más
simple tiene más posibilidades de ser correcta que la compleja. Lo cual viene a
cuento cuando comenzamos a construir castillos en el aire y a
atribuir causas insospechadas al comportamiento de nuestra pareja.
Probablemente la explicación más sencilla sea la verdadera, y si se le ha
olvidado llamarte es porque realmente se le ha olvidado, no porque estuviese
citada con su amante en un hotel a las afueras de la ciudad.
¿Por qué estás enfadado?
Intenta responder a dicha pregunta y descarta la primera
respuesta: en muchos casos seguramente lo que tanto te haya enfurecido no sea
el objeto de la discusión que se está manteniendo, sino otra razón más profunda
o quizá un problema muy concreto que aún no se ha resuelto. En otros
casos, ni siquiera tu pareja tendrá la culpa de tu enfado, sino que
este puede haberse ocasionado en otro ámbito (trabajo, familia) y es ella quien
está pagando los platos.
Para y deja que la otra persona se explique
No se trata únicamente de contar hasta
diez entre exabrupto y exabrupto, sino también en dejar que la otra
persona se explique y presente su versión de los hechos ante tus acusaciones.
Quizá ello evite un aumento de la tensión hasta un punto de no retorno y
solucione el problema sin necesidad de elevar el tono o sacar a colación otros
temas. Nuestra mente funciona más rápido que nuestra lengua, y a
veces una simple conversación sin alzar la voz sirve para convertir las sombras
en luz.
Revisa tus argumentos
Muchas personas comienzan a discutir con una
idea clara en su cabeza sobre lo que han de decir, especialmente si son ellas
las que comienzan la confrontación. Ya que tan sabida tenemos la lección, quizá
convenga revisar nuestra argumentación antes de pronunciarla en voz alta y, de
esa manera, comprobar si lo que sugerimos es cierto o si se trata de una mera
estratagema para hacer sentir mal a nuestra pareja. Si es así, quizá sea
preferible tragarnos nuestras palabras.
Hazlo en el momento indicado
Para discutir apropiadamente sobre algo que nos molesta,
también hay que saber cuándo hacerlo. El peor momento es, desde luego, cuando
le tensión está a punto de explotar o en mitad de un cruce de acusaciones
interminable, cuando las emociones nos hacen airear esos molestos trapos sucios
que toda pareja tiene. Pero quizá tampoco sea muy apropiado aprovechar el
buen rollo romántico para sacar a relucir aquel pequeño problemilla que
ocurrió hace un mes y que hasta entonces no nos habíamos atrevido a comentar…
No pidas lo que no puedes dar
La estabilidad de una relación de pareja debe forjarse en
el equilibrio más o menos simétrico entre ambos miembros: antes de acusar a la
otra persona quizá convenga que nos paremos a pensar si estamos en
disposición de exigir algo así a la otra persona o si es preferible, por
el bien de ambos, pasar por alto pequeños detalles que en nuestro caso también
han sido pasados por alto.
Una discusión no se puede ganar, sólo perder
¿Cuál es el fin de toda discusión de pareja?
¿Intercambiar exabruptos hasta que uno de los dos se dé por vencido y,
convencido, pida perdón a su pareja y acepte que esta tiene toda la razón
y nada más que la razón? ¿O simplemente hacerle comprender que uno de sus
comportamientos nos ha molestado y que en lo consecutivo es preferible que se
lo piense dos veces antes de volver a hacer algo semejante? Recordemos que
muchas personas han ganado discusiones, pero a cambio, han perdido a
sus parejas.
Los sentimientos no se discuten
El sistema judicial puede ser falible en ocasiones, pero
la historia de las leyes ha proporcionado al ser humano una serie de
herramientas racionales y útiles para solucionar sus conflictos. Por eso, quizá
no sea tan mala idea tomar algunos de sus consejos y aplicarlos a nuestra vida
en pareja, como es centrarnos en los hechos y no en las especulaciones. Es
vital recordar que podemos tener algún desencuentro sobre los planes
futuros o pasados, pero juzgar o anticipar sus sentimientos no nos
hará más que realizar presunciones equivocadas.
Ponte en la piel del otro
Apelar a la empatía con la otra persona es uno de los
consejos más habituales cada vez que surge una discusión, pero raramente se
lleva a la práctica de manera estricta. Ello quiere decir que no estaría mal
pensar cómo nos sentiríamos nosotros mismos si nuestra pareja nos espetase
aquello que acabamos de reprocharle, si realmente somos justos al realizar
tales acusaciones y si viene a cuento. Porque probablemente, la respuesta
será negativa.
10 consejos para superar los celos
Por Psic. Rogelio Argüello
Es natural tener celos de vez en cuando. De hecho, para
muchos los celos pueden considerarse como una prueba de amor. Sin embargo,
cuando salen de control pueden arruinar el día a día en una relación, incluso
pueden ocasionar su ruptura.
