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Me acomodo y él me mira con gracia. Salimos por la puerta y fuimos rápidos. Sin embargo, cada vez que estaba con él, mi corazón latía con fuerza y sudaba. Tenía mucha facilidad para hacerlo, por eso siempre llevaba una cartera con todo lo necesario: perfume, desodorante principalmente y papel higiénico. Aunque dudaba que en un evento de gente adinerada falte el papel higiénico, uno nunca sabe. Atravesamos las puertas de la mansión en el vehículo blanco. Mi jefe se subió con facilidad, utilizando sus brazos. Al parecer, era muy fuerte. Melisa lo ayudó a dejar la silla de ruedas atrás y avanzamos. Empezamos a hablar de temas sin interés mientras seguimos hasta llegar al lugar del evento, que se mostraba en todo su esplendor. Había muchísimas luces de colores en una mansión tan extravagante

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