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1288 Words

Los días pasaron y apenas había visto a mi esposo, Leonardo, ya que se la pasaba trabajando en el extranjero. En esa semana, a duras penas había tenido su presencia en la casa. Era mejor así, ya que no podría soportar una humillación de ese tipo. Observo con nostalgia el dinero que aún está sobre la mesita de luz. No lo he guardado ni siquiera lo he tocado. No quiero utilizarlo; pensé que al ser su esposa, las cosas cambiarían, pero al parecer me equivoqué. Aún solamente sigo siendo alguien a quien él le paga. Bajo la vista, siento unas enormes ganas de llorar en ese momento. Porque a pesar de todo, no comprendo los latidos de mi corazón. Me tomo de los labios y me doy la vuelta. Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de no sentirme de esta manera. Mientras avanzo con sigilo, repa

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