7. Resolución precipitada

1000 Words
—¡Lo hicimos! —dijeron Rusé Carmin y Chouette Blanche al tiempo que chocaban los cinco. —Me encantaría seguir disfrutando de tu presencia, mi avecilla, pero debo irme —dijo Rusé Carmin. —¿Por qué tanta prisa, zorrito? —Porque tengo una cita —respondió el chico algo incómodo. No sabía cuál sería la reacción de su compañera al saber que ya tenía otro interés amoroso. —Debe ser una chica muy especial para que te fijaras en ella. Espero que la cita salga excelente —dijo la moteada sonriéndole. —Sí, es una chica genial —Aunque no tan especial como tú, mi avecilla— a quien le gusta el chico tras esta máscara. Que es un poco menos perfecto que la versión que conoces, debo admitirlo. —Eres taaan modesto, Rusé —rió Chouette Blanche, y luego le tomó la mano con suavidad— pero estoy segura que tu verdadera identidad es tan maravillosa como la que muestras con la máscara. Chouette Blanche volvió a sonreírle y soltó su mano para despedirse, y se fue saltando por los techos de París. Rusé Carmin acarició la mano que había estado en contacto con la de la chica y esbozó una pequeña sonrisa. Sí que me haces difícil el trabajo de olvidarte, Chouette Blanche. (~~) Gabrielle y Matt ya llevaban un par de semanas teniendo citas después de la escuela. Las únicas veces que debían interrumpir sus salidas era cuando aparecía un villano y la chica debía dar alguna excusa y desaparecer para, secretamente, convertirse en Chouette Blanche. Al igual que Rusé Carmin, esa tarde Gabrielle también tenía una cita. —¡Perdón por la tardanza! —se disculpó Gabrielle al llegar a la plazoleta donde se iba a encontrar con Matt. —No te preocupes, Gabrielle, ya estoy acostumbrado —rió el chico—. Bueno, dónde vamos. —¿Te parece ir al centro comercial? Abrieron una nueva heladería que muero por probar —respondió la chica con entusiasmo. Caminaron algunos minutos conversando de la escuela, de sus amigos, de películas. Al llegar al centro comercial, Gabrielle distinguió una rubia cabellera que se le hizo conocida y se le apretó el corazón. Por favor, que no me vea. Pero André se dio media vuelta, divisó a Gabrielle y se acercó a ella. Junto a él estaba Natasha que de inmediato se agarró al brazo del chico. A su vez, Matt tomó la mano de Gabrielle y entrecruzó sus dedos. —Gabrielle, qué sorpresa verte aquí —saludó cálidamente André. —Una casualidad —respondió Gabrielle esbozando una sonrisa. Tranquila, calma, respira. Todo está bien, no te pongas nerviosa— y qué haces aquí. —Vine al cine con Natasha —la aludida saludó con la mano y Gabrielle le devolvió el saludo— queremos ver la nueva película de terror que se estrenó esta semana. Jean dijo que era estupenda. —Oh, sí. Irina también me habló de ella. Me dijo que no ha podido dormir bien desde que la vio —rió Gabrielle, haciendo reír a André. Entonces, Matt le apretó un poco la mano—. Matt y yo vinimos a probar los helados de la tienda que abrió hace poco. —Oh, genial. Después me cuentan qué tal son... —André, debemos irnos, la película está por empezar —dijo Natasha tirando del brazo del chico. —Tienes razón. Bueno, nos vemos Gabrielle, nos vemos, Matt —se despidió André con una sonrisa. Natasha se despidió con la mano y Gabrielle hizo lo mismo. Matt no movió ni un pelo. Cuando el rubio y su compañera se perdieron de vista, Matt y Gabrielle comenzaron a caminar de la mano en silencio. —Y qué, ¿aún te gusta André? —soltó Matt de repente, deteniéndose. —De qué hablas, Matt —dijo Gabrielle sorprendida. Demonios, ¿de verdad se me nota tanto? —Bueno, el año pasado no era un secreto para nadie que estabas colgada por él. —Ah... bueno, tal vez. Pero eso fue el pasado. Me di cuenta que solo estaba encaprichada con una idea falsa que me había hecho de él —contestó Gabrielle sin darle importancia. Ojalá repitiéndolo me lo termine creyendo. —¿Y ahora qué sientes por él? ...¿Por qué sales conmigo? —dijo Matt deteniéndose. Gabrielle se puso frente a él y lo miró a los ojos. Aún lo quiero mucho, pero quiero olvidarlo y me siento culpable porque en el fondo me gustaría que tú fueras él. Pero André ya tiene a otra y tú eres un chico maravilloso y estoy dispuesta a dar todo de mí para enamorarme perdidamente de ti. —Ahora quiero estar contigo —dijo y se acercó a su rostro, dándole un corto beso. El chico se quedó sin reaccionar por un segundo y luego tomó a Gabrielle por la espalda y, acercándola, le dio un beso mucho más largo. Gabrielle respondió al beso, pero con la cabeza llena de dudas. Al separarse, Matt le mostró una amplia sonrisa, que Gabrielle imitó. —Me gustas mucho, Mari. Y yo... quería saber si... ¿Quisieras ser mi novia? No. —Claro que sí —respondió la chica con fingida alegría, intentando convencerse de que esa era la mejor decisión que podía tomar en ese momento. Volvieron a besarse, mientras la peliazul abrazaba a Matt por el cuello, sintiéndose culpable de estar ilusionando al chico, pero prometiéndose dar todo de ella para corresponder a su cariño. Y, de la nada, recordó su primer beso, que hasta ahora no había contado como tal, porque lo hizo para liberar a un héroe vestido de carmín que había quedado congelado por el poder de un villano y solo un beso lo regresaría a la normalidad. Al despertar, él no se acordaba de eso, pero ella sí. Y recordó los suaves labios de ese otro chico. Zorro tonto, por qué tienes que aparecer en mi cabeza en este momento. Y no pudo evitar sonreír. —Serás muy feliz conmigo, Mari —dijo Matt sacándola de sus recuerdos— te lo prometo. Gabrielle se sonrojó, un poco por lo que le había dicho el chico y otro poco por haber estado pensando tan intensamente en Rusé Carmin. —Lo sé. Yo también te haré muy feliz —respondió la peliazul. Volvieron a tomarse de la mano y se encaminaron hacia la heladería.
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