El juez nos saluda y finalmente nos casa. Es extraño saber que oficialmente estoy casada con él, con un hombre. Él me toma de la cintura y me acerca a su regazo para besarme. Todos aplauden y en ese pequeño instante, me siento feliz. Imagino que es real, que nos hemos casado por amor, y sonrío. Mientras todos nos felicitan, sé que la realidad es mucho más compleja de lo que parece. Todos salimos del registro civil, incluyendo algunas amistades que tenía en la universidad. Entre los presentes hay algunos socios de mi esposo y personas que no conozco. Nos acomodamos en distintos vehículos, y una limusina nos espera para llevarnos a nosotros dos. Melisa se va con mi padre y me guiña un ojo antes de partir, lo cual me hace reír. Comentamos sobre cómo mi padre y Melisa parecen llevarse bien,

