Humillaciones

1199 Words
Al día siguiente, los padres de Brian llegaron a la comisaría, donde tuvieron que esperar a que fuera casi mediodía para que, tras mucho rogar, les permitieran ver a su hijo. —¡Brian! —la voz de Clara Lancaster sonaba angustiada— ¿Cómo estás hijo…? —Comenzó a decir pero la voz se le estranguló en la garganta cuando lo vio acercarse a las rejas con la camisa toda manchada de sangre y los hematomas en la cara y los brazos. —Tranquila, mamá —le dijo al pasar los brazos por los sólidos barrotes para dar un amago de abrazo a su progenitora— Estoy mejor de lo que parece. —¿Qué sucedió, Brian? —preguntó su padre, el viejo Richard Lancaster tenía la cara pálida y en la frente se le acentuaban las arrugas— ¿Por qué huiste con la hija de los Reynolds? Ella es muy buena chica, pero sus padres… El viejo Lancaster dejó la frase sin terminar. Pero Brian entendió perfectamente lo que su padre quería decir. Luego les explicó lo que habían hecho y la razón para hacerlo, su madre lloraba quedamente y a su padre las arrugas se le iban marcando cada vez más en el rostro preocupado. —Mala cosa esa, hijo —le dijo el anciano— Esperemos que todo quede en un mal entendido, porque no tienen ninguna razón para tenerte aquí detenido. —¡Ay, padre! —le dijo Brian moviendo la cabeza— ¿Cuándo hemos tenido justicia en este pueblo? Por unos momentos se quedaron callados, Brian sostenía las manos de su madre a través de las rejas y su padre tenía un brazo por encima de los hombros de su esposa, como para confortarla y darle fuerza. Pero de pronto el silencio fue roto por unos pasos fuertes que se acercaban al área donde ellos estaban. Por la pequeña puerta que daba al pasillo estaban entrando el comisario Brown y Rufus Reynolds, el padre de Charlotte y cabeza de la antigua familia. Cuando llegaron hasta donde estaba la familia Lancaster el comisario se adelantó, seguido de los dos alguaciles. Rufus Reynolds se quedó un poco atrás, como queriendo no tener protagonismo en lo que iba a acontecer. El comisario hizo un desganado ademán de saludo hacia los padres de Brian antes de encararlo para hablar con él. —Te tengo ¡buenas noticias, querido muchacho —le dijo con una sonrisa hipócrita en el rostro, porque el comisario era lo menos amable que había con las personas de poco recursos. —¿De qué se trata, comisario? —intervino Richard Lancaster. —Te voy a ofrecer una buena oportunidad —dijo mirando a Brian a los ojos e ignorando olímpicamente a su padre— El buen Señor Reynolds amablemente ha accedido a no presentar cargos contra ti. —¿Y por qué estoy aquí, comisario? —lo interrumpió Brian, haciendo que la sonrisa se helara un poco en la cara del comisario. —No me interrumpas, mocoso —dijo repentinamente serio— Tienes que aprender a callar de vez en cuando. Estás aquí es porque has cometido un delito, bien podrían presentar cargos contra ti por secuestro y aprovechamiento de una joven de familia. —Mi hijo es un hombre de bien, comisario —le dijo su padre. La reacción del comisario no se la esperaba nadie, de un duro revés le volteó la cara al noble anciano que sin embargo no le quitó la mirada de encima. —Ya deja de interrumpirme, maldito viejo —le escupió acercándose a él con gesto amenazador, sin embargo el viejo no retrocedió ni un milímetro de donde estaba. El comisario lo miró amenazadoramente por unos minutos y luego se volteó hacia donde estaba Brian con su madre. —Se ve que tus padres son tan ignorantes como tú, muchacho —le dijo con rabia contenida, le molestaba que las personas se defendieran aunque tuvieran razón, porque eso lo contradecía, algo que odiaba— Espero que muestres un poco de inteligencia. Se acercó a las rejas, haciendo a un lado, de mala manera, a la madre de Brian, y acercó su rostro a las rejas como para imponer su presencia. —Si no quieres pudrirte tras esas rejas —le dijo con saña— Y que tus mugrosos padres queden en la indigencia junto con el tísico de tu hermano, tienes que aceptar la generosa oferta que voy a hacerte, ¿Me entiendes, zarrapastroso? Brian estaba lleno de ira desde hacía rato. Nada más al ver que el comisario golpeaba a su padre lo hizo rechinar los dientes, pero su madre le sostuvo las manos y le hizo un gesto para que no dijera nada. —Lo entiendo, “comisario” —usó toda la ironía que pudo al pronunciar el ostentoso cargo policial, para no tener que escupir la profunda ira que lo consumía, en especial por sus padre— Dígame cuál es la propuesta. El comisario se le quedó mirando con rabia, pero se aguantó de insultarlo de nuevo. —Bien —dijo carraspeando para aclararse la garganta— El señor Rufus Reynolds no va a presentar cargos con la condición de que no te acerques a la niña Charlotte en ningún momento y que te marches de aquí en tres días para no regresar nunca más. Brian no podía creer lo que estaba escuchando. ¡Marcharse de allí! Expulsado como un perro sarnoso o peor, ese pensamiento hizo que se le revolviera el estómago y le dieran náuseas, pero se abstuvo de demostrarlo. —¡No pueden echarme del pueblo! —exclamó en medio de la sorpresa, su madre comenzó a llorar de nuevo y su padre apretó los labios para no decir nada ante semejante injusticia. —Por supuesto que podemos —dijo el comisario masticando las palabras. —O puede pasarte algo peor —dijo Joe, uno de los alguaciles. —Como a Henry Ventura —dijo Pete, el otro cruel alguacil. —Cállate, Pete —le gritó el comisario— El asunto que importa es —dijo dirigiéndose a Brian de nuevo— que podemos causarte muchos “inconvenientes” muchacho, igual que a tu mugrienta familia. Aunque el comisario desvió rápidamente la atención de lo que había dicho Pete, a Brian no se le pasó por alto el comentario. A Henry Ventura, un inmigrante que había tenido problemas con el comisario, lo habían conseguido muerto cerca del lago con varios balazos en la espalda y uno en la cabeza. La “investigación” había arrojado que unos narcotraficantes lo habían asaltado y matado por robarles droga. Todos los que habían tratado al joven Ventura sabían que era un buen muchacho, pero había cometido la ”ligereza” de no dejarse amedrentar con el comisario y sus secuaces, golpeando incluso a Pete cuando abusaba de un jovencito en la calle. Eso lo había marcado. Ahora muchas cosas comenzaban a tener sentido para Brian y ahora entendía la preocupación de su padre. —No le hagan nada a mi familia, comisario —le dijo Brian con voz dura, exenta de miedo— Pero no puedo marcharme así nada más…
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