1. Reconoce que tienes un problema
El primer paso para atender los celos es admitir que se
trata de un problema real que está afectando la relación. Los celos pueden
debilitar a ambas personas en una relación y puede impedir incluso que
continúen juntos. Si revisas constantemente las r************* de tu pareja, o
su teléfono o correo electrónico, buscando señales que te indiquen que te
engañan; si no puedes soportar que tu pareja interactúa con alguien más del
sexo opuesto. Tienes la certeza de que todas las mujeres o todos los hombres
pretender ‘robar’ a tu pareja, entonces es probable que tengas un problema con
el manejo de los celos.
2. Construye la confianza en ti mismo
Los celos son un producto de una inseguridad emocional y
de baja autoestima. Muchas veces, es un miedo profundo de abandono, que alguien
te deje o que deje de interesarte en ti porque consideras que ‘no eres lo
suficiente’. Ten en cuenta que las personas que tienen confianza en sí mismas
saben que incluso si son rechazadas o burladas, no es siempre su por culpa suya
y además confían en que podrán asimilarlo y recuperarse. Incluso si es su
culpa, eso no les quita valor, significa simplemente que no son perfectos, que
tienen que aprender algo nuevo.
3. Afirma tu vida y tus sueños, esfuérzate en agradarte a
ti mismo antes que a los demás
Un espíritu positivo y no quedar fijado en el sentimiento
de los celos y los problemas que ocasiona, te ayudará a superar los celos.
Entre más importancia le des a los celos menos oportunidad tendrás de
superarlos.
4. Confía en que puedes enfrentar y asimilar un abandono
eventual y real
Los celos malsanos tienen que ver con un miedo a ser
abandonados o engañados. Este miedo se refiere a un ‘posible’ engaño, un
‘posible’ abandono, es decir se refiere a algo que no es real (sino posible).
Pero el miedo en sí mismo es algo real, y lo que es real es una falta de
confianza de que somos capaces de enfrentar y asimilar un engaño o un abandono
reales. Es decir que cuando expresamos celos estamos expresando un miedo,
estamos diciéndonos a nosotros mismos que no confiamos en poder … y por eso
queremos prevenir y evitar a toda costa que suceda eso que anuncia un posible
engaño o abandono. Las personas que sienten celos por lo que hace o dice su
pareja, suelen ver las cosas distinto después de que pasa la ‘crisis’ de celos.
Es decir que reconocen que no había motivos suficientes para haber expresado
tal desconfianza y celos. Los celos malsanos son celos infundados. Lo que vemos
y a lo que reaccionamos como si fuera una verdadera amenaza en parte nosotros
mismos lo construimos, empujados principalmente por este miedo a ser
abandonados o engañados. Y es ‘en parte’ porque lo que vemos y a lo que
reaccionamos efectivamente puede encontrarse en situaciones de peligro, en
situaciones en que esté presente un engaño o abandono inminente. Por ejemplo,
tanto en una situación de celos fundados como en una de celos infundados pueden
estar presentes elementos como mensajes o llamadas de celular, llegadas tarde
del trabajo, salidas a comer con compañeros o compañeros de trabajo, etc. Sin
embargo, esos elementos no bastan, no son fundamentos que permitan decir que
existe un engaño en la relación. Basta con que exista un miedo a no ser capaces
de lidiar con un engaño inminente para que la situación descrita tome un rumbo
problemático, que estará lleno de celos enfermizos, desconfianzas y faltas de
respeto.
Hay que tener presente que este tipo de inseguridad
tiende a venir de la infancia. Muchas personas celosas sufrieron en su infancia
de un trato indiferente, fueron ignorados o desplazados o efectivamente
sufrieron el golpe de un abandono por parte de un padre o una madre. En la
medida en que este evento traumático no se asimile adecuadamente, se vivirá con
un miedo a ser abandonado de adulto. Este miedo, como dijimos, se refiere
menos a lo que está sucediendo allá afuera con su pareja (actos que le generan
desconfianza), que con la realidad de que no ha sido capaz de afirmar que tiene
la capacidad de enfrentar esto que vivió, y que por lo tanto le huye
constantemente. Tener celos, por lo tanto, es tomar una decisión de vivir con
un miedo de que eso que nos hizo sufrir en el pasado surja nuevamente, y una
desconfianza en nuestras propias capacidades de que podemos enfrentarlo y salir
adelante. De hecho, sufrir de celos quiere decir que no hemos sido capaces
todavía de asimilar este evento del pasado,
Si huimos constantemente de ese evento es porque estamos
convencidos de que no hay manera de recuperarse. Pero la realidad no tiene que
ser esa. Estamos convencidos de eso porque estamos resignados a que lo que nos
hizo perder ese evento de abandono ya no podemos recuperarlo. Expresar celos es
sinónimo de no haberse recuperado realmente.
