1. Decisiones cruzadas
El último año de instituto estaba por comenzar. El último domingo de las vacaciones, Irina, una chica morena de pelo castaño y ojos claros, y Gabrielle, una chica de pelo n***o azulado y grandes ojos celestes, se encontraban sentadas junto a la fuente de una pequeña plazoleta a la que solían ir desde hace años.
—Entonces, qué vas a hacer con André este año —inquirió Irina haciendo que su mejor amiga suspirara.
—No lo sé, ya me ha gustado por tanto tiempo y no sé si algún día podré decirle lo que siento. Ay, ¿por qué tengo que sonrojarme cada vez que lo veo? -exclamó Gabrielle tomando su cabeza con ambas manos.
—Al menos ahora puedes decirle dos frases coherentes seguidas —rió Irina, llevándose una mirada enojada de la peliazul—. Pero ya no puedes seguir así. Este será tu año, Gabrielle, ambas lograremos que puedas declararte a André de una vez por todas.
—Con un poco de Ayuda de Jean —contestó Gabrielle subiendo y bajando las cejas.
Irina se sonrojó un poco, pero sacudió un poco el pelo con cara de desinterés, lo que provocó que ambas chicas se desternillaran de risa.
—Tienes razón, este por fin será el año que le declare mi amor a André —dijo Gabrielle poniéndose de pie y alzando el puño.
—Claro que sí, amiga —animó Irina poniéndose de pie y colocando la mano sobre el hombro de Gabrielle— ahora vámonos porque la gente nos está mirando raro.
Volvieron a reírse y se pusieron a caminar.
(~~)
—Me gustas.
Las palabras aún rondaban por la cabeza de André, que estaba recostado sobre su cama. Fue totalmente inesperado, aunque pensándolo bien, probablemente la chica podría haber estado enamorada de él desde hace mucho tiempo.
—No puedo creer que le dije gracias y me fui —se quejó el chico rubio tapándose la cara con las manos.
—Bueno, en realidad nos tomó por sorpresa a todos —dijo un zorro color carmesí que estaba recostado a su lado— pero debes contestarle algo.
—Mira, no me malentiendas. Creo que Natasha es una gran chica, muy hábil y todo eso. Pero mi corazón solo le pertenece a mi avecilla —suspiró el rubio cerrando sus hermosos ojos verdes.
—Ya, pero ella no se ha interesado en ti en cuánto, ¿tres años? Deberías abandonar tus esperanzas con ella —replicó el zorro.
—Gracias, Ren. Eres muy considerado —respondió André con sarcasmo.
—Ay, chico. Hay muchos peces en el mar, un clavo saca a otro clavo.
—A ver, no es por ser grosero, pero tú qué sabes del amor —le dijo André.
—Más allá de que yo realmente amo dormir, no te olvides que he vivido miles de años junto a los humanos y sé algunas cosas básicas.
André rodó los ojos y tomó su celular.
—Lo mejor que podrías hacer ahora es olvidarte de Chouette Blanche, y qué mejor que estando con otra chica. Y quién sabe, quizás hasta terminas queriéndola de la misma forma —continuó diciendo Ren.
El rubio desbloqueó su teléfono y entró a la aplicación de mensajería. Buscó el nombre de Natasha y empezó a redactar un mensaje.
—¿De verdad crees que es lo correcto? —dijo André sin mucha convicción.
—Estoy seguro —respondió Ren.
André tecleó un corto mensaje.
[André] Tú también me gustas. Nos vemos el miércoles en danza!
Presionó enviar y dejó el aparato en el velador.
—Sigo sin creer que es una buena idea —dijo André.
—Tranquilo, niño. Todo saldrá bien —respondió Ren y luego susurró para sí mismo— no hay nada que atraiga más a una mujer que un hombre inalcanzable. Ahora sí Chouette Blanche caerá rendida a sus pies.
André cerró los ojos intentando no pensar en Chouette Blanche y reemplazar esos pensamientos por Natasha.
Sin éxito, por supuesto.
Una pequeña mentira a través de un mensaje de texto no haría que de un segundo a otro se enamorara de otra chica. Pero bueno, como dijo Ren, habría que intentarlo.