- Nada - comenta con una sonrisa, luego mira al perrito. - Al parecer quiere jugar mucho contigo. - Es muy lindo. Gracias por esta sorpresa - comento, abrazándolo de manera inesperada. - De nada - responde un poco avergonzado, ya que su rostro se vuelve tan rojo como un tomate. - ¿Estás avergonzado? - pregunto divertida, y él suspira. - Que alguien te pregunte si estás avergonzado hace que el otro se avergüence más - responde, y no puedo evitar reírme divertida. Tomo su mano y él me sonríe. - Hay tantas cosas que no sabes de por qué soy así. - No me las expliques - comento, y él suspira. - En algún momento lo sabrás. - Siempre dices lo mismo - replico, soltándome de su agarre. Él no dice nada, simplemente sonríe. Nuestro tiempo juntos se vuelve más tranquilo y lleno de complicidad