5. No ‘juegues’ juegos
Los celos son muy angustiantes. Un riesgo que tienes
frente a los celos es hacer sentir celosa a tu pareja. Seducir a otros hombres
o mujeres en presencia de tu pareja, o expresar lo atractivo, divertido,
inteligente que es tu compañero o compañera en tu trabajo, todo esto no te hará
sentir mejor ni mejorará a la larga la situación que sufren de los celos. No se
trata de pretender que no existen otras personas en este mundo, simplemente de
no utilizarlo a manera de desquite o ataque para darle una lección a tu pareja.
6. No te conectes a las redes sociales
Estos sitios, principalmente f*******:, te invaden con
imágenes que pueden suscitar los celos. No se trata de que te subestimes, de
que no eres capaz de manejar adecuadamente una red social. Se trata de que no
pases por alto que tienes actualmente una dificultad para manejar ciertas
emociones (los celos) y que por lo tanto existirán cosas que convendrá evitar.
Básicamente se trata de reconocer que los celos equivalen a que tienes un
problema. Es como si tuvieras una herida abierta, que te hace experimentar
dolor al contacto de cosas o situaciones que normalmente no sentirías ningún
daño. Conviene, por lo tanto, que mientras no cicatrices esta herida, y seas
capaz de manejar mejor tus emociones y por lo tanto no incurras en celos
malsanos, no utilices las r************* .
7. Identifica que los celos son un círculo vicioso
Cuando eres celoso, en realidad no responde al
comportamiento de alguien; respondes a lo que crees que su comportamiento
implica. En otras palabras, tú reaccionas a un escenario que te da miedo, pero
que no ha pasado todavía, y que de hecho podría nunca ocurrir. Esta reacción
negativa a lo que piensas que su comportamiento implica (por ejemplo que el
otro o la otra es mejor o más importante que tú) va a poner a la persona a la
defensiva, porque está siendo acusada de hacer algo malo. Cuanto más va a estar
a la defensiva, tanto más tú vas a estar sospechoso y celoso. Se trata de un
círculo vicioso que es difícil de revertir.
8. Apréciate a ti mismo
Una de las principales razones por las que las personas
son celosas es debido a una baja autoestima y por inseguridad. Piensan que no
son suficientemente buenos para merecer la relación de pareja, que su pareja se
dará cuenta tarde o temprano y buscará alguien más. Ten presente que tu pareja
eligió estar contigo y tiene razones para hacerlo. Esta elección proviene
necesariamente del hecho que tienes la capacidad de hacerle sentir bien, y por
esto decide estar contigo. Y esta capacidad es algo tuyo, y que sería deseable
que fuera recíproco (que tu pareja también tenga la capacidad de hacerte sentir
bien). Es decir, recuerda que es por tus cualidades positivas que tu pareja
está a tu lado.
9. Dale un voto de confianza a tu pareja
Este punto es un poco tramposo, pues pareciera que
consiste en pedirte simplemente que “no seas celoso o celosa”. Sabemos que no
esto no es nada fácil, que precisamente sufrir de celos consiste en no poder
confiar en tu pareja. Ten presente que no confiar en tu pareja es también un
acto de agresión, en la le tratas como alguien no digno de confianza. Es
importante que ambos se esfuercen por impedir esto, y que tengas claro la
importancia de esforzarte en lograr dar un voto de confianza.
10. Sé positivo
Los celos son comportamientos que se alimentan del miedo.
Pasas tiempo con angustia preocupándote de algo que no ha sucedido y que
probablemente nunca vaya a suceder. Al hacer esto, aumentas las probabilidades
que malas cosas sucedan al dar lugar a la sospecha y la falta de confianza.
Intenta más bien en enfocarte en lo positivo. Sé feliz de lo que tienes. Y
piensa que si alguien va a heriste, no hay nada que puedas hacer, pues no
puedes impedirlo. De poco sirve que lo vigiles, lo acuses o espíes, esto no es
lo que impedirá que alguien más pueda herirte. Si confías en alguien, entonces
ofrécele un voto de confianza. El beneficio de la duda es importante para que
una relación pueda funcionar. Evidentemente no se trata de confiar ciegamente
en el otro, pues nadie es perfecto y se puede equivocar, pero tienes que
hacerle saber con claridad que es un requisito el ser confiables el uno para el
otro. Y si sientes que la persona no te da confianza, si sientes que la persona
parece mentirosa o no es seria respecto al compromiso, entonces mejor no te
enganches en una relación. Confía en que puedes construir una mejor relación
con alguien más.