El miedo no me dejaba pensar con claridad y la oscuridad de el club solo hacía que mi apresurada escapada resultara algo torpe al bajar las escaleras, sin embargo mis pies con mis sandalias más similares a unas pantuflas habían tocado el fin de la escalera y no muy lejos podía ver a aquel bartender que había girado a verme curioso, de seguro extrañado por mi aún más pálido rostro. Estaba apunto de escapar de allí sin dar explicaciones y sin siquiera girar a ver pero apenas pude llegar a dar cinco pasos más y una gran y áspera mano con unos pequeños metales tomaban con firmeza mi brazo haciéndome girar y chocar con su duro cuerpo sintiendo que mi corazón se detenía por un instante. Sabía de quién se trataba con solamente olerlo. Ese perfume caro y su olor tan peculiar que al olerlo te de

